Iván Tabares Marín
El año pasado reseñé el libro Egobody, del profesor francés de filosofía Robert Redeker. En resumen, se trata de una crítica a la
sociedad contemporánea porque el hombre es solo cuerpo, body, en la medida en que solo estamos preocupados por la salud, la
dieta, el gimnasio, la cirugía plástica o el entretenimiento y nos hemos
olvidado del “alma”, la cultura, los
viejos valores, el sentido de la vida, el pasado o el futuro, los sentimientos,
etc. En otras palabras, la profecía de
Michel Foucault sobre la “muerte del hombre” se ha cumplido.
Esa misma crisis de la época posmoderna es llamada por
otros pensadores nihilismo, por la expresión latina nihil que significa “nada”.
Por eso, el último texto de Peter Watson sobre el mundo contemporáneo se
titula La edad de la Nada. En otro
enfoque, estamos asistiendo a la muerte de Dios. Podemos decir, entonces, que al hablar de egobody, la muerte del hombre, nihilismo o la muerte de Dios nos
estamos refiriendo al mismo asunto desde distintas perspectivas.
Para el filósofo francés Michel Onfray, una buena
explicación de todo este rollo la podemos encontrar en la historia filosófica o
cultural de Occidente que siempre se ha inspirado en versión idealista iniciada
por Platón, continuada por Renato
Descartes (“Pienso, luego existo”) y concluida con F. Hegel y la
Fenomenología. Ahora, si queremos
superar la crisis debemos aprender de la otra versión de la filosofía o de la
cultura, la materialista. Esta última
comenzó con el atomismo, los epicúreos, los cínicos, los escépticos y los
hedonistas, se continuó con pensadores medievales y modernos que han sido
ignorados por el discurso oficial.
Ese mundo de las ideas inventado por Platón se
encuentra en el más allá y fue mantenido
por la cultura escolástica y cristiana como la mejor forma de despreciar el
cuerpo y la materia. Esa cultura debe
ser superada y debe dar paso a la revolución del individuo, al goce, al
hedonismo, pero no entendidos en la forma grotesca como fueron desprestigiados
por el poder.
Toda la historia de la cultura del siglo XX se centró
para Europa en la búsqueda de una salida para la humanidad después de la muerte
de Dios. El arte y la filosofía
exaltaron los valores del individuo como el último asidero para dar sentido a
la vida. Y así como los europeos se
sorprendieron por nuestro atraso cultural en 1492, la divergencia se
mantiene. Vivimos en la Edad Media
europea.
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