domingo, 4 de octubre de 2015

La política de los evangelios



Iván Tabares Marín

Las críticas del papa Francisco al capitalismo y sus coqueteos con los regímenes comunistas latinoamericanos, conocidos hoy como el socialismo del siglo XXI y el Movimiento Bolivariano, reviven la vieja polémica de la Teología de la Liberación, esa mezcla de evangelio y marxismo que originó en Colombia el movimiento del clero denominado Golconda en 1968.   Aunque ese movimiento clerical tuvo una existencia efímera, favoreció la vinculación de algunos sacerdotes a las guerrillas y que su ideología continuara influyendo en muchos sectores de la Iglesia, en particular el de los jesuitas.

La película La misión, protagonizada por Robert de Niro y Jeremy Iron, nos recordó ese período de la historia latinoamericana en que la Compañía de Jesús mostró su actitud poco ortodoxa y revolucionaria cuando organizó en Paraguay Nueva Granada sendos proyectos de economía comunitaria o socialista entre los indígenas y que terminaron reprimidos violentamente por el imperio, un siglo antes de que Marx y Engels escribieran El Capital.  Recordemos también que en ese sigo XVIII las contradicciones de los jesuitas con los borbones provocaron su expulsión de estos territorios y de algunos europeos.

Con esos antecedentes se vuelve más interesante la polémica en torno a Jesús histórico, dado que hoy se acepta el carácter mitológico de los evangelios.  ¿Quién era realmente ese galileo del siglo I que terminó crucificado y marcó toda la historia de Occidente? Algunos investigadores lo muestran como un líder comprometido con los más pobres entre los pobres, aquellos que hoy llamaríamos desplazados; esos campesinos judíos que fueron despojados de sus tierras  por los ricos extranjeros que los convirtieron en jornaleros. 

La Arqueología nos muestra el alto grado de desnutrición revelada por los restos humanos encontrados en las tumbas galileas del siglo I.  En contraste, conocemos las muy elegantes mansiones en que vivían los sacerdotes en las proximidades del templo de Jerusalén.  También hay pruebas de la oposición que existía entre algunos sectores judíos -como los fariseos y esenios, además de grupos guerrilleros-  y los sacerdotes al servicio de Roma.

En esta visión histórica, Jesús intentaba organizar un movimiento de ayuda humanitaria en el que sanar significa dar sentido a la enfermedad; su reino era de este mundo, en permanente conflicto con la ideología imperial.  Sin embargo, quienes escribieron los evangelios trataron de conciliar con Roma y modificaron la biografía.  Por eso Jesús dice que hay que dar al César lo que es del César.   El rebelde fue transformado en un ingenuo y sumiso predicador que resucitó y fundó la Iglesia de los obispos y sacerdotes violadores de niños.

En otras versiones, influidas obviamente por el marxismo, Jesús viene de una estirpe guerrillera que daría origen a los zelotes y sicarios, comprometidos en la rebelión judía entre los años 66 y 74; pero ese es otro cuento.










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