viernes, 11 de septiembre de 2015

Un país pendenciero


Iván Tabares Marín

Si hubiéramos tenido la oportunidad de preguntarle  a Gabo por el lugar donde preferiría pasar  la eternidad, con absoluta seguridad no habría escogido el cielo de los católicos, cargado de uribistas, amigos del Procurador y con cien mil vírgenes –sí, ¡vírgenes!- entonando cantos gregorianos por los siglos de los siglos, amén.   Habría preferido el pago del viejo Sata, siempre bullanguero, aficionado al vallenato, acompañado de todas las putas y los revolucionarios que en el mundo han sido; pero en particular estaría feliz de compartir con estos últimos, aquellos que no aceptaron la camisa de fuerza de la religión y de los gobiernos oligarcas.

Por eso nunca entendí el escándalo desencadenado entre todos los mamertos por las declaraciones de la senadora uribista María Fernanda Cabal, cuando mandó al infierno al maestro que nos había enseñado que la mejor manera de darle sentido a la vida era defecarse en todo.   Pero a quién se le ocurre que puede ser un castigo encontrarse con los amigos para celebrar, como lo hará Gabo con el bacán de Fidel en la otra insoportable vida.

Otro capítulo de la historia de nuestro país peleador se presentó cuando la alcaldía de Cartagena se puso de “lambona” con el Príncipe de Gales y descubrió una placa para conmemorar la valentía de los soldados ingleses que intentaron tomarse La Heroica por allá en el año de 1741.  No faltaron las reacciones de los energúmenos historiadores contra lo que consideraron un despropósito, como si esa guerra hubiese sido nuestra.   Era, ni más ni menos, un conflicto entre el Reino Unido y España y, de verdad, que muchos colombianos de hoy habríamos preferido el triunfo inglés; pero ganaron los bárbaros españoles. 


Lo más gracioso del cuento sucedió en la Madre Patria dos semanas  después del oso ocurrido aquí: los catalanes se enfurecieron –como que así viven-  porque en Madrid se hizo otro homenaje a los valientes españoles que acompañaron a lo que quedó del general  Blas de Lezo en el sitio de Cartagena.   Por fortuna, nuestra muy noble Academia de Historia  no presentó carta de protesta contra los catalanes, como hubiera sido lo lógico, después de ultrajar sin justa causa al buen alcalde de Cartagena.  En Barcelona sobraba  la ira, pero no porque el Real Madrid de James sea el mejor equipo del mundo, sino porque todavía odian allí a los borbones que para 1741 llevaban 41 años en el trono y hoy llevan 315.   Este mundo loco…

2 comentarios:

  1. ....acompañados de cien mil Vírgenes , - si Vírgenes, ¡si cien mil! Y lo peor de todo es que después de cien mil años seguirán siendo vírgenes.

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