Iván
Tabares Marín
Cuando
recibíamos en el colegio los cursos de historia, siempre nos quedábamos a mitad
del camino o con la sensación desagradable de que los profesores se guardaban
la mejor parte de la película. Por
ejemplo, la historia de Colombia se acababa en la quinta de San Pedro
Alejandrino; la historia universal se agotaba en épocas remotas, poco se
anotaba sobre la forma como se gestó la democracia después de la Revolución
Francesa, y la historia de nuestra religión terminaba en el Calvario. He ahí uno de los motivos para que seamos un
país en crisis: ignoramos nuestras raíces, no sabemos para donde vamos y ni
siquiera sabemos dónde estamos parados.
Para
nuestra fortuna, contamos hoy con internet para satisfacer cualquier curiosidad
en estos campos, como también de otros medios que nos recuerdan los hechos más
importantes del pasado. Por eso La Tarde
nos regaló el año pasado una serie de artículos que resumían los eventos más
importantes de la Primera Guerra Mundial y, con seguridad, en próximas entregas
nos mostrará con lujo de detalles lo que significó la Reforma protestante para
toda la humanidad, porque dentro de dos años conmemoraremos con bombos y
timbales los 500 años de esa verdadera revolución del espíritu humano.
Se
viene también la fiesta mamerta del centenario de la revolución bolchevique de
1917, en la que muchos colombianos son expertos porque desde 1959, cuando los
barbudos de Fidel tomaron Cuba, las universidades públicas colombianas, las
escuelas, las artes y la prensa fueron tomadas por esa ideología que, con toda
razón fue llamada por Nietzsche “el platonismo de los pobres”, ya que la vieja
filosofía griega de las ideas y las esencias inspiró tanto al socialismo como
al cristianismo. Y ahí también se detuvo
el cuento para nosotros. Seguimos polemizando con la izquierda para lograr un
poco de paz.
El
ejercicio intelectual de recordar los grandes eventos de nuestro pasado es,
pues, una buena oportunidad para llenar los vacíos que nos dejó el colegio;
pero el problema para muchos jóvenes de hoy reside en que su vacío es total,
como se puede constatar fácilmente en las redes sociales: desconocen y no les
interesa el pasado. Además, en los foros sobre la cultura para la paz,
monopolizados por la izquierda, se olvida que a ese cuento le falta o, peor,
que no hay cuento. Versiones más modernas de la izquierda deben ser
presentadas…
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