sábado, 31 de octubre de 2015

Las otras "brujas"


En nota anterior intenté mostrar la brujería como un acto de liberación femenina ante los abusos de la religión oficial, en particular de la Inquisición, y como expresión o remanente de la mitología pagana o politeísta que el cristianismo remplazó; pero no me referí a la enfermedad mental, también tratada por el poder político y religioso en la Edad Media como una manifestación del demonio. He vuelto a reflexionar sobre el asunto por un investigación realizada en España sobre el alto porcentaje de pacientes con trastorno bipolar no diagnosticado, algo así como el 20 %, y por el uso corriente de la expresión “bruja” como sinónimo de la mujer “mala” que no falta en las cursis telenovelas.

Dada la nefasta influencia de las religiones, mantenemos los criterios moralistas para calificar el comportamiento de los otros y seguimos creyendo que una conducta negativa es el resultado de las fuerzas del mal cuando, en realidad, obedece a conflictos emocionales o a patologías que deben ser enfrentadas por el psiquiatra, el sicólogo o el psicoanalista.  Como no existe una cultura de la enfermedad mental que nos permita recurrir a tiempo al especialista por un caso personal o de un allegado, solo pensamos en esa opción cuando es demasiado tarde y la persona afectada está en la cárcel o involucrada en gravísimos problemas.

Convivimos con todo tipo de enfermedades mentales, la mayoría de las cuales no nos impiden aparentar “normalidad” o el ejercicio de una profesión, pero que podrían ser tratadas para mejorar la calidad de vida del paciente y de sus prójimos. Todos debiéramos saber identificar un delirio, la paranoia, el afecto plano, la depresión, los ciclos maníacos de los bipolares, la falta de autocrítica, etc..  Mas que problemas judiciales, la violencia intrafamiliar, los conflictos de pareja y el maltrato laboral son el síntoma de la patología mental que nos afecta a todos.

Si el señor que asesinó a dos mujeres  en Nueva York porque pensó que le estaban haciendo bujerías hubiese sido llevado a tiempo al hospital mental, se habría evitado la tragedia.  Es impresionante cómo deliramos.  Nos sentimos perseguidos, creemos ser mucho más importantes de lo que somos, miramos con desprecio a los otros, odiamos a los negros y a quienes tienen diversa orientación sexual, no soportamos la más pequeña broma, en fin, somos tan paranoicos…  Las brujas no existen. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario