lunes, 14 de septiembre de 2015

El negociado comunista



A veces leía las columnas de prensa de Natalia aunque siempre con un poco de escepticismo porque con frecuencia “se le salía el mamerto”.  No parecía lógico que una señora con ese apellido y ese porte tan elegante respaldara las consignas de la guerrilla y los maestros de Fecode.  Ahora, cuando el Fiscal General le adjudicó a dedo contratos por más de cuatro mil millones de pesos, empieza a aclararse la situación y los protagonistas del sainete se quitan sus máscaras.

Toda esa farsa dirigida por el Fiscal, antiguo militante del Partido Comunista, defensor de oficio de las FARC y peón incondicional de Juampa, obedece a una estrategia llamada  “rebelarse vende”, según un estudio realizado hace unos dos lustros por dos profesores universitarios canadienses de cuyo nombre no puedo acordarme.  En la sociedad capitalista, cualquier manifestación contracultural, ya sea política, artística, religiosa o de cualquier otro tipo, termina asimilada por ese leviatán y convertida en un jugoso negocio.

Los ejemplos son legión: las películas ganadoras del Oscar, las obras de arte más críticas, los novelistas más  opuestos al sistema, etc. Hasta el Che Guevara terminó convertido en un negocio de afiches. Una ratificación de esta tesis fue el caso de la transformación de la revista Semana.  La izquierda solo estaba representada allí por su sumo pontífice, Antonio Caballero, sin ninguna duda el más leído de los columnistas colombianos. Cuando los dueños se dieron cuenta de que rebelarse vende, sacaron a los columnistas uribistas, godos y a los no muy bien definidos en su posición ideológica.  Los remplazaron por mamertos radicales, como el exguerrillero León Valencia, María Jimena Duzán y el director de un noticiero de televisión especializado en manipular la información.

Para mejorar los ingresos de los medios comunistoides llegó Juampa con mucho dinero y contratos para que hablaran bien de los diálogos de La Habana y montaran todo tipo de calumnias y ataques contra el expresidente Uribe.  Hasta el bueno de Antanas calló en la trampa, lo que no fue muy difícil porque no había obtenido beneficio alguno de su antigua militancia en la guerrilla y ahora quería cobrar.  Hasta las corruptas altas cortes aprovecharon el río revuelto para desquitarse del expresidente que les demostró su amistad con narcotraficantes.  Mientras tanto el Polo “Democrático” “Alternativo” beneficiaba a familiares y amigos con el carrusel de la contratación de la Capital.  Ser comunista, mamerto o bolivariano es uno de los mejores negocios nacionales.

Aclaración: no soy uribista.



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