lunes, 19 de octubre de 2015

La muerte de la filosofía



Iván Tabares Marín

El proyecto que se discutió y aprobó en España para suprimir el curso de Filosofía o convertirlo en materia optativa en la educación básica, sin duda se pondrá a consideración de los colombianos tarde o temprano y será de buen recibo para los muchachos pero cuestionable para los expertos y para quienes obtienen un salario por enseñarlo.

La crisis de las ideologías, culminada con el desastre comunista en 1989 y con los duros cuestionamientos del Psicoanálisis freudiano en las postrimerías del siglo pasado, para no hablar de las influencias negativas en las sociedades abiertas de ciertas disciplinas no científicas disfrazadas de humanismos, conforman, entre otros, los argumentos de quienes proclaman hoy la muerte de la Filosofía y la necesidad de proscribirla de las aulas. 

Además, todos sabemos, como lo ha denunciado el escritor Héctor Abad Faciolince, que una de las peores degeneraciones del pensamiento libre es el movimiento contracultural, con tantos simpatizantes entre nosotros.  Me refiero a aquellos partidos, organizaciones no gubernamentales o círculos intelectuales que no ven más que aspectos negativos en la civilización occidental, cuestionan nuestro modelo de desarrollo y profetizan el fracaso total.

Por otro lado, quienes defienden la permanencia de la formación filosófica de nuestro hijos piensan que la contracultura de la extrema derecha o de la extrema izquierda es una secuela inevitable de nuestra democracia y que, aunque parezca inútil, en términos económicos, la Filosofía –bien orientada, eso sí— debe seguir siendo el estímulo de la libertad de conciencia y de pensamiento, como también la condición de la creatividad y de la estructuración mental de los muchachos.

Si una política equivocada nos privó de las clases de Historia, la abolición de la Filosofía sería como matar la poesía o el imaginario, registro esencial de la mente humana, sin el cual es imposible dar sentido a la existencia.  La religión, la política y hasta el amor nos aportan esa ilusión  que nos mantiene con vida.  

Las consideraciones anteriores implican que más que suprimir la cátedra de Filosofía, se requiere una revisión total de sus contenidos, tanto escolásticos como marxistas, para que se transforme en una reflexión sobre diversos lenguajes matemáticos y científicos que permita denunciar las falsas ideologías.  Las ideologías, como la lengua, son lo mejor y lo peor.  Son el argumento de los dictadores; pero sin ellas no es posible vivir.  La Filosofía no puede seguir siendo la cátedra aburrida  e inútil que dicta un maestro mediocre. 





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