Esta
semana aprendí una nueva palabra: “singularidad”; pero no con el significado
convencional que le damos cuando le decimos a alguien: eres especial, distinto
a todos, eres único. Conocí el
significado que a esa expresión le dan los científicos. Con un ejemplo me explicaré. Cuando Albert Einstein elaboró sus fórmulas
matemáticas de la relatividad, encontró que si se cambiaban algunas variables
de las mismas, como las que se daban en un agujero negro o en el universo
considerado como un todo, la fórmula no podía aplicarse o el resultado era
infinito. Eso es una singularidad.
Ese
concepto nos recuerda que el conocimiento científico es limitado y aplicable a
ciertas condiciones o variables definidas para cada caso. En otras palabras, una teoría científica es
válida siempre y cuando se determinen las condiciones en que no es aplicable,
es decir, cuando nos encontramos con una singularidad. Cuando enunciamos una verdad que vale en
cualquier circunstancia o siempre, no
estamos haciendo ciencia sino ideología, filosofía o teología. La ciencia es siempre falible, susceptible de
error, según el principio de falibilidad que nos enseñó K. Popper.
En
disciplinas como el marxismo de Maduro, no existen singularidades porque los
comunistas siempre han creído que sus teorías explican la condición humana en
todas sus dimensiones. En los
movimientos esotéricos y religiosos pasa lo mismo. Viviane Morales cree que su religión
fundamentalista tiene la clave de la educación, la diferencia de los sexos, la
moral y lo que es más conveniente para todos los hombres, aunque cada día
aumentan quienes no creen esos cuentos.
En
lugar de singularidades las religiones hablan de misterios, esos callejones sin
salida a que nos llevan algunas de sus propuestas, el ámbito exclusivo de
Dios. En cambio, las singularidades de
la ciencia son desafíos nuevos para el conocimiento. Algún día aparecerá una teoría correcta sobre
la naturaleza de los agujeros negros.
Un
economista exaltaba el esquema mental de los médicos tan bien adaptado al
método científico y pedía a sus colegas que aprendieran de los discípulos de
Hipócrates. Por esa misma razón no
entendí nunca que un médico fuese comunista, como el Che Guevara o Salvador
Allende. Una ideología, que desprecia
los aportes de otras disciplinas con el cuento de que son absolutamente
equivocadas por ser creaciones burguesas, tiene que ser falsa. Asimismo, una religión que desprecia las
otras y que considera que fuera de ella no hay salvación, tiene que ser un
fraude. “Aprended de los científicos”, debió decir el Señor.
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