Iván
Tabares Marín
Busquemos
un año de referencia para el comienzo de ese dulce mecanismo que degeneró el
segundo gobierno de Uribe y amenaza con llevar al fracaso el segundo de Juampa. Para ello podemos preguntarnos sobre la
relación existente entre la camiseta de Robben, el rey Felipe VI de España y
nuestra democracia precaria.
Vamos
al año de 1688 y situémonos en la Inglaterra de la Revolución Gloriosa. Para ese entonces existía una confrontación
abierta entre el Parlamento y el rey Jacobo II que había comenzado unos años
atrás cuando el movimiento religioso calvinista o puritano había logrado
predominio en el Parlamento sobre la Iglesia Anglicana, inventada por el
mujeriego Enrique VIII el siglo
anterior. Los ingleses llamaron al
puritano holandés Guillermo de Orange (de allí el color de la camiseta de la
selección de fútbol), esposo de María, la hija de Jacobo o James, para que
ocupara el trono de Inglaterra siempre y cuando respetara la Carta
Constitucional y el principio de que no hay impuestos sin representación. Así nacieron la democracia y “la mermelada”. Cuando un grupo político no lograba puestos
públicos o no era sobornado para votar
en el Parlamento las reformas del rey,
hacía oposición. Los únicos opositores
que tratan de aparecer como castos, puros y en dieta son los del Polo.
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