miércoles, 30 de septiembre de 2015

A ese cuento le falta



Iván Tabares Marín

Cuando recibíamos en el colegio los cursos de historia, siempre nos quedábamos a mitad del camino o con la sensación desagradable de que los profesores se guardaban la mejor parte de la película.  Por ejemplo, la historia de Colombia se acababa en la quinta de San Pedro Alejandrino; la historia universal se agotaba en épocas remotas, poco se anotaba sobre la forma como se gestó la democracia después de la Revolución Francesa, y la historia de nuestra religión terminaba en el Calvario.  He ahí uno de los motivos para que seamos un país en crisis: ignoramos nuestras raíces, no sabemos para donde vamos y ni siquiera sabemos dónde estamos parados.

Para nuestra fortuna, contamos hoy con internet para satisfacer cualquier curiosidad en estos campos, como también de otros medios que nos recuerdan los hechos más importantes del pasado.  Por eso La Tarde nos regaló el año pasado una serie de artículos que resumían los eventos más importantes de la Primera Guerra Mundial y, con seguridad, en próximas entregas nos mostrará con lujo de detalles lo que significó la Reforma protestante para toda la humanidad, porque dentro de dos años conmemoraremos con bombos y timbales los 500 años de esa verdadera revolución del espíritu humano. 

Se viene también la fiesta mamerta del centenario de la revolución bolchevique de 1917, en la que muchos colombianos son expertos porque desde 1959, cuando los barbudos de Fidel tomaron Cuba, las universidades públicas colombianas, las escuelas, las artes y la prensa fueron tomadas por esa ideología que, con toda razón fue llamada por Nietzsche “el platonismo de los pobres”, ya que la vieja filosofía griega de las ideas y las esencias inspiró tanto al socialismo como al cristianismo.  Y ahí también se detuvo el cuento para nosotros. Seguimos polemizando con la izquierda para lograr un poco de paz.

El ejercicio intelectual de recordar los grandes eventos de nuestro pasado es, pues, una buena oportunidad para llenar los vacíos que nos dejó el colegio; pero el problema para muchos jóvenes de hoy reside en que su vacío es total, como se puede constatar fácilmente en las redes sociales: desconocen y no les interesa el pasado. Además, en los foros sobre la cultura para la paz, monopolizados por la izquierda, se olvida que a ese cuento le falta o, peor, que no hay cuento. Versiones más modernas de la izquierda deben ser presentadas…





martes, 29 de septiembre de 2015

El triunfo del cristianismo



Iván Tabares Marín

Los pocos judíos seguidores de Jesús quedaron desconcertados cuando fue crucificado.  Pasaron varios lustros antes de que hiciera carrera el mito de la resurrección, originado, tal vez, en el fenómeno tan común de las personas que aseguran haber visto al ser querido días después de su deceso.  De hecho, el primer evangelio aceptado por la Iglesia, el de Marcos, fue redactado después del año 70 y en su primera versión no incluía el capítulo final sobre la resurrección, agregado muchos años después. Raro, ¿no?

El segundo obstáculo que debieron enfrentar los apóstoles se presentó cuando sus compatriotas judíos no aceptaron a Jesús como el mesías.  No podían comprender que un dios fuese tan cruel como para exigir el sacrificio de su propio hijo, se negaban a admitir como rey salvador o mesías a un crucificado y les parecía imposible que un hombre fuese dios.  Entonces los apóstoles debieron buscar clientela entre los no judíos o gentiles, a pesar de que su maestro nunca había predicado a los extranjeros.  Contra la posición de Pedro y de Santiago, Saulo de Tarso inventó un cristianismo para gentiles, quienes no tuvieron inconveniente en aceptar un hijo de dios más.

El tercer problema no fue menos difícil.   Para garantizar la resurrección de Jesús y de todos los que creyesen en él, los seguidores de Pablo prometieron el inmediato regreso del Maestro en condición de rey para mejorar el estrato de todos los oprimidos; pero pasaron los años y no volvió.  Entonces, sin ruborizarse, los primeros cristianos modificaron el mensaje y comenzaron a decir que no, que mejor el Mesías volvería al final de los tiempos a cumplir su misión de exaltar a los miserables y derrotar a los poderosos.   Mensaje nada original pues todas las religiones, incluidas las laicas, como el Marxismo y el Nazismo, han prometido lo mismo.

Cuarto obstáculo: si Jesús era hijo de Dios, entonces hay dos dioses.  Un genio de las metáforas dijo que no; que eran tres, es decir, tres personas distintas y un solo Dios verdadero.  Hasta hoy, nadie ha podido descifrar ese juego de palabras; pero el que no lo aceptaba no jugaba. 


Ganado el respaldo de los emperadores cristianos, la Iglesia negaba los programas de beneficencia y los puestos burocráticos a quienes no aceptaban su doctrina.  En el principio era la “mermelada”.   Lea el libro Historia de las creencias contada por un ateo, de Matthew kneale, de Oxford.

domingo, 27 de septiembre de 2015

La mirada del otro


Iván Tabares Marín

Nos recordaba Umberto Eco, el profesor de Semiología y escritor italiano, la costumbre de nuestras abuelas de invocar a Dios cada vez que necesitaban un buen testigo.  “Solo Dios sabe”, decían, cuando trataban de probar sus desvelos, dedicación o sacrificios, como si el Altísimo siempre estuviese pendiente de sus acciones o como si toda su vida fuese una puesta en escena para ese excepcional espectador.  Las reflexiones de Eco apuntaban al cambio que estaban experimentando muchas personas en los últimos años, para las cuales ya no era la mirada del Creador el objeto de su montaje sino, mejor, la de los televidentes: quien no aparezca en la televisión es un don nadie y su vida carece de todo significado.  Cualquiera de nosotros puede seguir esta línea de pensamiento y proponer que, en los próximos días, quien no sea referido en Google puede empezar a considerar la posibilidad del suicidio, a no ser que se resigne con sus fotos en Facebook o sus comentarios en las redes sociales que nadie lee. De todas maneras siempre será la mirada del otro la razón para vivir.

Los seres humanos siempre actuamos en función de una mirada, ya sea la de la persona o las personas que amamos y, a veces –quién lo creyera— de las que odiamos; es en la mirada del hijo, del cónyuge, del padre o la madre, del amigo, del amante o de Dios donde hayamos el sentido.  Si usted quiere resumir la experiencia de la soledad o la vejez, no hay mejor definición de esos estados  que la ausencia de mirada;  es preferible convivir con unos ojos cargados de reproches y rabia a carecer por completo de ellos.  He ahí la explicación de la situación de tantas parejas que se soportan por no atreverse a dar el paso hacia un mundo en que lo que realmente temen es no encontrar al menos la mirada de Dios que hacía felices a las abuelas. En casos extremos, cuando la mirada del Otro se vuelve un tormento, llegamos a la paranoia, enloquecemos o nos convertimos en un Nicolás Maduro delirante frente a la mirada del Tío Sam.

Para que no quede la sensación de que estas reflexiones son el fruto de un despistado semiólogo italiano y de un no menos loco filósofo pereirano, recordemos que variadas disciplinas se han basado en ellas desde que la Lingüística y la Semiología afectaron todas las ciencias humanas en el siglo pasado.  Por ejemplo, en el campo de la Sociología, una teoría conocida como Interaccionismo Simbólico marcó los estudios de la Criminología en la segunda mitad del siglo con lo que se conoció como “la aplicación de una etiqueta” (Labeling Approach, en inglés).  Cuando el juez penal profiere una sentencia, pone como una marca (label, en inglés) en la frente del condenado, la misma que determinará la mirada de los otros.  El hombre ya no será Pedro Pérez sino “el delincuente”; su esposa lo abandonará, sus hijos lo evitarán y nadie querrá darle trabajo; la mirada de los otros, condicionada por la sentencia de un juez, marcará su destino.

El campo en el que más se ha profundizado este aspecto de las relaciones humanas es, sin duda, el Psicoanálisis, pero no en la versión de Sigmund Freud, quien veía penes y vaginas por todas partes, sino en la de sus seguidores modernos.  Allí encontramos la mirada de la madre y del padre como la responsable de ingresar a su crío a ese mundo de la mirada, que es el registro simbólico, donde el Dios imaginario de las abuelas sigue en su función de fisgón. 





viernes, 25 de septiembre de 2015

El estilo comunista



Iván Tabares Marín

Un viejo texto de administración, titulado Todo es negociable,  denunciaba la manera tradicional de hacer convenios o contratos por los comunistas venidos de China o  la URSS, caracterizada por exigir todo sin retribuir nada.  Así, cuando aquellos países enviaban a sus profesionales de cualquier disciplina del saber a un congreso internacional, estos tomaban apuntes, hacían grabaciones y asimilaban los logros extranjeros pero no aportan nada a la discusión.

Algo parecido todavía pasa en las negociaciones de las convenciones colectivas, ya que los sindicatos se formaron en esa ideología.  Los negociadores sindicales exigen todo tipo de reivindicaciones salariales y prestacionales a cambio de nada.   Lo lógico sería que ofrecieran a la empresa mejores resultados en su gestión, incremento de la producción o disminución de los costos para compensar el aumento salarial.  En un caso reciente, FECODE, el sindicato de los maestros, logró sus objetivos de aumento salarial y la abolición de las evaluaciones sin contraprestación, aprovechando la debilidad del  mandato de Juampa.

Eso es exactamente lo que viene ocurriendo en La Habana: los narcoterroristas vienen aplicando el método marxista de negociar.  No pagarán un solo día de cárcel, no van a indemnizar a nadie y no repararán a sus víctimas.  Los millones de dólares obtenidos en sus negocios sucios están siendo invertidos en los países vecinos de sus camaradas del castrochavismo.  Lo único a que se comprometen es a estampar su firma en un papel sin ninguna garantía de que todos sus frentes entregarán las armas y renunciarán a sus turbios negocios.   Los líderes gorditos solo buscan liberarse de la extradición o de un juicio en tribunales internacionales para salir corriendo a disfrutar su dinero sangriento y sus grandes extensiones de tierra.

Su ridícula justificación, en el sentido de que el resto de los colombianos somos los responsables de sus fechorías porque ellos tenían el derecho a rebelarse, no hace ninguna distinción entre los guerrilleros ingenuos, el Secretariado, los niños obligados, los exparamilitares o los antiguos sicarios de los carteles de la drogas convertidos ahora en comandantes de sus frentes.   

Si en otros países el posconflicto ha sido peor que la guerra, como viene ocurriendo en Centroamérica con las maras o pandillas, en Colombia podemos esperar un caos similar.  La mayoría de los colombianos han entendido muy bien este panorama y así lo han expresado en las últimas encuestas que apoyan la posición del Centro Democrático con relación a los diálogos de paz.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Para leer la Biblia


Iván Tabares Marín


Para que los colombianos no se dejen engañar por tantos charlatanes que predican en cualquier garaje o casa de familia, los mejores teólogos católicos y luteranos nos proponen algunos principios para comprender la Biblia.  Veamos.

1.    Un principio esencial y aceptado por los cristianos no fundamentalistas señala que la Biblia no es un libro histórico aunque algunos acontecimientos allí narrados sí lo sean.
2.    Debe tenerse en cuenta el año en que cada libro fue escrito.  Por ejemplo, el texto de Daniel, que narra eventos aparentemente ocurridos en el siglo VI antes de Cristo, fue escrito hacia el año 170 a. de C., esto es, unos cuatrocientos años después.  Los evangelios se redactaron después del año 70  de nuestra era; el evangelio de Juan fue escrito hacia el año 100, setenta años después de la muerte de Jesús y por ello algunos investigadores lo consideran el menos histórico de los cuatro.  Con el dato del año de redacción de cada libro podemos entender que muchas profecías en realidad no lo eran.
3.    Para leer la Biblia debe tenerse un buen conocimiento de las mitologías de otras naciones, en particular la de aquellos imperios que dominaron al pueblo de Israel.  Así se apreciará cómo los judíos fueron asimilando las creencias y doctrinas extranjeras, en particular de la religión persa y las religiones paganas o mistéricas de los griegos, determinantes en la aparición del Cristianismo.
4.    El pueblo judío estaba conformado por distintas sectas o partidos con variadas ideologías: saduceos, fariseos, esenios, zelotes y la comunidad del Qumrán.   Algunos creían en la vida después de la muerte y el juicio final, en tanto que otros no aceptaban la inmortalidad del alma.
5.    Debe hacerse una lectura horizontal de los evangelios, es decir, cada evento o anécdota debe leerse simultáneamente en los cuatro evangelios para detectar las numerosas contradicciones e incongruencias que solo tienen sentido en las circunstancias históricas en que se escribieron.  Juiciosos estudios modernos muy serios descubren las numerosas falsificaciones y modificaciones a que fueron sometidas las escrituras a medida que se hacían  nuevas transcripciones (consulte el texto “Jesús no dijo eso” del profesor norteamericano Bart D. Ehrman )
6.    Es importante enfrentar las sagradas escrituras con espíritu crítico e informado, ayudado con los estudios arqueológicos e históricos de que disponemos en Internet.   Textos como La Biblia desenterrada, de Israel Finkelstein, y los estudios sobre la historia de Jesús, del sacerdote  John Dominic Crossan pueden ser de mucha ayuda.

7.    Dos documentos descubiertos apenas en el siglo pasado son muy importantes en el estudio del Nuevo Testamento: el evangelio de Tomás, encontrado en 1947 en Nag Hammadi, Egipto, y el llamado evangelio Q, por el término alemán “quelle” que significa “fuente” y que contiene los dichos de Jesús incluidos en los evangelios de Lucas y Mateo pero que fueron ignorados por Marcos, anterior en el tiempo.

martes, 22 de septiembre de 2015

Evo no lee


Investigaciones realizadas en el siglo pasado habían correlacionado las variables cultura y ética y llegado a la conclusión de que a más cultura o civilización se disminuyen los delitos y, por el contrario, a mayor ignorancia más delincuencia.   Sin ser un principio absoluto, al menos nos muestra una tendencia que puede ayudar a explicar que mientras en los países de Europa, al menos en los más educados, el número de homicidios por cada cien mil habitantes es de unos cinco por año, en países como el nuestro esa tasa llega 35 o 40 y hemos llegado en el pasado reciente a cien o más.

En su columna de prensa el escritor Oscar Collazos relaciono poco antes de morir las variables cultura y pobreza para intentar, sin lograrlo, justificar el desprecio por los libros de Evo Morales, aspirante al cuarto período en la presidencia de Bolivia: Evo no lee porque es de origen campesino y pobre.  Como todos conocemos las simpatías de nuestros artistas y escritores, en su gran mayoría, con los regímenes de izquierda, entendemos el afán de Collazos; pero no podemos estar de acuerdo cuando termina su escrito presentando el régimen de Evo como el bueno y al colombiano como el malo en materia cultural y educativa.  Desde cuando contamos con Internet y bibliotecas públicas, la ignorancia no se puede justificar con la pobreza y, por otro lado, son muchos los pobres que leen como también los ricos que nunca lo hacen.  Otro marxista, como Morales, Mao Zedong, de origen campesino y modesto, tenía desde muy joven la pasión por la lectura, aunque –valga la anotación—no entendía nada, absolutamente nada de economía, según nos cuenta Iván Argipov, principal asesor soviético en China, citado por Jung Chang.   En cambio, otro comunista, Saloth Sar, alias “Pol Pot”, de familia acomodada, nunca le interesó mucho la academia.  Otro ejemplo para desvirtuar el razonamiento de Collazos es el camarada Stalin, tan genocida como los dos anteriores, se formó como sacerdote, estudió los clásicos y escribió poesía; era, como Evo, un campesino, georgiano, hijo de un zapatero alcohólico.

Cualquier lector de esta nota podría pensar que este tema es ajeno a los colombianos; pero no lo es.  Lo que viene ocurriendo en Bogotá con su alcalde Gustavo Petro se vincula con nuestro asunto.  Petro, como Evo, intenta imponer una ideología simple y fácil, como es la comunista o populista, sin importarle mucho la ortodoxia económica, el marco jurídico colombiano, los criterios administrativos y los efectos dañinos de sus decisiones.  En eso se parece mucho a su camarada ya fallecido Hugo Chávez y al sucesor de este que habla con los pajaritos y padece, como casi todos los comunistas y bolivarianos, de una paranoia extrema.

Ahora, para hacer más difícil e interesante este cuento, intentemos relacionar las variable ideología y moral, que nos dicen más del fascismo y del marxismo que las variables acomodadas por Collazos.  En el plano doméstico podemos indagar sobre los motivos que hacen de Navarro Wolff un excelente alcalde de Pasto o gobernador de primera en Nariño, mientras su copartidario Petro anda peleando con todo el mundo  y dañando las cosas buenas de sus antecesores.  ¿Por qué los peores genocidas de la era moderna son Mao Zedong y Adolfo Hitler, con ideologías aparentemente distintas?  ¿Por qué un cura Jesuita que cree en la Teología de la Liberación puede ser tan honesto y bueno, al mismo tiempo que comparte la religión del materialismo dialéctico con ese sádico, asesino y violador llamado Beria?   Cuando alias “Iván Márquez” sea alcalde de Medellín, ¿se comportará como Navarro o como Maduro?   Esa es la cuestión.

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Entre Francisco e Ignacio



La elección del nuevo papa es el resultado lógico de la ambigüedad en que se ha movido la Iglesia desde su fundación entre la pobreza y la riqueza, entre el dogma y la ciencia, el capitalismo y el socialismo, este mundo y el otro, Dios y el César, la violencia y el martirio o entre la cruz y la resurrección.  Siempre ha sido rica pero dice vivir en función de los pobres; mientras tuvo el poder se valió de él para entorpecer el progreso del conocimiento; nacida de las entrañas del imperio, ha defendido los intereses de los patricios, aunque sus sacerdotes mantienen viva la ideología del terror comunista o Teología de la Liberación.  Culpabilizando a sus fieles los llevó a vivir en función del fantástico mundo ultraterreno, en tanto que el amor a la naturaleza del mugroso de Asís quedó reducido a un simple lapsus ecológico en el viejo discurso condenatorio de la materia y el sexo, discurso que enseña pero no practica. La Iglesia ha sido una de las instituciones más criminales de la historia, con masacres de judíos, musulmanes, cátaros, herejes  o brujas y que hoy se repiten cuando ella insta a sus seguidores a buscar en un milagro la curación que la medicina puede lograr si se consulta oportunamente.

Francisco fue el apóstol de los indigentes, Ignacio de Loyola, de los ricos; aquel, un ecologista que charlaba con la flores, los animales, el hermano sol y la hermana lluvia; el  otro, un noble que siempre vivió entre lujos y dedicó su vida y su Compañía de Jesús a educar a los hijos de los nobles para garantizar el poder de la Iglesia, pues en su tiempo Europa había llegado a un pacto según el cual el príncipe determinaba la religión del pueblo.  El hippie de Asís, inculto como un “primíparo” universitario o como un miliciano de las FARC, nunca entendió la necesidad del desarrollo económico o de las instituciones políticas y prefirió el mundo fácil de la esquizofrenia simple.  El perfumado español comprendió que el poder medieval de Roma se había debido al control de la cultura y la economía y, por eso, sus discípulos se ingeniaron el experimento de las misiones o reducciones guaraníes y de los llanos orientales de la Nueva Granada, forma piadosa y primera de la economía planificada de Stalin o realización precoz del “hombre nuevo” que en el siglo XX soñaría el Che Guevara.

Así como el sueño del pobrecito se hizo añicos a los pocos años de su muerte, ocurrida en 1226,  pues sus seguidores se dedicaron a estudiar y a conseguir dinero, el proyecto comunista de los jesuitas, un nuevo modo de producción metido artificialmente en el modo de producción esclavista de los portugueses y españoles, llegó a sus fin en las postrimerías del siglo XVIII, cuando los jesuitas fueron expulsados de América y Europa, sus bienes expropiados y clausurada su orden por decreto papal  (así dieron una lección a Juan Manuel Santos para que no permita que en los acuerdos con los guerrilleros se cometa hoy el mismo error: nunca podrán convivir dos sistemas económicos opuestos.)   Mientras los luteranos con el aporte de los jesuitas  abrieron las puertas de libertad, la tolerancia y la democracia para Occidente y llevaron a Europa a la Ilustración como también a las revoluciones del siglo XVIII, la Iglesia se aferró a la Edad Media para traerla a nuestra América.  Hoy se espera que un ignaciano disfrazado de Francisco nos redima. 











lunes, 21 de septiembre de 2015

El niño expósito



Iván Tabares Marín

Tan apasionante como el movimiento del retiro y retorno, comentado en este blog, es su variante, también mitológica, del niño expósito o abandonado, estructura básica de muchas narraciones o leyendas religiosas y/o políticas que cuentan el origen de grandes personajes como Sargón (emperador sumerio hacia el año 2334 a. de C.), Moisés, Rómulo y Remo (fundadores de Roma), Perseo, Ciro el Grande, Jesucristo, Edipo, Jasón y muchos más.  En síntesis, el mito cuenta que un niño de familia real es abandonado por su propio padre, el rey, ante la profecía o el oráculo que lo señala como un posible usurpador del trono.  El criado comisionado para darle muerte al pequeño se conmueve y lo arroja al río en una cesta, de donde será rescatado por una familia humilde. Las condiciones adversas en que crece hacen del niño un valiente que, al final, regresa a su tierra y toma el trono para que se cumpla el oráculo.

La historia de Sargón comienza así: “Mi madre me concibió en secreto, y en secreto me dio a luz.  Me puso en una cesta de juncos; cerró la tapa con alquitrán y me arrojó al río.  El aguador me sacó de las aguas y me cuidó.”  Como puede apreciarse, la similitud con la leyenda judía de Moisés es sorprendente aunque con una variable, pues este es abandonado por una familia pobre y adoptado por la hija del Faraón con derecho al trono.  El evangelio de Mateo usa la misma metáfora en el caso de Jesús, cuando el rey Herodes manda a asesinar los lactantes de la región al enterarse que los reyes magos han llegado a Jerusalén a rendir honores al nuevo rey de los judíos.  Como no cuadraba con la trama, Jesús no es puesto en un cesto y, mejor, es llevado a Egipto.  Investigaciones recientes han demostrado que el autor del evangelio de Mateo conoció en el siglo I una versión del cuento de Moisés distinta a la que encontramos en el libro del Éxodo, la misma que utilizó para presentar a Jesús como el nuevo Moisés.  En efecto, en esa versión el Faraón ordena el asesinato de los niños hebreos porque un escriba le anunció que entre ellos nacería un líder peligroso para los intereses de Egipto; en cambio, en nuestra Biblia el infanticidio busca el control de la población esclava.

Una  tercera variable del fenómeno del retiro y retorno la hallamos en el mito de la segunda venida: si se fue, debe volver.  De esta manera los chiitas musulmanes no aceptan que el duodécimo imán haya muerto y esperan su regreso, tal como los primeros cristianos proclamaron la segunda venida de Jesús cuando se enfrentaron al drama terrible de la crucifixión o como los fanáticos de Carlos Gardel niegan su muerte en un accidente aéreo en Medellín.  


Muy pocos estudiosos se han atrevido a formular una hipótesis para explicar la repetición de las mismas metáforas en la mitología de todas las culturas,  tal como lo intenta la teoría de los arquetipos o del inconsciente colectivo de Carl Jung.  De estas teorías tenemos que valernos para analizar las tesis expuestas en estos días sobre la prohibición de la fiesta brava y sobre el pago de un brujo con dineros del erario para que no lloviera hace pocos años en Bogotá.  Son temas difíciles  en los que cualquier muchacho, que nunca lee o no entiende lo que lee, cree tener la última palabra.

sábado, 19 de septiembre de 2015

¿Quién quiere un hijo?



Iván Tabares Marín

En el pasado dábamos mucha importancia  a la familia, en particular a padres y abuelos, en el proceso de identificación de los muchachos.  Ser hombre o mujer  significaba ocupar un lugar en la saga o tradición de la parentela, condición indispensable para cumplir un rol respetable en la sociedad y dar sentido a la vida.  Todas las culturas contaban con un mito fundador relacionado, la mayoría de las veces, con los dioses para cargar de sentido nuestra historia.  Así, los hebreos aseguraban que sus patriarcas hablaban cara a cara con Yahvé para recibir de Él las normas y el derrotero a seguir;  los griegos no dudaban que sus héroes, como Ulises, eran hijos de algún dios o diosa, y cuando Eneas salió de Troya por mandato de Zeus para ser el padre del gran pueblo romano cumplía con la misma función que en Israel había desempeñado Abraham muchos siglos antes.  Esas convicciones fueron determinantes en el desarrollo y logros de esos pueblos.

Como nuestra religión es prestada, no alcanzamos a crear vínculos con los dioses.  El mito que nos proponía que procedíamos del gran pueblo español y de un pueblo indígena privilegiado ya no tiene mayor peso como para motivarnos a hacer algo bueno.  Veníamos vagando sin rumbo hasta el siglo pasado cuando un grupo de políticos y paramilitares se reunieron, ¡qué vergüenza!, para refundar nuestra nación y nos proponían la sierra para descuartizar al enemigo como bandera.  Se creían mejores que los perversos de las FARC.   Hace unos meses, los viejitos barrigones de la guerrilla expresaron en La Habana también su deseo de refundar la Patria con un nuevo escudo. ¡Qué risa!  El cóndor, según sus prácticas, llevará una rama de coca en el pico; el gorro de la libertad será cambiado por las cadenas de los secuestrados; el istmo de Panamá será remplazado por nuestro mapa sembrado de minas antipersonales y, para sustituir los cuernos de oro, la hoz y el martillo se unirán al serrucho usado por los camaradas del Polo para saquear la Capital.
 
Si no tenemos un mito o un poema que estructure el imaginario de nuestros hijos, el futuro no tendrá sentido.  Cuando les decimos a nuestros hijos que somos hijos de Dios, se mueren de la risa en medio de tanta violencia y corrupción;  cuando les contamos de las proezas del abuelo en la guerra de los Mil Días, se preguntan de dónde vienen los genes de los tíos mafiosos, las tías prepago y los familiares degenerados.  “¿De cuál dignidad estás hablando?”,  preguntan con razón.   Por todo esto, el problema de traer un niño a este mundo no reside tanto en el sustento y el vestido que debemos proveerle; más importante para él es la ilusión o el deseo de vivir que antes aportaba Dios o el abuelo pero que ahora es difícil encontrar.  ¿Quién quiere tener un hijo?









jueves, 17 de septiembre de 2015

El retorno de los brujos



Iván Tabares Marín

Su discurso básico se puede resumir así: “quienes hemos predicado las doctrinas esotéricas y espirituales, hemos encontrado en el desarrollo de la filosofía y la ciencia una ratificación de nuestras creencias”.   Algunos de ellos han conformado una “comunidad cuántica” para simbolizar con ese título que la mecánica cuántica es la prueba de validez científica de sus misterios.  Si los físicos dicen que en el mundo del electrón el investigador  produce modificaciones, los nuevos brujos sacan conclusiones extravagantes sobre el poder de la mente y predican que ya no es necesario ir al médico porque con un poco de meditación y oración podemos curar el cáncer.  Asesinos.

Si aparece en YouTube un investigador planteando que la teoría de cuerdas nos puede llevar a una fuerza misteriosa que podríamos postular como Dios,  los esotéricos deliran y corren a contar a sus ingenuos seguidores que  por fin tenemos la prueba que hacía falta.  Siempre encuentran la teoría que explica la resurrección de Jesús, las otras dimensiones que se presentaron en la Transfiguración y las energías cuánticas usadas por Jesús en cada uno de sus milagros.  ¿Acaso la definición de energía no es la misma que usábamos para el espíritu: algo que no vemos pero que produce efectos en el espacio-tiempo?   Charlatanes.

Los nuevos brujos, cuyo objetivo real es violar niños o adultos y/o llenar sus bolsillos con las limosnas de los tontos, tienen algunos conocimientos elementales de filosofía, suficientes para deslumbrar  a los ignorantes. Citan divulgadores mediocres como Lou Marinoff, a los clásicos griegos y hasta definen la Hermenéutica, pero no se atreven buscar el respaldo de L. Wittgenstein o de otros que han dejado sin piso sus ridículas elucubraciones.  En fin, los brujos saben un poco de todo aunque, al final, nada de nada.  Parecen querer repetir la odisea de la Cienciología que también fue creada por un ignorante y que hoy seduce a los ricos de Bogotá que solo sueñan con tomarse una foto al lado de Tom Cruise.

Como el Ministerio de Educación en mala hora le fue entregado a una política y no a un técnico, nada se hará para enfrentar este negocio sucio.  Los colombianos seguirán leyendo libros basura que hablan de metafísica, de superación personal y de la comunidad cuántica en la versión de los nuevos brujos.  Y las redes sociales aprobarán con “me gusta” o “amén”.  Si alguien te habla de Dios, cuida tu bolsillo y a tus hijos.