Iván
Tabares Marín
Aunque
en Colombia los movimientos contraculturales han sido marginales y han tenido
poco éxito, con toda seguridad siguen ganando adeptos en la medida en que,
gracias al internet, a las migraciones y al gran desarrollo de los medios de
comunicación, nos aproximamos a la cultura europea y norteamericana, como
también empezamos a experimentar los mismos motivos que por allá se tuvieron
para cuestionar el orden establecido.
En
términos generales, la contracultura es una reacción contra la religión
tradicional que todos los días pierde prestigio por sus escándalos o porque
poco le dice al hombre de hoy; contra la ciencia reduccionista que ve el mundo
objetivo, pero nada aporta a los vacíos existenciales o de sentido de la vida;
contra el capitalismo, sus injusticias y su industrialismo destructor del medio
ambiente, y, en fin, la contracultura rechaza la moral convencional al servicio
de unas élites corruptas que dominan el Estado.
Entre
los movimientos contraculturales los adultos mayores recordamos, con nostalgia
y cierto romanticismo, el movimiento Hippie de la década de 1960 que aquí
imitamos pero que no tenía un arraigo o justificación como sí los tuvo en los
países desarrollados. También presentaron
un claro matiz contracultural los partidos de extrema izquierda y de extrema
derecha que pretendieron enfrentar la civilización capitalista con el propósito
de establecer el hombre nuevo proletario o volver a la cultura campesina del
pueblo ario, respectivamente.
Desde
los últimos años del siglo XIX los países del primer mundo han visto florecer
fuertes movimientos críticos en todas las formas del arte, en la filosofía y en
la búsqueda de alternativas a lo que se ha llamado la muerte de Dios. La
reacción contra el sistema oficial fue agravada por la dos grandes guerras, los
campos de concentración de los países totalitarios, el Holocausto judío, los
genocidios y el aparente fracaso de la humanidad.
Mientras
tanto, América Latina se mantuvo aislada en una burbuja y apenas en los últimos
años del siglo XX empezó a hablar de ateísmo, de religiones orientales, de
lucha de clases, de calentamiento global y de la cultura de las drogas o del
rock como nuevos caminos para explorar una salida a la vieja cultura que se
rompe y amenaza con desaparecer. Dos
puntos, uno en Suiza y el otro en Estados Unidos de Norteamérica, marcaron con
su gran influencia los movimientos contraculturales de todo el mundo: Asconia y
Esalen. En otra oportunidad me ocuparé
de ellos, mientras usted los
investiga. Quedará impresionado…
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