martes, 15 de septiembre de 2015

Aprended de los científicos


Esta semana aprendí una nueva palabra: “singularidad”; pero no con el significado convencional que le damos cuando le decimos a alguien: eres especial, distinto a todos, eres único.  Conocí el significado que a esa expresión le dan los científicos.  Con un ejemplo me explicaré.  Cuando Albert Einstein elaboró sus fórmulas matemáticas de la relatividad, encontró que si se cambiaban algunas variables de las mismas, como las que se daban en un agujero negro o en el universo considerado como un todo, la fórmula no podía aplicarse o el resultado era infinito. Eso es una singularidad.

Ese concepto nos recuerda que el conocimiento científico es limitado y aplicable a ciertas condiciones o variables definidas para cada caso.  En otras palabras, una teoría científica es válida siempre y cuando se determinen las condiciones en que no es aplicable, es decir, cuando nos encontramos con una singularidad.  Cuando enunciamos una verdad que vale en cualquier circunstancia o siempre,  no estamos haciendo ciencia sino ideología, filosofía o teología.  La ciencia es siempre falible, susceptible de error, según el principio de falibilidad que nos enseñó K. Popper.

En disciplinas como el marxismo de Maduro, no existen singularidades porque los comunistas siempre han creído que sus teorías explican la condición humana en todas sus dimensiones.  En los movimientos esotéricos y religiosos pasa lo mismo.  Viviane Morales cree que su religión fundamentalista tiene la clave de la educación, la diferencia de los sexos, la moral y lo que es más conveniente para todos los hombres, aunque cada día aumentan quienes no creen esos cuentos.

En lugar de singularidades las religiones hablan de misterios, esos callejones sin salida a que nos llevan algunas de sus propuestas, el ámbito exclusivo de Dios.  En cambio, las singularidades de la ciencia son desafíos nuevos para el conocimiento.  Algún día aparecerá una teoría correcta sobre la naturaleza de los agujeros negros.


Un economista exaltaba el esquema mental de los médicos tan bien adaptado al método científico y pedía a sus colegas que aprendieran de los discípulos de Hipócrates.  Por esa misma razón no entendí nunca que un médico fuese comunista, como el Che Guevara o Salvador Allende.  Una ideología, que desprecia los aportes de otras disciplinas con el cuento de que son absolutamente equivocadas por ser creaciones burguesas, tiene que ser falsa.  Asimismo, una religión que desprecia las otras y que considera que fuera de ella no hay salvación, tiene que ser un fraude. “Aprended de los científicos”, debió decir el Señor.

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