Iván
Tabares Marín
Como
sucede con la corrupción de los políticos, la reforma agraria, la inseguridad y
otros asuntos eternos, el ministerio de salud vuelve con el cuento nunca
resuelto de las enfermedades crónicas, determinadas generalmente por los malos
hábitos y los vicios como el tabaquismo y el alcoholismo.
No
se trata solamente como propone el Ministro de “promover hábitos de vida
saludable”, entre otras razones porque a la mayoría de los colombianos no les
interesa y porque, como ya ha demostrado la medicina basada en la evidencia, apenas un tres o
cuatro por ciento de los pacientes siguen los consejos de su médico en este
aspecto. Es el momento de medidas estrictas, radicales o punitivas para lograr que
una comunidad, con moralidad infantil o que solo actúa cuando puede ser
sancionada, reaccione y aprenda que ser sano es una obligación para con los
otros. Además, para los negociantes de la salud no es conveniente una comunidad
sana.
Una
buena medida sería establecer tarifas diferenciales en los aportes al sistema
de seguridad social, de tal manera que aquellas enfermedades autoprovocadas,
como las producidas por el tabaco y el licor o la misma obesidad, sean
castigadas con copagos o cuotas adicionales.
También se debe prohibir la venta
de gaseosas, jugos artificiales y otros venenos en los centros educativos,
además de crear los impuestos que se vienen estudiando para las bebidas
azucaradas. Otros países tienen
experiencias en estos controles y podemos aprender de ellos.
Mientras
ejercí la medicina pensaba que mi labor como la de todo el sistema de atención
era una estupidez. ¿Para qué dar
medicamentos a un hipertenso que no controla la sal, no se esfuerza por bajar
de peso y nunca hace ejercicio? ¿Qué
sentido tiene gastar enormes cantidades de pesos en el tratamiento de un
enfisema pulmonar si el hombre sigue fumando? Y mientras eso ocurre, muchas personas se ven
privadas del cuidado médico para sus enfermedades no prevenibles porque los
obesos, los fumadores, los diabéticos y quienes no se cuidan congestionan todos
los días clínicas y hospitales. El 10
por ciento de los usuarios consumen el 70 por ciento del presupuesto del
sistema de salud. No hay derecho.
Esta
discusión nos sirve, por otro lado, para tener una visión más seria del
problema sanitario. No podemos seguir
con el pensamiento fetichista de que la Ley 100 y el expresidente Uribe son los
responsables de la crisis, como lo repite el senador Robledo y los impulsores
del socialhablapajismo.
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