martes, 15 de septiembre de 2015

Matar a un viejito

Matar a un viejito

Iván Tabares Marín

Desde cuando Florence Thomas recomendó en su columna de El Tiempo a las mujeres que cambiaran a su hombre mayor de 50 años por un buen polvo de 30, se ha incrementado el número de las mujeres que deciden matar a su marido pensionado para hacer un buen negocio.  Si bien, el uxoricidio es asunto mucho más extendido, el asesinato del marido por su pareja tiende a incrementarse con el propósito de obtener su dinero  y/o su pensión.

Se me ocurre una solución fácil para este problema.  Es un urgente una ley que restrinja la pensión de sobrevivientes para poner fin a esta práctica que está generando una tragedia, al margen de la cantidad de crímenes  por esta causa que se mantienen ocultos.  Si la mujer que mata a su marido, o viceversa, para disfrutar con una persona joven la pensión de diez o veinte millones, encuentra que apenas recibirá mensualmente un millón de pesos, por ejemplo, lo pensará dos veces antes de darle el arsénico o de contratar por dos millones al sicario que aplique la eutanasia al agotado y frío viejecito o viejecita.

Lo que las viudas alegres dejen de recibir del difunto podría ser utilizado por el Estado, si no se lo roban los funcionarios encargados, en dar un poco de ayuda a los millones de ancianas y ancianos que no logran los tres golpes diarios.   Como todo en la vida, la cuestión es de imaginación.  Es obvio que no se comete una injusticia con mi propuesta porque la viuda o el viudo de un cónyuge de pensión alta con seguridad podrá contar con buenas propiedades o rentas que le permitan una vida tranquila.  También se podría reglamentar la pensión del sobreviviente en proporción al tiempo de convivencia con el difunto.

Hay mujeres jóvenes que pagan muchos millones a un anciano viudo de buena pensión para que se case con ellas y puedan heredarlo; un senador de la república se casó el mismo día de su fallecimiento en una clínica de Ibagué con su nuera viuda; el hijo médico de otro congresista decidió especializarse y seguir estudiando eternamente para no perder la mesada de su padre muerto.

También está tomando mucha fuerza otro negocio sucio y que podría resolverse con mi propuesta.   Cada vez aparecen más expertas y expertos en enamorar a pensionados o pensionadas de muchos años de edad sin importarles sus  patologías o su capacidad de consumar el  aquello…





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