viernes, 25 de septiembre de 2015

El estilo comunista



Iván Tabares Marín

Un viejo texto de administración, titulado Todo es negociable,  denunciaba la manera tradicional de hacer convenios o contratos por los comunistas venidos de China o  la URSS, caracterizada por exigir todo sin retribuir nada.  Así, cuando aquellos países enviaban a sus profesionales de cualquier disciplina del saber a un congreso internacional, estos tomaban apuntes, hacían grabaciones y asimilaban los logros extranjeros pero no aportan nada a la discusión.

Algo parecido todavía pasa en las negociaciones de las convenciones colectivas, ya que los sindicatos se formaron en esa ideología.  Los negociadores sindicales exigen todo tipo de reivindicaciones salariales y prestacionales a cambio de nada.   Lo lógico sería que ofrecieran a la empresa mejores resultados en su gestión, incremento de la producción o disminución de los costos para compensar el aumento salarial.  En un caso reciente, FECODE, el sindicato de los maestros, logró sus objetivos de aumento salarial y la abolición de las evaluaciones sin contraprestación, aprovechando la debilidad del  mandato de Juampa.

Eso es exactamente lo que viene ocurriendo en La Habana: los narcoterroristas vienen aplicando el método marxista de negociar.  No pagarán un solo día de cárcel, no van a indemnizar a nadie y no repararán a sus víctimas.  Los millones de dólares obtenidos en sus negocios sucios están siendo invertidos en los países vecinos de sus camaradas del castrochavismo.  Lo único a que se comprometen es a estampar su firma en un papel sin ninguna garantía de que todos sus frentes entregarán las armas y renunciarán a sus turbios negocios.   Los líderes gorditos solo buscan liberarse de la extradición o de un juicio en tribunales internacionales para salir corriendo a disfrutar su dinero sangriento y sus grandes extensiones de tierra.

Su ridícula justificación, en el sentido de que el resto de los colombianos somos los responsables de sus fechorías porque ellos tenían el derecho a rebelarse, no hace ninguna distinción entre los guerrilleros ingenuos, el Secretariado, los niños obligados, los exparamilitares o los antiguos sicarios de los carteles de la drogas convertidos ahora en comandantes de sus frentes.   

Si en otros países el posconflicto ha sido peor que la guerra, como viene ocurriendo en Centroamérica con las maras o pandillas, en Colombia podemos esperar un caos similar.  La mayoría de los colombianos han entendido muy bien este panorama y así lo han expresado en las últimas encuestas que apoyan la posición del Centro Democrático con relación a los diálogos de paz.


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