Iván Tabares Marín
Su discurso básico se puede resumir así: “quienes
hemos predicado las doctrinas esotéricas y espirituales, hemos encontrado en el
desarrollo de la filosofía y la ciencia una ratificación de nuestras creencias”. Algunos de ellos han conformado una
“comunidad cuántica” para simbolizar con ese título que la mecánica cuántica es
la prueba de validez científica de sus misterios. Si los físicos dicen que en el mundo del electrón
el investigador produce modificaciones,
los nuevos brujos sacan conclusiones extravagantes sobre el poder de la mente y
predican que ya no es necesario ir al médico porque con un poco de meditación y
oración podemos curar el cáncer. Asesinos.
Si aparece en YouTube un investigador planteando que
la teoría de cuerdas nos puede llevar a una fuerza misteriosa que podríamos
postular como Dios, los esotéricos
deliran y corren a contar a sus ingenuos seguidores que por fin tenemos la prueba que hacía
falta. Siempre encuentran la teoría que
explica la resurrección de Jesús, las otras dimensiones que se presentaron en
la Transfiguración y las energías cuánticas usadas por Jesús en cada uno de sus
milagros. ¿Acaso la definición de
energía no es la misma que usábamos para el espíritu: algo que no vemos pero
que produce efectos en el espacio-tiempo?
Charlatanes.
Los nuevos brujos, cuyo objetivo real es violar niños
o adultos y/o llenar sus bolsillos con las limosnas de los tontos, tienen
algunos conocimientos elementales de filosofía, suficientes para
deslumbrar a los ignorantes. Citan
divulgadores mediocres como Lou Marinoff, a los clásicos griegos y hasta
definen la Hermenéutica, pero no se atreven buscar el respaldo de L.
Wittgenstein o de otros que han dejado sin piso sus ridículas
elucubraciones. En fin, los brujos saben
un poco de todo aunque, al final, nada de nada.
Parecen querer repetir la odisea de la Cienciología que también fue
creada por un ignorante y que hoy seduce a los ricos de Bogotá que solo sueñan
con tomarse una foto al lado de Tom Cruise.
Como el Ministerio de Educación en mala hora le fue
entregado a una política y no a un técnico, nada se hará para enfrentar este
negocio sucio. Los colombianos seguirán
leyendo libros basura que hablan de metafísica, de superación personal y de la
comunidad cuántica en la versión de los nuevos brujos. Y las redes sociales aprobarán con “me gusta”
o “amén”. Si alguien te habla de Dios,
cuida tu bolsillo y a tus hijos.
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