miércoles, 9 de septiembre de 2015

Los 43 muchachos



Iván Tabares Marín

Para comprender mejor la terrible desaparición de un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa en México,  conviene recordar que la revolución comunista la hicieron en casi todo el mundo los maestros de primaria y algunos estudiantes de las universidades públicas.  Para no hablar de las FARC-EP, recordemos también que entre las estrategias utilizadas por Sendero Luminoso, la guerrilla peruana, estaba la vinculación por la fuerza de niños campesinos e indígenas. 

En otras palabras, los movimientos ideológicos totalitarios, religiosos o políticos, han visto la ventaja para sus planes de asumir el control de los niños por las malas o por las buenas. Fue por ello que la pedagogía comunista del brasileño Paulo Freire enseñaba a leer con los principios marxistas de lucha de clases, odio a los ricos y la promesa de cambio de estrato para los pobres.  Ese proyecto tiene un soporte científico que consiste en la dificultad que tenemos todos los humanos de cambiar la ideología con que llegamos a la adolescencia.

Pues bien, la Normal de Ayotzinapa prepara con una orientación comunista a los maestros de primaria entre los campesinos más pobres del sur de México y, además, lo que es muy importante, les da alojamiento y comida gratis. En un informe del canal de televisión venezolana Telesur se resume así el problema: “En la actualidad pocas (de estas escuelas normales) han sobrevivido en el sistema capitalista de los gobiernos mexicanos, que pretenden acabar con estas instituciones porque sus estudiantes tienen ideas revolucionarias y son críticos del Estado.”  En las entrevistas para Telesur, los maestros de esa Normal citan al Che Guevara como el inspirador de su pedagogía.

Es obvio que este análisis no justifica la masacre realizada por grupos de narcotraficantes con la colaboración de la policía; pero nos permite entender  lo que pasa cuando se mezclan pobreza, niños, ideología marxista, comida gratis, policías corruptos y bárbaros grupos paramilitares, tal como sucedió en nuestro país.  Desde 1926, cuando el educador Raúl Isidro Burgos fundó esa Normal, se han formado millares de educadores que han sembrado, con el abecedario, la ideología comunista en la mente de millones de mexicanos. Este hecho nos permite entender el enorme problema de ese país, quizás peor que el nuestro, a pesar de las simpatías no ocultas de muchos de nuestros maestros del sector oficial por la ideología del Mono Jojoy.  El Muro de Berlín no ha caído  para Latinoamérica.


Esta semana se conoció una nueva hipótesis en las investigación de la masacre mexicana: como los chicos de estas escuelas acostumbran tomar por la fuerza los buses que necesitan para sus manifestaciones políticas, parece que un quinto bus, del que no se había dicho nada, estaba cargado con morfina sin que los chicos lo supieran, por lo que fueron confundidos como integrantes de otro cártel.  Los narcotraficantes actuaban probablemente con la colaboración de la policía.

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