Iván
Tabares Marín
Mientras
el frente sexto de las FARC baja las toneladas de marihuana a Corinto, Cauca,
con destino al clan familiar que controla el tráfico de drogas en la capital de
la república, estamos ante un delito político; pero cuando la marihuana es
recogida por esa familia, el delito se convierte, por arte y magia de Juampa,
en común. Cuando la misma guerrilla trae
de Venezuela la gasolina de contrabando a La Guajira para que sea distribuida
por una “bacrim”, su delito es político, pero aquí el ilícito muta en
común. Cuando los “paracos” de Urabá
secuestran a un ciudadano, ese crimen es común; pero cuando venden el
secuestrado a las FARC, el excomunista fiscal de bolsillo de Juampa define el
asunto como un delito conexo con la rebelión porque son “altruistas” las
intenciones de los guerrilleros.
A
pesar de que la Carta Magna y el derecho internacional determinaron que hay
delitos que no pueden ser declarados como conexos con el delito político, el Gobierno Nacional ha decidido, y
con toda seguridad lo logrará, que podemos pasarnos por la faja la Ley y
declarar que sí se puede, porque es la condición para que los viejitos
guerrilleros, los que ya no pueden cargar un fusil ni caminar más de tres
Kilómetros sin asfixiarse, no vayan a la cárcel, accedan al Congreso, no sean extraditados y,
muchos menos, juzgados por tribunales internacionales. Conceder beneficios especiales a los
guerrilleros de las FARC por sus “buenas intenciones” en la rebelión equivale a
concederlos a los terroristas y narcotraficantes de Al Qaeda y Estado Islámico
porque actúan en nombre de Alá.
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