Iván
Tabares Marín
Para
comprender mejor la terrible desaparición de un grupo de estudiantes de la
Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa en México, conviene recordar que la revolución comunista
la hicieron en casi todo el mundo los maestros de primaria y algunos
estudiantes de las universidades públicas.
Para no hablar de las FARC-EP, recordemos también que entre las
estrategias utilizadas por Sendero Luminoso, la guerrilla peruana, estaba la
vinculación por la fuerza de niños campesinos e indígenas.
En
otras palabras, los movimientos ideológicos totalitarios, religiosos o políticos,
han visto la ventaja para sus planes de asumir el control de los niños por las
malas o por las buenas. Fue por ello que la pedagogía comunista del brasileño
Paulo Freire enseñaba a leer con los principios marxistas de lucha de clases,
odio a los ricos y la promesa de cambio de estrato para los pobres. Ese proyecto tiene un soporte científico que
consiste en la dificultad que tenemos todos los humanos de cambiar la ideología
con que llegamos a la adolescencia.
Pues
bien, la Normal de Ayotzinapa prepara con una orientación comunista a los
maestros de primaria entre los campesinos más pobres del sur de México y,
además, lo que es muy importante, les da alojamiento y comida gratis. En un
informe del canal de televisión venezolana Telesur se resume así el problema:
“En la actualidad pocas (de estas escuelas normales) han sobrevivido en el
sistema capitalista de los gobiernos mexicanos, que pretenden acabar con estas
instituciones porque sus estudiantes tienen ideas revolucionarias y son
críticos del Estado.” En las entrevistas
para Telesur, los maestros de esa Normal citan al Che Guevara como el inspirador
de su pedagogía.
Es
obvio que este análisis no justifica la masacre realizada por grupos de
narcotraficantes con la colaboración de la policía; pero nos permite
entender lo que pasa cuando se mezclan
pobreza, niños, ideología marxista, comida gratis, policías corruptos y
bárbaros grupos paramilitares, tal como sucedió en nuestro país. Desde 1926, cuando el educador Raúl Isidro
Burgos fundó esa Normal, se han formado millares de educadores que han sembrado,
con el abecedario, la ideología comunista en la mente de millones de mexicanos.
Este hecho nos permite entender el enorme problema de ese país, quizás peor que
el nuestro, a pesar de las simpatías no ocultas de muchos de nuestros maestros
del sector oficial por la ideología del Mono Jojoy. El Muro de Berlín no ha caído para Latinoamérica.
Esta
semana se conoció una nueva hipótesis en las investigación de la masacre
mexicana: como los chicos de estas escuelas acostumbran tomar por la fuerza los
buses que necesitan para sus manifestaciones políticas, parece que un quinto
bus, del que no se había dicho nada, estaba cargado con morfina sin que los
chicos lo supieran, por lo que fueron confundidos como integrantes de otro
cártel. Los narcotraficantes actuaban
probablemente con la colaboración de la policía.
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