viernes, 2 de octubre de 2015

Educación sexual perversa



Iván Tabares Marín

Uno de los aspectos más chocantes del proyecto de educación sexual montado por la izquierda en Bogotá reside en que se hizo a nombre de la ciencia y la democracia, como si la ciencia autorizara desconocer las tradiciones culturales, éticas y religiosas de la familias de los niños.  Cuando los padres protestaron, los imberbes maestros rechazaron sus críticas porque, según ellos, obedecían a la mentalidad adultocentrista.  Como quien dice, “nosotros los maestros de izquierda representamos la visión de los párvulos y les enseñamos lo que nosotros consideramos más adecuado.  No nos importa sus tradiciones, como para Petro nada significa la cultura taurófila de la burguesía”.  Es el mismo argumento de las guerrillas comunistas: “nosotros podemos cometer todo tipo de crímenes porque representamos al proletariado y nos tiene sin cuidado su Derecho y su moral”.

Por otro lado, la intención no disimulada de los maestros de la libertad sexual absoluta era suprimir todo tabú, todo misterio, toda reglamentación de la relación sexual o, lo que es lo mismo, dar rienda suelta a todo tipo de perversiones.  Nunca consultaron a otros expertos o a los padres de familia sobre las consecuencias de su improvisada estrategia.  Nunca se preguntaron los funcionarios de la Secretaría de Educación si esos muchachos tenían la madurez emocional y sexual para dictar el curso.  Nunca se plantearon si el problema de la identidad sexual de los niños era asunto exclusivo del saber o si en ello tenía alguna importancia el proceso de identificación con los padres.  Tampoco se preguntaron sobre las implicaciones del inconsciente de los niños o sobre su futuro emocional y sexual.  Simplemente, despreciaron cualquier otro concepto burgués o adultocentrista porque tales cosas no tienen mayor importancia para la única y verdadera ciencia revolucionaria.

En el año 2012, el programa de Caracol televisión, Séptimo día, denunció el proyecto de educación sexual importado de España sin nengún estudio previo sobre sus eventuales implicaciones en nuestros niños o sobre las opiniones de los padres.  Impresionaba el desprecio por nuestras tradiciones de los responsables de la Secretaría de Educación y de los encargados de proyecto.
Lo grave del asunto es que hoy, en 2015, se sigue utilizando en otras ciudades esa metodología perversa para educar a los muchachos, como si los maestros de Fecode y del marxismo criollo hubiesen descubierto la sexualidad a su manera y no tuviesen que rendir cuentas a nadie, y menos ahora que la ministra de Educación, la mediocre Gina Parody, se ha dedicado a complacer al sindicato de educadores en todas sus exigencias para que no molesten los planes de Juampa, orientados a entregar la presidencia de la República a alias Timochenko.

Más grave aún que los comunistas acaben con la economía de un país como Venezuela es su absoluto desprecio por las tradiciones culturales, morales y religiosas de una comunidad porque siempre las han considerado parte de la superestructura o ideología burguesa que debe desaparecer como su economía de mercado.  Yo no puedo entender que después del fracaso de Maduro, del inepto Petro, del carrusel de la contratación en Bogotá y de la locura de las guerrillas haya todavía colombianos dispuestos a votar por la izquierda. Es mejor pícaro conocido que honrado por conocer.







No hay comentarios:

Publicar un comentario