martes, 20 de octubre de 2015

Contracultura



Iván Tabares Marín

Aunque en Colombia los movimientos contraculturales han sido marginales y han tenido poco éxito, con toda seguridad siguen ganando adeptos en la medida en que, gracias al internet, a las migraciones y al gran desarrollo de los medios de comunicación, nos aproximamos a la cultura europea y norteamericana, como también empezamos a experimentar los mismos motivos que por allá se tuvieron para cuestionar el orden establecido. 

En términos generales, la contracultura es una reacción contra la religión tradicional que todos los días pierde prestigio por sus escándalos o porque poco le dice al hombre de hoy; contra la ciencia reduccionista que ve el mundo objetivo, pero nada aporta a los vacíos existenciales o de sentido de la vida; contra el capitalismo, sus injusticias y su industrialismo destructor del medio ambiente, y, en fin, la contracultura rechaza la moral convencional al servicio de unas élites corruptas que dominan el Estado.

Entre los movimientos contraculturales los adultos mayores recordamos, con nostalgia y cierto romanticismo, el movimiento Hippie de la década de 1960 que aquí imitamos pero que no tenía un arraigo o justificación como sí los tuvo en los países desarrollados.  También presentaron un claro matiz contracultural los partidos de extrema izquierda y de extrema derecha que pretendieron enfrentar la civilización capitalista con el propósito de establecer el hombre nuevo proletario o volver a la cultura campesina del pueblo ario, respectivamente.

Desde los últimos años del siglo XIX los países del primer mundo han visto florecer fuertes movimientos críticos en todas las formas del arte, en la filosofía y en la búsqueda de alternativas a lo que se ha llamado la muerte de Dios. La reacción contra el sistema oficial fue agravada por la dos grandes guerras, los campos de concentración de los países totalitarios, el Holocausto judío, los genocidios y el aparente fracaso de la humanidad.

Mientras tanto, América Latina se mantuvo aislada en una burbuja y apenas en los últimos años del siglo XX empezó a hablar de ateísmo, de religiones orientales, de lucha de clases, de calentamiento global y de la cultura de las drogas o del rock como nuevos caminos para explorar una salida a la vieja cultura que se rompe y amenaza con desaparecer.  Dos puntos, uno en Suiza y el otro en Estados Unidos de Norteamérica, marcaron con su gran influencia los movimientos contraculturales de todo el mundo: Asconia y Esalen.  En otra oportunidad me ocuparé de ellos, mientras usted los  investiga.  Quedará impresionado…


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