lunes, 5 de octubre de 2015

El antisemitismo



Iván Tabares Marín

La película dirigida por Mel Gibson y titulada La pasión de Cristo, recordada por el exceso en crudas escenas de sangre, mereció muchas críticas en toda Europa porque insiste en señalar a los judíos como responsable de la muerte de Jesús tal como aparece en los evangelios.  En nuestro medio la polémica no se notó porque, quizás, las mayorías no se interesan por ese asunto; pero en Europa, escenario durante veinte siglos de la persecución y discriminación de los judíos, ha merecido muchas investigaciones.

Aunque los historiadores reportan distinto lugares y épocas en los que se gestó ese odio a los judíos, el análisis moderno de los mismos evangelios nos permite seguir la metodología usada por sus autores y las circunstancias históricas que condicionaron la inventada culpa de los semitas en la muerte del Nazareno.  Para ello debemos seguir las recomendaciones presentadas en otra oportunidad en este blog y leer los evangelios en forma horizontal y de atrás para adelante.   Es decir, debemos mirar cada evento simultáneamente en los cuatro evangelios y comprender la historia de Jerusalén a partir del año 70, cuarenta años después de la muerte de Jesús, cuando se escribieron los libros sagrados de los cristianos.  Pablo no conoció los evangelios.  El de Marcos se redactó después del año 70 y de la destrucción del templo de Jerusalén por las legiones romanas; Mateo y Lucas datan de los años 85 o 90, en tanto que el de Juan es de cerca al año 100.

Marcos nos cuenta que los judíos pidieron a Pilato que liberara a Barrabás y crucificara a Jesús, seguramente con el propósito de recordarles a aquellos que pocos años atrás habían optado por apoyar a los guerrilleros, zelotes y sicarios, que promovieron la rebelión contra el imperio desde el año 66.  Además, Marcos buscaba exonerar a los romanos para lograr su favor y mostrar a Pilato como una víctima de las presiones del pueblo y del sumo sacerdote.  Cualquiera podría objetar que semejante mentira podría ser desvirtuada por los mismos judíos; pero resulta que el evangelio de Marco se escribió en Roma, en griego, y no pudo ser cuestionado.

El evangelio de Mateo, escrito en Damasco, Siria, 20 años después, muestra a Poncio Pilato muy interesado en liberar a Jesús; Lucas exonera también de toda responsabilidad a Herodes Antipas, en tanto que Juan, el más antisemita de los evangelios, dice que Pilato consideró que Jesús pudo ser el hijo de Dios.

Así nació el odio teológico contra los judíos que llegó a su máxima expresión en los campos de concentración de Hitler.  Por una ironía de la historia los inventores del monoteísmo sufrieron todo tipo de persecuciones en todo el mundo acusados de deicidio, cuando en realidad fuimos los cristianos quienes matamos a Dios; pero ese es otro cuento.








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