sábado, 12 de septiembre de 2015

A ese cuento le falta



Iván Tabares Marín

Cuando recibíamos en el colegio los cursos de historia, siempre nos quedábamos a mitad del camino o con la sensación desagradable de que los profesores se guardaban la mejor parte de la película.  Por ejemplo, la historia de Colombia se acababa en la quinta de San Pedro Alejandrino; la historia universal se agotaba en épocas remotas, poco se anotaba sobre la forma como se gestó la democracia después de la Revolución Francesa, y la historia de nuestra religión terminaba en el Calvario.  He ahí uno de los motivos para que seamos un país en crisis: ignoramos nuestras raíces, no sabemos para donde vamos y ni siquiera sabemos dónde estamos parados.

Para nuestra fortuna, contamos hoy con internet para satisfacer cualquier curiosidad en estos campos, como también de otros medios que nos recuerdan los hechos más importantes del pasado.  Por eso La Tarde nos regaló el año pasado una serie de artículos que resumían los eventos más importantes de la Primera Guerra Mundial y, con seguridad, en próximas entregas nos mostrará con lujo de detalles lo que significó la Reforma protestante para toda la humanidad, porque dentro de dos años conmemoraremos con bombos y timbales los 500 años de esa verdadera revolución del espíritu humano. 

Se viene también la fiesta mamerta del centenario de la revolución bolchevique de 1917, en la que muchos colombianos son expertos porque desde 1959, cuando los barbudos de Fidel tomaron Cuba, las universidades públicas colombianas, las escuelas, las artes y la prensa fueron tomadas por esa ideología que, con toda razón fue llamada por Nietzsche “el platonismo de los pobres”, ya que la vieja filosofía griega de las ideas y las esencias inspiró tanto al socialismo como al cristianismo.  Y ahí también se detuvo el cuento para nosotros. Seguimos polemizando con la izquierda para lograr un poco de paz.

El ejercicio intelectual de recordar los grandes eventos de nuestro pasado es, pues, una buena oportunidad para llenar los vacíos que nos dejó el colegio; pero el problema para muchos jóvenes de hoy reside en que su vacío es total, como se puede constatar fácilmente en las redes sociales: desconocen y no les interesa el pasado. Además, en los foros sobre la cultura para la paz, monopolizados por la izquierda, se olvida que a ese cuento le falta o, peor, que no hay cuento. Versiones más modernas de la izquierda deben ser presentadas…





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