Iván Tabares Marín
Las críticas del papa Francisco al capitalismo y sus
coqueteos con los regímenes comunistas latinoamericanos, conocidos hoy como el
socialismo del siglo XXI y el Movimiento Bolivariano, reviven la vieja polémica
de la Teología de la Liberación, esa mezcla de evangelio y marxismo que originó
en Colombia el movimiento del clero denominado Golconda en 1968. Aunque ese movimiento clerical tuvo una
existencia efímera, favoreció la vinculación de algunos sacerdotes a las
guerrillas y que su ideología continuara influyendo en muchos sectores de la
Iglesia, en particular el de los jesuitas.
La película La misión, protagonizada por Robert de
Niro y Jeremy Iron, nos recordó ese período de la historia latinoamericana en
que la Compañía de Jesús mostró su actitud poco ortodoxa y revolucionaria
cuando organizó en Paraguay Nueva Granada sendos proyectos de economía
comunitaria o socialista entre los indígenas y que terminaron reprimidos
violentamente por el imperio, un siglo antes de que Marx y Engels escribieran
El Capital. Recordemos también que en
ese sigo XVIII las contradicciones de los jesuitas con los borbones provocaron
su expulsión de estos territorios y de algunos europeos.
Con esos antecedentes se vuelve más interesante la
polémica en torno a Jesús histórico, dado que hoy se acepta el carácter
mitológico de los evangelios. ¿Quién era
realmente ese galileo del siglo I que terminó crucificado y marcó toda la
historia de Occidente? Algunos investigadores lo muestran como un líder
comprometido con los más pobres entre los pobres, aquellos que hoy llamaríamos
desplazados; esos campesinos judíos que fueron despojados de sus tierras por los ricos extranjeros que los
convirtieron en jornaleros.
La Arqueología nos muestra el alto grado de
desnutrición revelada por los restos humanos encontrados en las tumbas galileas
del siglo I. En contraste, conocemos las
muy elegantes mansiones en que vivían los sacerdotes en las proximidades del
templo de Jerusalén. También hay pruebas
de la oposición que existía entre algunos sectores judíos -como los fariseos y
esenios, además de grupos guerrilleros-
y los sacerdotes al servicio de Roma.
En esta visión histórica, Jesús intentaba organizar un
movimiento de ayuda humanitaria en el que sanar significa dar sentido a la
enfermedad; su reino era de este mundo, en permanente conflicto con la
ideología imperial. Sin embargo, quienes
escribieron los evangelios trataron de conciliar con Roma y modificaron la
biografía. Por eso Jesús dice que hay
que dar al César lo que es del César. El rebelde fue transformado en un ingenuo y
sumiso predicador que resucitó y fundó la Iglesia de los obispos y sacerdotes violadores
de niños.
En otras versiones, influidas obviamente por el marxismo,
Jesús viene de una estirpe guerrillera que daría origen a los zelotes y
sicarios, comprometidos en la rebelión judía entre los años 66 y 74; pero ese
es otro cuento.
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