martes, 14 de diciembre de 2021

Una experiencia religiosa

 

Dediqué más de tres años a estudiar la historia del cristianismo con el propósito de entender el cambio súbito ocurrido después de 1959 en el control de la ideología o la cultura de nuestro país. Trataba de saber por qué y cómo el marxismo había arrebatado a la Iglesia el poder sobre la educación y sobre nuestra forma de pensar después del triunfo de la revolución cubana.  Desde 1881 el Estado había entregado al clero la función de escribir los textos con que éramos adoctrinados. Cambiamos de adoctrinadores cuando llegaron los marxistas.

El texto Confesión de fe crítica (2008), del sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar, empezó a darle coherencia a mis estudios. El sacerdote de 83 años confesaba estar dispuesto a aceptar los cambios de los últimos 30 años en la teología católica. Esos cambios incluían la modificación de doctrinas trascendentales como la resurrección de Jesús y la virginidad de María. Jesús no resucitó; fue exaltado por Dios. La virginidad de María no es un dogma, y puede ser negado, según declaración del mismo papa Benedicto XVI. La expresión “hijo de Dios” es solo una metáfora.

Yuval Noah Harari me enseñó otro punto fundamental: los mitos hacen la historia. Para crear una empresa comercial, un régimen político o una religión es necesario convencer a un grupo grande de personas sobre un mito, un cuento, algo imaginario. Eso vale para el cristianismo, una venta de queratina, el marxismo, el nacionalsocialismo o la democracia.

Me encontré con el filósofo alemán F. Hegel (1770 – 1831) a través de la lectura que de él hizo Alexandre Kojève. Aprendí la conexión que existe entre religión y política, y cómo la Iglesia católica se enclaustró cuando vio amenazado su poder por la Reforma protestante y no aceptó el reto de Martín Lutero para modernizarse. Se dedicó a incinerar libros y herejes, pero no pudo salir de su corrupción milenaria. La Reforma nos trajo la democracia, la nueva versión del evangelio de la igualdad de todos los seres humanos y de la compasión.

Los pensadores del siglo XX complementaron los planteamientos de Harari y Hegel: una sociedad (la estructura mental o la ideología que la fundamenta y le da vida) es imposible si no se centra en un mito. Estamos condenados a vivir motivados por mitos en un mundo que es solo virtual o simbólico.  El sacerdote John Dominic Crossan me presentó a Jesús histórico, resumido en el 32 por ciento de las palabras atribuidas a él por los evangelios. El Cristo de la iglesia católica es el gnóstico o esotérico inventado por Pablo y los evangelios que fundaron el antisemitismo.

El toque final a la investigación sobre mi experiencia religiosa la encontré en la teología de un pastor protestante, Rudolf Bultmann, discípulo de Martín Heidegger. Bultmann buscaba desmitificar los evangelios como la mejor forma de encontrar a Jesús histórico, el único aceptable para todo hombre y mujer de buena voluntad. Feliz Navidad.

martes, 7 de diciembre de 2021

El modelo boliviano


 

Lo rescatable del libro del General Jorge Enrique Mora Rangel, Los pecados de la paz, es el Epílogo, escrito por David Spencer PHD, asesor y consultor del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, porque muestra el engaño que fue nuestro Acuerdo de paz y su relación directa con las recientes protestas de la primera línea o la revolución molecular.

 

Comienza por definir el estilo peculiar de Juan Manuel Santos para hacer política: “realiza negociaciones secretas previas con los líderes de cada sector, con los cuales llega a acuerdos para repartir de antemano los beneficios (…) O sea que el debate público y formal no es más que una pantomima o una especie de teatro para consumo público”.

El verdadero equipo negociador fue secreto, conformado por el expresidente Santos, Sergio Jaramillo y sus asesores. Al segundo equipo se unió Humberto de la Calle, y el tercero, que cumplía un papel más aparente que real, no estaba informado del acuerdo secreto.

 

Un propósito central de las Farc era acabar la aspersión aérea y remplazarla con una sustitución de cultivos para lo cual sirvió de coartada la afirmación del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sobre el riesgo de cáncer del Glifosato. Para Santos esos “detalles” no importaban porque “estaba dispuesto a todo, siempre y cuando se firmara el acuerdo, se entregaran las armas y se desmovilizaran como grupo armado durante su presidencia”. Su interés estaba puesto en el Nobel.

 

De todos modos, la guerrilla estaba prácticamente derrotada, de tal forma que sus acciones militares o terroristas las realizaban las milicias. Los guerrilleros estaban desesperados. “Una campaña militar antes de las negociaciones pudiera haber evitado la cantidad exagerada de demandas que las Farc hicieron”. “El Gobierno decidió descartar su posición de ventaja militar y adoptar una de inferioridad y debilidad”. “Al final, el acuerdo desarmó a las Farc, pero fortaleció al narcotráfico”.

 

Gobierno y Farc sabían que los acuerdos no se iban a cumplir. “Colombia no tenía ni las finanzas, ni el personal, ni la infraestructura para cumplir”. “El incumplimiento de los acuerdos iba a proveer los insumos para nuevas movilizaciones” y para mantener el conflicto, como lo había previsto el marxismo internacional y como venía ocurriendo en Bolivia.

 

Un grafiti resumía en proyecto de la izquierda: “Lo que no logramos en La Habana, lo logramos en la calle”. Antes de caer abatido, Alfonso Cano leía un manual para derrocar un régimen a través de la protesta social, titulado De la dictadura a la democracia, escrito por Gene Sharp. En Colombia no se había montado ese proyecto revolucionario porque las Farc no aceptaron las recomendaciones de Cuba y Venezuela para dejar las armas; pero “esta percepción cambió cuando se enfrentaron a la Política de la Seguridad Democrática del presidente Uribe”

 

El modelo boliviano lo definieron los cocaleros sobre cuatro ejes: La protesta violenta que genera una situación insostenible para el gobierno; el narcotráfico como financiación; una milicia armada para defender los cultivos, y un partido político.

martes, 23 de noviembre de 2021

¿Qué pasa en América?

 

Cuando en los últimos meses del 2019 se presentaron las manifestaciones de protesta en Chile y Colombia, escribí un artículo relacionándolas con la revolución molecular porque, por coincidencia, acababa de leer la Biografía cruzada de Gilles Deleuze y Félix Guattari, escrita por el historiador François Dosse con un capítulo dedicado a esa revolución y a la manera cómo se difundió en América latina, particularmente en Brasil y Chile, países visitados por Guattari.

Aunque otros colombianos, como la senadora María Fernanda Cabal, el expresidente Uribe Vélez y el columnista de El Espectador Carlos Enrique Moreno, se refirieron a la revolución molecular, no volvieron a hacerlo después de que algunos intelectuales atacaron al expresidente Uribe en El Espectador y La silla vacía con el argumento de que esa revolución fue ideada por un fascista para desprestigiar las protestas populares.

Ese argumento es completamente falso, ya que el autor de la teoría de la revolución molecular fue Guattari, comunista del movimiento trotskista francés. El soporte teórico de esa revolución lo elaboró con Deleuze, también filósofo de izquierda hasta 1995 cuando decidió lanzarse por una ventana de su edificio en Paris.

La acusación de fascistas contra Deleuze y Guattari procedió de otros pensadores de la izquierda maoísta, especialmente de Alain Badiou, quien organizaba bloqueos de las clases de Deleuze con una banda de sus seguidores estudiantes. Badiou y Deleuze dictaban clases de filosofía en la misma escuela de Vincennes en París. Es posible que un profesor de filosofía, de apellido Tamayo, citado en las diatribas contra Uribe, pertenezca al MOIR, el partido maoísta orientado por el senador Jorge E. Robledo. Eso explicaría los insultos contra el expresidente. Todo marxista es un fascista para otro camarada.

Toda esa introducción es mi forma de expresar el desconcierto que me causan los análisis que he visto en los mediocres debates del canal alemán DW y en el programa La Noche, de Claudia Gurisatti, sobre los acontecimientos políticos que vienen ocurriendo en Chile, no solamente porque ninguno de los expertos se refiere a la revolución molecular, sino también porque olvidan temas centrales, obvios y comunes en casi todos los países de latinoamericanos. Citaré algunos.

El control de la izquierda sobre la cultura y la educación a través del magisterio. La colaboración del marxismo internacional con todos los partidos de izquierda en dineros, asesorías, control de las redes sociales y medios de comunicación. El carácter generacional de la confrontación política: adolescentes contra mayores.

La tradición católica del “pueblo elegido”, determinante fundamental para que el discurso comunista haya sido de buen recibo en nuestras comunidades menos informadas, según el historiador italiano Loris Zanatta: el proletariado es el nuevo pueblo elegido en el socialismo sin Dios. El adoctrinamiento marxista de comunidades indígenas; la apropiación marxista del movimiento feminista con su perverso Enfoque de Género para destruir la organización familiar; la colaboración de mafias y grupos criminales a la primera línea; la creación de un nuevo lenguaje engañoso.

martes, 16 de noviembre de 2021

Los programas de Petro

 

No se sabe qué es más ridículo, si los proyectos de Gustavo Petro en materia económica o las críticas permanentes de los economistas y opositores a tales proyectos. Acabar con Ecopetrol y suprimir la explotación minera, reducir los arriendos, emisión de moneda, controlar de precios de los artículos, comprar tierras improductivas, etc., no tienen otro objetivo que engañar a los ingenuos colombianos que nunca has asistido a curso de economía y tampoco han leído un texto sobre esos asuntos. Esa es la forma efectiva para hacer votos en un país mal informado. Por eso Petro nunca responde a las críticas.

No se necesita ser economista, basta conocer un poco la historia o haberse informado sobre lo que pasa en el mundo, especialmente hoy cuando es tan fácil. Cuando programas similares a los que presenta la izquierda colombiana se implementaron en Cuba o en Venezuela, comenzó la tragedia de esas naciones que se puede resumir así: si un gobierno bloquea las fuerzas del mercado o el libre juego de la oferta y la demanda, surge una economía subterránea o clandestina con todos los desastres posibles. Aparece el contrabando, se dispara la inflación, las empresas cierran o se van para otro país, el desempleo es aterrador, la moneda se devalúa con relación al dólar y el hambre se generaliza.

Otro ejemplo. Hace unas semanas, una columnista cuestionaba la inutilidad del control de precios a los medicamentos establecido por el exministro de Salud, Alejandro Gaviria, y hoy candidato a la presidencia de la República. Pues el resultado de ese control fue muy dañino para los colombianos: desaparecieron del mercando drogas tan imprescindibles como las que se requieren para tratar el cáncer.

Aunque se han presentado muchos factores que condicionaron la caída o el fracaso de los regímenes comunistas, este es sin duda el más importante, el económico. Petro lo sabe, pero no le importa. También sabe que la estructura de la democracia, el sistema de contrapesos de los poderes públicos y la Constitución Nacional no le permitirían aplicar ninguna de sus locas ideas. Tal vez por eso dice que necesita varios períodos presidenciales.

Otro aspecto trascendental en este análisis es el hecho de que vivimos en un mundo globalizado y que antes de aplicar cualquier cambio en la economía se debe sopesar el impacto que va a tener. Si el pueblo no encuentra trabajo porque un mal gobierno acabó con la economía, simplemente migra; si ponen trabas a las empresas privadas, se van; si la inversión extranjera se anula, el país no se desarrolla.

A los populistas tampoco les importan esos hechos, tal como se ha insinuado en la Asamblea Constituyente chilena, en la que buscan, con la complicidad de los indígenas, suprimir todos los tratados de libre comercio y establecer una economía autosuficiente, aunque está demostrado que no funciona. Los programas absurdos de Petro solo buscan engañar; él y sus asesores saben que son inviables.

martes, 9 de noviembre de 2021

El día que Dios murió

 

El 1 de noviembre de 1775 murió Dios. Ese día, consagrado por ironía a celebrar a todos los santos del cristianismo, un terremoto de 9 grados, seguido por un tsunami y un gran incendio, destruyó la ciudad de Lisboa. Los efectos del tsunami llegaron a África y al Caribe para que todo el mundo se enterara de la desgracia. El mal dejó de ser compatible con la teología: si el mal existe, Dios no.

Ese año Europa estaba en plena Ilustración, el movimiento cultural que preparaba una nueva organización política sin espacio para Dios. El Dios del evangelio fue sustituido por un simple Arquitecto que construyó este mundo y lo olvidó. Como si los filósofos sintieran vergüenza del crimen que cometían, decidieron llamar la nueva secta “deísmo” para no negar a Dios abiertamente, pero lo dejaron herido de muerte.

Uno de los más grandes pensadores, tan prusiano o alemán como el cura Lutero, decidió por aquellos días que es imposible probar la existencia de Dios con la ayuda de la razón, pero había que suponerlo para dar fundamento a la moral y evitar que nos matáramos entre nosotros. Era Emanuel Kant.

En 1789 se inició el gran acontecimiento de la Revolución Francesa que sin ningún recato echaría por la puerta de atrás a un Dios mal herido sin capacidad de defenderse. La democracia usurpó el trono de Dios y sentó en él al ridículo homo sapiens. Ya no se hará la voluntad de Dios, sino la de ese monigote que se pensó libre y dueño de la creación sin imaginarse que apenas “viviría” siglo y medio. Si Dios no existía como sujeto del acontecer humano, mucho menos el nuevo pedante sujeto de pacotilla. Cuando Lutero sembró el virus de la soberbia en los humanos y los imaginó sujetos capaces de entenderse con Dios, puso las bases de la Ilustración.

Un siglo después de la Revolución Francesa, F. Nietzsche lanzaría un grito de dolor: “Dios ha muerto, y nosotros lo hemos asesinado”. El protestantismo había abierto también la salida de la religión al ateísmo. ¿Qué dará sentido a nuestras vidas? Cuando moría Nietzsche, nuestra Constitución de 1881 entregaba la educación y la cultura al poder de la iglesia católica hasta 1959 cuando se lo arrebató el marxismo.

Mientras los nazis asesinaban seis millones de judíos en los campos de concentración, y los bolcheviques a millones de inocentes, dieron el último golpe a Dios agonizante y al mismo tiempo mataron al sujeto humano. No hay sujeto humano ni divino. Eran mitos.

En otra de esas ironías que produce la historia, llegó internet para que todos entendiéramos, por fin, que no somos más que algoritmos reducidos a burdas mercancías para esclavizarnos y enriquecer a Google, Amazon, Facebook, Twitter, Instagram. Todo los que se ha escrito hasta ahora dejó de tener sentido y nos encontramos en una encrucijada completamente desorientados.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Pedofilia

 

La columnista de El Espectador Vanessa Rosales escribió una violenta columna, titulada Iglesia violadora, que merece varias respuestas o al menos un análisis en una perspectiva distinta a la suya.

Dice la feminista: “La derecha visible del país reclama con insistencia febril por las violaciones perpetradas por grupos guerrilleros. Y, sin embargo, cuando se trata de la Iglesia Católica, el mismo criterio no suele aplicar. Y la pregunta, para mí, sigue siendo similar: ¿Por qué se sigue valorando con autoridad moral una institución que ha violado niños de manera sistemática (sic)? ¿Qué consideraciones tienen, de verdad, las personan que aun sabiendo esto bautizan a sus pequeños en la misma Iglesia?” 

Se trata de un ataque a la iglesia mayoritaria de los colombianos para hacerle daño y no solo a los obispos y sacerdotes involucrados en ese delito. Sería como cuestionar el apoyo de la izquierda a las guerrillas sin ninguna consideración con sus numerosos delitos contra los niños: violaciones (esas sí sistemáticas), secuestros, asesinatos o ejecuciones por faltas nimias. O como atribuirles a los mamertos los genocidios de Stalin, Mao Zedong, Pol Pot o Maduro.

El relato marxista sustituye a Dios para sus seguidores y llena de “sentido” sus vidas. ¿Por qué permiten que sus hijos sigan siendo adoctrinados por esa ideología que legitima tantos crímenes de lesa humanidad? ¿Por qué siguen valorando la autoridad moral y política de los guerrilleros y de los líderes de la izquierda que comparten la misma ideología?

La agresiva columna oculta su origen que no es otro que el feminismo radical de izquierda o el enfoque de género sustentado en los primeros textos de Marx y Engels y que ha tomado nuevo ímpetu gracias a la utilización abusiva y falaz de los avances filosóficos del último siglo, desde Simone de Beauvoir hasta Judith Butler y Paul Beatriz Preciado, pero que desconocen los avances de la ciencia en este siglo. El Acuerdo Farc-Santos incluyó el enfoque de género en nuestra Constitución Nacional.

Si los colombianos, cristianos o no, rechazamos cualquier delito contra los niños, con más contundencia rechazamos los intentos de la izquierda por legalizar la pedofilia y el incesto (relaciones sexuales entre familiares). Prueba de ello son la mayoría de los textos con enfoque de género de las feministas, generalmente lesbianas y transgéneros marxistas.

Esta columna denunció hace varios años la solicitud de los principales filósofos franceses marxistas a la Asamblea para que legalizara la pedofilia en 1977. Cito a Michel Onfray: “Todos los firmantes desean que se despenalicen las relaciones sexuales supuestamente consentidas entre adultos y menores de quince años: Althusser, Barthes, Chátelet, Deleuze, Derrida, Dolto, Foucault, Guattari, Lyotard, Sartre” y otros. Slavoj Zizek, marxista, hace la misma denuncia en su libro El Coraje de la desesperanza.

“El famoso discurso de la ideología de género es el contradiscurso más dañino que ha tenido el país en los avances sobre educación sexual”. Son palabras de Luis Bermúdez, Premio Compartir al Maestro 2017.

La séptima función del lenguaje

 

El 25 de marzo del 1980 muere el semiólogo Roland Barthes en París después de haber sido atropellado por un auto. De este hecho parte el profesor Laurent Binet para montar una deliciosa, irónica e inteligente parodia, con una carga de sátira política y filosófica, titulada La séptima función del lenguaje, publicada por Seix Barral en 2015.

La trama está montada sobre una leyenda: el dueño de la séptima función del lenguaje dominará el mundo; pero perderá su poder al ser conocida por todos. Esa es la función performativa sobre la que escribí una columna para discutir el enfoque de género y que consiste en el poder que tienen las palabras de crear realidad por el simple hecho de pronunciarlas. Como cuando el sacerdote o el juez nos dicen “os declaro marido y mujer” o cuando un juez profiere una condena de prisión. El primer acto performativo es relatado en la Biblia y realizado por Dios: “Hágase la luz. Y la luz se hizo”.

Antes de 1960 se había descubierto y explicado esa función que no estaba incluida entre las seis que había descrito el lingüista ruso Roman Jakobson: las funciones referencial, emotiva, conativa, fática, metalingüística y poética.

El investigador de la muerte de Barthes piensa que pudo ser un asesinato para arrebatarle la fórmula de la función performativa descubierta por el filósofo británico John L. Austin (1911 – 1960). Su discípulo John Searle conforma, con los grandes filósofos parisinos de entonces, incluida Judith Butler, más el presidente de Francia y el semiólogo italiano Umberto Eco, el reparto de la intriga. Esta novela es exigente en cuanto a los conocimientos que el lector debe tener sobre filosofía y lingüística para disfrutarla plenamente. Ahora paso a profundizar un poco más sobre la séptima función.

En una columna anterior mostré que la maestra, la madre, el sacerdote y el periodista no enseñan ni comunican, sino que mandan o dan órdenes gracias al poder que la estructura simbólica o las ideologías de la sociedad les dan. Por eso la palabra es poder. Cuando aprendemos a hablar, las palabras programan nuestra mente con todas las ideologías que definen nuestra sociedad, incluidas la religión, el idioma, la nacionalidad, el capitalismo, la democracia, etc.

Los profesores que adoctrinan en marxismo no lo hacen en función de la libertad de cátedra o con el propósito de generar espíritu crítico; están dando órdenes, mandando porque, si enseñaran realmente, nos presentarían las fallas y alternativas del marxismo. Cualquier frase o sentencia crea realidad. La función performativa no es exclusiva de unas cuantas locuciones como en los ejemplos anotados arriba.  

La izquierda conoce muy bien la función performativa del lenguaje y la usa para intentar dominar el mundo a través de las noticias falsas, las calumnias, la destrucción de estatuas o la corrección de libros, películas, obras de arte y lenguajes que conforman nuestras tradiciones; pero perderá su poder cuando todos entendamos esa función performativa.

martes, 19 de octubre de 2021

1984 (2)

 

Veamos otra de las características con que la novela 1984 describe un partido comunista o totalitario: No es necesario adoctrinar a los pobres o “proles” porque “no es deseable que tengan formación política y por eso el sistema no los dota de telepantallas en sus hogares” (hoy muchos de ellos no están conectados por internet). “El Partido enseñaba que los pobres eran inferiores por naturaleza y debían ser sometidos como animales mediante la aplicación de unas cuantas normas muy sencillas”. “Entre ellos siempre habían infiltrados unos cuantos agentes de la Policía del Pensamiento que extendían rumores falsos, señalaban y eliminaban a los pocos individuos que se consideraban peligrosos”.

Hemos visto cómo las mismas estrategias descritas por George Orwell se vienen aplicando en el Acuerdo de paz. La Comisión de la Verdad, el Consejo Nacional de Memoria Histórica y la JEP tienen las mismas funciones del Ministerio de la Verdad: modificar la historia, reescribir el conflicto armado de tal forma que la violación de niños, el secuestro, terrorismo, asesinato y demás fechorías de los guerrilleros aparezcan como “actos políticos”, perfectamente justificados en una guerra “respetuosa” de los derechos humanos y las normas internacionales.

Otro aspecto fascinante de “1984” es su precoz presentación del pensamiento europeo y norteamericano de la segunda mitad del siglo pasado y su utilización por el totalitarismo de derecha o izquierda como estrategia para llegar al poder. Veamos un resumen de algunos.

La negación de la realidad. “Te aseguro que la realidad no es externa”; “el Partido insta a negar la evidencia de tus ojos y oídos”; “nada existe sino es a través de la consciencia humana”.  En efecto, para 1948, año en que se escribió la novela, el estructuralismo y la ciencia habían establecido que nuestra “realidad” es virtual o simbólica y que a ella ingresamos cuando aprendemos a hablar. Asimismo, se niega la existencia del sujeto, tema central en estas columnas desde enero de 2019.

El enfoque de género marxista. “Separaremos los niños de sus madres al nacer, igual que se recogen los huevos de una gallina”; “aboliremos el orgasmo (relaciones heterosexuales)”; “Hemos cortado los vínculos entre hijos y padres, entre los hombres y las mujeres”; “las civilizaciones antiguas decían estar basadas en el amor y la justicia, pero la nuestra se funda en el odio”. (El enfoque de género fue incluido en el Acuerdo de paz).

La nueva lengua. Por medio de la propaganda y el control de los medios (y de las redes sociales hoy) el Gran Hermano creará un nuevo diccionario o una nueva semántica o cambiará el significado de las palabras. Uribe significa “paraco”; Petro es “decente”.

El cinismo o “negro-blanco”. “Aplicado negro-blanco” a un opositor se refiere a la costumbre de llamar descaradamente blanco a lo negro, en contradicción con los hechos evidentes; aplicado a un miembro del Partido, alude a su leal disposición a afirmar que lo negro es blanco cuando la disciplina del Partido así lo exija”.

1984 (1)

 

Otra forma de entender la guerra geopolítica iniciada contra la Nación por las universidades, FECODE, sindicatos, guerrilla, narcos, el crimen organizado, más el marxismo latinoamericano y mundial, la obtenemos de la lectura de algunas novelas que describen perfectamente la situación actual. Me referiré a dos: 1984, de George Orwell, y La séptima función del lenguaje (2015) de Laurent Binet. En esta entrega solo me referiré a la primera.

El nombre verdadero de Orwell era Eric Blair (1903 – 1950), nacido en India cuando ese país era una colonia británica; en los años treinta se fue a vivir a Londres. La novela fue publicada en 1949. Narra la pesadilla que viviría Londres en 1984 si el marxismo hubiese tomado el poder, dado el auge que había tomado esa ideología entre los jóvenes europeos como una reacción explicable después de la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

La novela se ha hecho famosa por su concepto de Gran Hermano o Hermano Mayor, metáfora del totalitarismo o control absoluto de la comunidad por un régimen político dirigido por jóvenes con la ayuda de la tecnología y la manipulación total del lenguaje o de la verdad. “El Gran Hermano es la encarnación del Partido”. Es algo así como un sustituto de Dios, un mito con el que se identifican los militantes del Partido; es la ideología revolucionaria que da identidad a sus fanáticos seguidores adolescentes.

La tecnología actual está representada en la novela por las telepantallas en todos los hogares y sitios públicos para vigilar a los ciudadanos por medio de cámaras tal como lo hacen hoy los “espejos negros” (celulares, tabletas y computadores). A través de esa pantalla se adoctrina a los ciudadanos, se les dan las órdenes y se pasa música con propaganda política.

El régimen marxista de 1984 incluye los ministerios de la Verdad, del Amor, de la Abundancia y de la Paz. Los nombres son ficticios porque realmente hacen lo contrario. El Ministerio de la Verdad representa lo que hoy se llama “lo políticamente correcto” y se encarga de borrar el pasado, destruir monumentos antiguos, reeditar películas, difundir una nueva lengua o el lenguaje inclusivo y modificar con mentiras todos los libros y periódicos adaptándolos a los intereses del Partido.

El Ministerio del Amor tortura a los presos políticos hasta cuando acepten la ideología totalitaria y sean ejecutados; organiza la Liga Juvenil Antisexo por medio de la Semana del Odio y el grupo de Niños Espías. “Era casi normal que los mayores de treinta años temieran a sus propios hijos”. El ministerio de la abundancia pasa informes falsos sobre los logros económicos del sistema. El Ministerio de la Paz promueve la guerra.

Orwell era todo un profeta de nuestro tiempo que debió titular su novela “2021”, año en que su pesadilla empieza a convertirse en realidad. En la próxima entrega ampliaré esta reseña y en la siguiente me referiré a La séptima función del lenguaje.

martes, 5 de octubre de 2021

La pedagogía marxista de Freire

 

Julián de Zubiría Samper hizo un homenaje en su columna de El Espectador a las teorías “educativas” de Paulo Freire, mostrando la forma como logró engañar la UNESCO y a muchos países, pero ocultando el aspecto negativo de su labor al servicio del totalitarismo de derecha e izquierda. Como hoy tenemos mejores análisis de lo que significa el poder y la forma como es utilizado por el marxismo, cuestiono esa columna y los planteamientos repetidos de Zubiría.

Leí el texto de Freire, Pedagogía del oprimido, cuando era muy joven y me pareció un exabrupto inspirado en la mala fe. Recuerdo que cambia la forma infantil de enseñar a leer con frases como “el enano bebe vino en la bota” por otras llenas de contenidos políticos: “el patrón explota y roba al obrero”.  Países de izquierda como Corea del Norte, Cuba y Venezuela emplean esa pedagogía. En los países latinoamericanos se sigue utilizando como forma de adoctrinamiento marxista en colegios, escuelas normales y universidades. 

Recuerda de Zubiría los principios de la pedagogía de Freire y comienza con una crítica a lo que llamó la educación “bancaria, que deposita informaciones para formar individuos sumisos”; postula “una escuela pensada para que cada sujeto escribiera sus palabras y construyera sus proyectos”.

Es evidente que toda pedagogía es “bancaria” y busca crear niños sumisos al régimen de cada sociedad. Además, no hay un sujeto, un fantasma en la máquina cerebral, con palabras propias con que el niño construye “su” verdad o ideología. El cerebro no secreta pensamientos autónomos; siempre hay alguien que ordena o manda al educando para que se someta o acepte una ideología (madre, maestro, periodista, sacerdote, etc.) y eso hace la pedagogía del oprimido, tal como la educación burguesa, marxista, cristiana, musulmana o cualquiera otra.

El segundo principio de Freire es otra falacia: “No existe una educación neutra”. Obvio. Y agrega: “al educar tenemos que definir ¿qué tipo de individuo queremos formar?”. Pregunto: ¿quién define ese tipo de individuo?, o mejor, ¿qué lo define? ¿FECODE, la asociación de profesores maoístas de la universidad o el Foro de Sao Paulo? Freire y de Zubiría personalizan el poder de educar; pero no es una persona o una clase social, sino la estructura mental o la cultura de cada sociedad la que da poder a los maestros para que eduquen en esa misma estructura democrática, por ejemplo. Los maestros mamertos crean la ficción de que su adoctrinamiento marxista es libertad de cátedra. Eso hicieron los nazis con la Unión de Estudiantes Alemanes, Mao Zedong con la Revolución Cultural de 1966 y hace hoy la izquierda con la Revolución Molecular.

Tercero: “Freire creía en la utopía y la esperanza de un mundo mejor”. Obvio, todos creemos en eso. Y es lo que piensa cualquier maestro ideologizado en cualquier fundamentalismo. “Cuarto: toda educación debe garantizar el diálogo”. Otra vez la falacia del sujeto o el fantasma en el niño con ideas propias.

martes, 28 de septiembre de 2021

El fascismo de la papa

 


La discusión sobre las diversas tendencias políticas se centra generalmente en el aspecto ideológico y olvida el más importante, su organización. El fracaso reiterado de la izquierda en su intento por abolir el capitalismo y el régimen democrático ha llevado a sus dirigentes a buscar una opción ideológica que es completamente diferente a la propuesta por sus fundadores.

La izquierda es hoy cualquier cosa: usa las mismas estrategias de la extrema derecha, se ayuda con el discurso democrático de los derechos humanos, juega a controlar el lenguaje recurriendo a la calumnia o a las noticias falsas y, en último término, su ideología queda sometida al capricho de su líder o a sus reacciones cínicas y patológicas.

Si es imposible definir la identidad ideológica de la izquierda, un análisis de su organización, los vínculos nacionales e internacionales, sus medios de financiación y los permanentes cambios de planes y estrategias nos permiten un mejor perfil que la diferencie de nuestros partidos tradicionales.

Comencemos por esto último, los cambios permanentes de planes y estrategias. La izquierda Internacional ha llegado al extremo de montar lo que sigo considerando una revolución molecular, ideada por los marxistas franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari, pero que fue catalogada en su momento (1977) por el maoísta Alain Badiou como “el fascismo de la papa”.

La revolución molecular (RM) se fundamenta en el libro El anti-Edipo que llama “molar” a cualquier forma de sociedad ordenada, disciplinada, en que las partes contribuyen para que el todo funcione. Lo “molecular” se refiere a un rizoma, como la papa, con numerosas raíces que buscan cada una su propio camino, expresan su “deseo” particular y no son solidarias. En la RM esas moléculas o raíces son los estudiantes, la comunidad LGBTI, narcotraficantes, sindicatos, bandas criminales, mercenarios, terroristas y cualquiera frustrado en su deseo.  La RM es el fascismo de la papa.

Además, la izquierda hace parte de una organización que antes se llamaba la Internacional Socialista y hoy, para Latinoamérica, es el Foro de Sao Paulo. A ese Foro pertenecen varios partidos de izquierda como la Alianza Verde, Unión Patriótica, Marcha Patriótica, entre otros. El Foro ordena estrategias, aporta dinero y colabora en los proyectos que cada partido adelanta en su país. Venezuela, por ejemplo, colabora con los bloqueos de la primera línea y financió al partido Podemos de España.

Rusia y China hacen sus aportes en dinero, no porque compartan las ridículas ideas económicas de Petro, Maduro o Pedro Castillo, sino para proteger sus inversiones en este continente. Por otro lado, la izquierda internacional también tiene vínculos con grupos terroristas musulmanes, guerrilleros y mafiosos en todo el mundo.

Sin embargo, el éxito de la izquierda se fundamenta más en la necesidad de las gentes de ser esclavizadas que en la seducción de sus líderes: Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argentina y Perú lo demuestran. La ignorancia y la miseria conforman el terreno fértil para que florezca el populismo.

martes, 14 de septiembre de 2021

Es lo que hay


Una página virtual publicó esta nota acompañada de la imagen de un bebé: “Tan pronto como nace se le asignan un nombre, una religión, una nacionalidad, un equipo de fútbol y una raza… Pasará el resto de su vida defendiendo una identidad ficticia”. Esa sentencia me permite profundizar su contexto seguramente desconocido por muchas de las personas que la reproducen en las redes sociales.

El escrito, parcialmente cierto, incluye numerosas falacias que sirven para promover un producto, un negocio, una pirámide, una nueva identidad o una ideología. En otras palabras, se usa para lavar cerebros o para reprogramarlos e introducirles un nuevo chip o relato. Es cierto que cuando llegamos al hogar se nos asignan numerosas identidades a través de las palabras que aprendemos, gracias al poder con que la ideología de una sociedad cualquiera dota a la familia. Para que eso no sea así, tendríamos que aislar al recién nacido, abandonarlo en la selva para que no hable y sea criado por una manada de animales. No podemos renunciar al lenguaje porque es lo que nos diferencia de los animales o nos humaniza, y con el lenguaje vienen las identidades.

No es cierto que nos pasamos la vida defendiendo una identidad ficticia. Porque las identidades son muchas y hoy, más que nunca, los jóvenes tienden a rechazarlas por la condición emocional de su edad, porque son adoctrinados en colegios o universidades y porque crecieron en internet, un mundo sin identidades.

Para muchos jóvenes, las identidades referidas en el escrito inicial y recibidas de la familia o las instituciones sociales democráticas son repugnantes. Entonces buscan otras: izquierdista, activista de la primera línea, drogadicto, negociante, guerrillero, narcotraficante, etc.; pero ignoran que toda identidad implica una relación de poder. El “sujeto” (identidad) se define por la institución que lo hace posible, lo domina y le lava el cerebro. Una relación de poder o una orden de una institución me define como cristiano, marxista, vendedor o delincuente. Identidad es la máscara que le pongo a mi yo imaginario.

Hablar de identidades ficticias supone que hay otras que son “reales”, y esa es otra gran mentira. Todo nuestro mundo es un relato, un discurso, virtual o, como decía Jaques Lacan, está conformado por tres registros: lo Real, lo imaginario y lo simbólico. Lo Real no es lo que está afuera; es lo no simbolizado, el mundo animal, de la biología y los genes, la naturaleza humana, que también nos condiciona y modifica nuestras identidades.  Lo simbólico es el mundo virtual en que vivimos y en el que recibimos las identidades al aprender a hablar (distinto al mundo virtual de internet) y que siempre tiene un componente imaginario.

La vida es el intento siempre fallido de convertir la ilusión de “ser uno mismo” en una “realidad”. Esa ilusión es la condición de posibilidad del amor, guerras, negocios, política, religión, poesía y locura. Es la vida. Es lo que hay. 

martes, 7 de septiembre de 2021

Derecha, izquierda, centro


En el campo político, la identidad de derecha, izquierda o centro es un capricho o una forma de autopercepción espontánea de los partidos para intentar engañar a los potenciales electores. Es algo parecido a lo que nuestra Corte Constitucional ha decidido sobre el género sexual: si yo me percibo como gay, transgénero, bisexual o asexual, lo soy, y lo único que debo hacer para efectuar el cambio es pedirle a un notario que lo certifique. 

 

El Partido Liberal siempre se ha avergonzado de su condición y suele creerse “de izquierda”. Liberal de izquierda es un oxímoron, pero eso no ha sido obstáculo para que partidos liberales, como el demócrata gringo, se hallan apropiado de lo políticamente correcto marxista para crear un lenguaje inclusivo, inventar un nuevo léxico, revisar la historia, destruir estatuas y “corregir” libros, películas o cuentos infantiles. Algo muy cercano al fascismo o a la teocracia talibán.

 

En esa lógica, el partido izquierdista de la comunidad LGBTI, la Alianza Verde, “se percibió” de centro con el lema de Angélica Lozano: “A vacunarse contra los extremos para el 2022”. Esa ha sido su estrategia en todos los debates electorales para seducir al pueblo que tiene otras prioridades distintas al feminismo marxista del enfoque de género, al ecologismo ideológico, al animalismo de las tiernas mascotas o a la lucha contra la corrupción de la alcaldesa que más derrocha dineros públicos para mejorar su imagen o para llenar de contratos públicos a la familia de su esposa.

 

Los, las y les Verdes se autopercibieron como la alianza de la Esperanza. El más ingenuo de los hijos de Luis Carlos Galán, Juan Manuel, se apresuró a alinearse en ese combo con liberales viejos y del Nuevo Liberalismo (también de la tercera edad). Todo el montaje apuntaba a la candidatura de Sergio Fajardo; pero el santismo y el liberalismo decidieron remplazarlo por Alejandro Gaviria según el viejo truco de poner un “payaso” decente o sin antecedentes sucios para que gobiernen los corruptos de izquierda y derecha tras el trono. 

 

El liberalismo auténtico ha sido la antítesis de la izquierda pues   ha sido adalid de las reformas mientras la izquierda va por todo. El liberalismo, por ejemplo, siempre ha buscado superar la corrupción con desarrollo económico; en cambio, la izquierda, cree ingenuamente que la solución reside en castigos más severos o en un régimen tipo Maduro, Castro u Ortega.

 

Asimismo, cuando la Primera Línea va por el poder, los sindicatos sólo buscan beneficios para sus afiliados. Los congresistas de la izquierda bloquean el Congreso cuando se discuten reformas de interés nacional y, más bien, se dedican, con el Uribismo, a aprobar reformas populistas, sin mayor trascendencia, para mantener contentas sus clientelas: más “derechos” para las damas, la comunidad LGBTI, los niños, el medio ambiente o las mascotas, “reformas” en las que casi todos estamos de acuerdo y que solo habrían requerido un acto administrativo. Ganan $32 millones mensuales por nada.

 

martes, 24 de agosto de 2021

Jesús, el sabio cínico

 


Algunos investigadores de los evangelios han encontrado marcadas similitudes entre las enseñanzas de Jesús de Nazaret y de los filósofos cínicos de la antigua Grecia y el imperio romano. El significado de la palabra “cínico” en este contexto es distinto al que tiene en nuestro lenguaje ordinario o convencional. Llamamos habitualmente cínica a “la persona que actúa con falsedad o desvergüenza; impúdica, procaz”. Hay otro significado mucho más descriptivo de lo que entendemos por cínico. Con varios ejemplos me explicaré.

Cuando se le pregunta a un varón por su esposa, él podrá responder: “está bien, pero hay mejores”. Ese es la respuesta típica del cínico. Otra respuesta a la misma pregunta podría ser: “está bien, pero el amor es cuestión de gustos”. La segunda frase en ambas respuestas es objetiva, real, válida: “hay mejores”, “el amor es cuestión de gustos”. Son respuestas sin sujeto, como si quien la pronuncia no existiera; es una posición imposible o inaceptable en una persona enamorada.

Otro ejemplo. Claudia López dijo hace unas semanas: “En las manifestaciones de hoy fueron destruidos ocho buses del Sistema Integrado de Transporte de Bogotá; pero eso no es problema porque se pagan con los impuestos”. La segunda frase, objetiva o real, es expresión cínica porque la dice como si a ella no le importara, como si ella no existiera, como si los millones de pesos perdidos no tuvieran importancia porque los ponen los ricos. El discurso izquierdoso de Claudia incluye además un mensaje subliminal para los terroristas de la primera línea: “sigan destruyendo que los ricos pagan”; como si los pobres no pagaran impuestos. Recordemos que Claudia participó en las protestas de 2019.

Cuando hablamos de Jesús como un cínico, no lo estamos comparando con el marido cínico o la alcaldesa. Para que tengamos un referente, pensemos en los jipis del siglo pasado: su indumentaria sucia y descuidada, el desprecio por los convencionalismos sociales; la obsesión por la libertad, la felicidad o el sentido de la vida que dan las cosas y labores sencillas; el estilo itinerante o aventurero y el desprecio por la sociedad. Hay, pues, ciertas analogías entre los jipis, los filósofos cínicos y los discípulos de Jesús.

La expresión “cínico” aplicada a Claudia López tiene un sentido completamente opuesto al que le damos cuando nos referimos a los sabios filósofos de la antigüedad. Si el cínico hoy es quien habla como si él mismo no existiera o se despreciara, los filósofos cínicos, igual que los cristianos, centraban sus enseñanzas en la preocupación por sí mismo y el rechazo a la sociedad, el dinero, los honores, la sabiduría. Recordemos las bienaventuranzas o “no os preocupéis por la comida o el vestido… mirad los lirios del campo…” y veremos que el mensaje de Jesús parece el de un filósofo que predica la pobreza para cuestionar la sociedad. El marxismo destructor de Claudia y la primera línea es la antítesis del cristianismo y la democracia.

martes, 17 de agosto de 2021

Cambios de la estrategia marxista

 

Hubo cuatro momentos claves en la evolución del marxismo: 1. Las modificaciones que le hizo alias Lenin en 1917 al promover una revolución contra la burguesía en un país sin burguesía y mayoritariamente campesino. Nunca hubo una revolución marxista en un país verdaderamente capitalista.

2. La visión hegemónica de la revolución propuesta por Antonio Gramsci (1891 -1937). El proletariado sigue siendo el sujeto revolucionario principal y logrará cambiar la cultura campesina con la colaboración de los intelectuales y educadores. El paradigma economicista de Marx es remplazado por el cultural: la mente del pueblo debe cambiar primero. Todas las grandes revoluciones han sido culturales, de las mentes o del lenguaje: judaísmo, cristianismo, la reforma protestante y la revolución burguesa.

 3. El socialismo del siglo XXI o posmarxismo del argentino Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe. Este nuevo marxismo rompe definitivamente con la tradición economicista de la izquierda, suprime el concepto de clase social, niega a la clase obrera su condición de sujeto revolucionario; busca la construcción discursiva de los sujetos revolucionarios articulando diversas fuerzas sociales mediante el cambio de su identidad con el adoctrinamiento de estudiantes, indígenas, mujeres, comunidad LGBTI, ecologistas, entre otros. Ese adoctrinamiento también se llama “la utilización de la función performativa del lenguaje” o la capacidad que tienen las palabras de cambiar la “realidad” o la identidad de esos nuevos actores que se suman a los obreros como sujetos de la revolución.

Slavoj Zizek, filósofo marxista, considera populista este socialismo del siglo XXI: “La manera de combatir el populismo de derechas consiste en recurrir al populismo de izquierda (de Chantal Mouffe) que, al tiempo que mantiene las coordenadas populistas básicas (la lógica de Nosotros contra Ellos, el pueblo contra una élite corrupta), las llenan de contenido izquierdista”. En esta crítica coincide el historiador Loris Zanatta: el populismo marxista es una nueva elaboración del mito del “pueblo elegido” del cristianismo. El populismo de izquierda es fascista.

4. La revolución molecular. Como hace el populismo bolivariano ante el fracaso contundente de la revolución comunista, el marco teórico del socialismo esquizoide de Félix Guattari busca incluir nuevos “sujetos” (máquinas deseantes) al proceso revolucionario sin ninguna consideración moral. Como las identidades (de cristiano, colombiano, demócrata, marxista, capitalista, etc.) las asumimos después de aprender el lenguaje en la familia, Deleuze y Guattari fundan la revolución molecular en una ficción soportada en el individuo antes de aprender a hablar y cuyo modelo es el esquizofrénico. Algo absurdo porque los humanos no podemos renunciar al lenguaje ni a la familia.

Todos los frustrados en su deseo individual están invitados a la primera línea: criminales, enfermos mentales, terroristas, guerrilleros, adolescentes, comunidad LGBTI, inmigrantes, indígenas, mujeres maltratadas, obreros, etc. Es anarquismo y populismo; el fracaso definitivo del socialismo. De la destrucción y el caos surgirá una nueva sociedad, según León Trotski (ídolo de Guattari) y quien abogó por la aplicación del terror de masas contra los “enemigos” del pueblo.

martes, 3 de agosto de 2021

Las noticias falsas de DW

 

No es difícil descubrir el sesgo marxista del canal alemán DW y su inclinación a favorecer el terrorismo, algo que se ha hecho más evidente en los acontecimientos recientes de Colombia. A eso puede contribuir la ingenuidad o a la falta de profesionalismo de sus reporteros, para no pensar en un plan general del canal.

Invitaron a participar en el programa Cuadriga (“A fondo”, hoy) a un profesor de una universidad suiza para quien el régimen de Nicolás Maduro es una democracia; pero ninguno de los contertulios lo cuestionó. En otro programa participó una militante del movimiento marxista Marcha Patriótica, residente en Alemania y de nombre Etna Martínez, cuyas declaraciones grabé y discutí en una columna. Eran tiempos del plebiscito del proceso de paz. Etna dijo, entre otras falsedades y ninguna verdad, que el Uribismo estaba llamando por teléfono a los colombianos para amenazarlos si votaban Sí al costoso Acuerdo.

Acababa de terminar el borrador de esta columna, cuando me encontré otra vez a Etna en DW, ahora con el título de socióloga y acompañada de otra chica, también de piel morena, que ratificaba todo lo que ella decía. Un hombre mayor de barba blanca y Úrsula Moreno, la moderadora, callaban y no le exigían pruebas de sus terribles afirmaciones. Esto dijo Edna: “El cartel de los Ochoa era de Cali” (falso); “no hay posibilidad de que en Colombia haya justicia porque Uribe controla las cortes y todas las instituciones” (falso); “los blancos de Cali creen que pueden matar indígenas y negros con total impunidad” (falso); “la salida es el proceso de paz, no una constituyente” (falso).

El abuso y la irresponsabilidad del canal alemán llegó al colmo con la presentación que hizo desde Siloé un joven desinformado y encargado de entrevistar encapuchados, terroristas y líderes de la revuelta. Un cínico “líder indígena” aseguró el 13 de mayo que los amotinados tenían más de 900 heridos, centenares de desaparecidos y muchas mujeres abusadas por la fuerza pública.

Esas falsas noticias se reflejan en los comunicados de la Unión Europea, las Naciones Unidas y los gobiernos extranjeros. También explican que una holandesa llegue a Pereira camuflada como profesora de inglés con el único propósito de vincularse a las FARC y compartir su catre con ingenuos campesinos e indígenas recién reclutados, según cuenta el exguerrillero León Valencia en la biografía de Tanja. O que una alemana, enceguecida por la visión romántica que Edna y sus camaradas difunden por Europa, venga a Cali para unirse a la primera línea de adolescentes criminales, tan ingenuos como ella.

Se entiende que una periodista chilena refugiada en Alemania por sus posiciones revolucionarias se imagine hoy, muchos años después, que todos los presidentes latinoamericanos no marxistas son clones de Pinochet. También es probable que los periodistas jóvenes del canal se alimenten de teorías conspiratorias y las informaciones mentirosas de las redes sociales, algo evidente en una de sus corresponsales en Bogotá.

martes, 20 de julio de 2021

Mi viaje a Cuba

 

El canal alemán DW, responsable de muchas noticias falsas sobre el paro de nuestro país que circulan por todo el mundo, utiliza la misma expresión “estallido social” para referirse a las protestas cubanas y colombianas.

Sin embargo, en la Isla no hay bloqueos de vías, participan ciudadanos de todas las edades y no hay adoctrinamiento previo en colegios y universidades para enfrentar al Estado; no hay guerrilleros, narcotraficantes, mercenarios pagados por organizaciones criminales no identificadas, ni delincuentes que saqueen comercios o incendien palacios de justicia y oficinas de registro. Lo de Cuba sí es un estallido social; lo nuestro es una guerra premeditada con varios enemigos nacionales y extranjeros tratando de destruir nuestra economía mientras los cínicos sindicatos chantajean al Estado con unos ataques que no son suyos.

Viajé a Cuba en 1993, cuando ya había caído el Muro de Berlín y casi todos los regímenes comunistas del mundo, razón por la cual la situación económica allí era un desastre. Ya Fidel no contaba con los subsidios económicos de la URSS. La Habana parecía una ciudad bombardeada como sigue siendo hoy; los atracos a los turistas eran frecuentes; las señoras se acercaban a mi esposa para pedirle toallas sanitarias, crema dental o jabón; los niños, todos muy delgados, nos pedían un “one” dólar; muy pocos almacenes con filas permanentes de clientes; nada de cafeterías, bares o restaurantes.

A pesar de la paranoia que la iniciativa privada produce en todos los regímenes de izquierda, el dictador Castro autorizó por aquellos días los “paladares” o restaurantes caseros. La economía clandestina predominaba sobre la oficial y el PIB era comparable a las utilidades de una película de Steven Spielberg.

Nos reunimos con un grupo de médicos en el Hospital de La Habana porque el viaje hacía parte de un programa de ASMEDAS, la asociación médica sindical del Seguro Social, en cuya junta directiva yo era el único miembro, de once, que no había pertenecido en su adolescencia a la JUPA, Juventud Patriótica del MOIR, línea maoísta, o a la JUCO, Juventud Comunista. Los colegas cubanos hablaron de ideología marxista, no de medicina.

Pocos años después, un médico cubano, el Dr. Valdez, vino a trabajar en la ciudadela Cuba y nos explicaba la gran farsa que es la medicina de su país: “Si usted no es militante del Partido, no tiene trabajo ni siquiera de botones o mesero en un hotel por más títulos que posea”; “ojalá los hospitales de mi país tuvieran la dotación del hospital de la ciudadela Cuba”. Como en Cuba no ha habido economía desarrollada, profesionales especializados que trabajaban en oficios humildes de los hoteles nos pedían que los invitáramos a Colombia para huir del régimen.

Muchos profesionales colombianos de mi generación siguieron fieles al dogma comunista y hoy colaboran con la subversión y la izquierda en las cortes y otros puestos de poder. Son 62 años perdidos de revolución, si puede llamarse así a esa tragedia.

martes, 13 de julio de 2021

La maestra no enseña


“La maestra no enseña; da órdenes, manda”. “El lenguaje no está hecho para que se crea en él, sino para obedecer y hacer que se obedezca”. Cuando una maestra pone como tarea una investigación sobre los falsos positivos y la acompaña de un cuestionario acomodado para que los niños deban concluir que el expresidente Uribe es responsable, no está enseñando, está obligando a creer en su ideología marxista. Si quisiera enseñar, debería incluir las diversas opiniones o análisis, sin el prejuicio de un cuestionario malicioso, para que los niños decidan o discutan si Uribe es culpable o no.

La madre no enseña; da órdenes, manda. Cuando la madre nos enseña las primeras palabras y con ellas nos introduce en la religión cristiana, está haciendo exactamente lo mismo que los maestros adoctrinadores marxistas de colegios y universidades: nos está obligando a aceptar que Jesús es el redentor y que nos llevará al cielo. Si la mamá quisiera enseñar religión, nos presentaría las diversas opciones, incluido el ateísmo, para que en la madurez decidamos libremente. El sacerdote y el pastor no enseñan, dan órdenes. Cuando hablamos, todos damos órdenes.

Cuando W Radio propone hashtag o etiqueta, después de un comentario malicioso desorientador similar al cuestionario de la maestra, no está informando, está mandando. Porque sabe que millones de colombianos creen que la emisora entiende sus frustraciones y las proyecta contra el Gobierno o en favor de la izquierda y los bloqueos asesinos. Eso da audiencia o “primera tendencia” y mucho dinero. Además, ese medio es propiedad de la cadena Caracol, incondicional repetidora de las “enseñanzas” u órdenes del expresidente Santos y la izquierda sobre el Acuerdo de paz, con fanáticos marxistas como Aurelio Suárez.

Ahora, ¿de dónde surge la facultad o el poder de la maestra, en una sociedad cualquiera (democrática, nazi, comunista, cristiana, atea o musulmana) para “enseñar” o dar órdenes? Surge de la estructura mental, de la cultura de cada sociedad, aunque la maestra la traicione y, en lugar de preparar a los estudiantes en democracia, los instruya para destruirla con la primera línea. Es “la microfísica del poder” de que habla Michel Foucault.

Los pedagogos de izquierda afirman que la maestra ejerce la “libertad de cátedra”. Falso. La maestra no es libre para transmitir su ideología, sino que está determinada por ella, como la madre, el periodista y el sacerdote. La persona humana no es una entidad o ser; es una creación mental. La relación ya no es de clases o de personas, porque la burguesía y los capitalistas también están sometidos al orden simbólico o al lenguaje. Esta es la razón por la cual la izquierda busca crear una nueva lengua a base de mentiras y noticias falsas.

Las citas del comienzo de esta nota son del libro Mil mesetas, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, creadores de la revolución molecular. Es otra forma de pensar, posmoderna, necesaria para entender el caos actual.

martes, 6 de julio de 2021

UNA PELEA DE PSICÓPATAS


Uno de los efectos “positivos” de la actual guerra geopolítica y terrorista es el destape de personalidades francamente patológicas que, como expresó en Twitter la periodista Andrea Nieto, “deben someterse a una evaluación psiquiátrica”. Aunque solo se refería a Claudia López, su sugerencia puede aplicarse a su rival en la próxima campaña electoral, Gustavo Petro. En tiempos de crisis aflora lo peor de nosotros.

El psiquiatra de la Universidad de Harvard, Carlos E. Climent, en su libro La locura Lúcida (2014), señala entre los criterios internacionales para el diagnóstico de un antisocial: Incapacidad para experimentar culpa y gran facilidad para culpar a los demás. Desde cuando Claudia López llegó a la alcaldía, no ha hecho otra cosa. También Gustavo Petro ha torcido la realidad para inventar culpables y exonerarse él mismo, a los terroristas y a su peligroso aliado Gustavo Bolívar.

Mientras Petro acusa al Uribismo y al Gobierno nacional de la violencia en las calles, bloqueos e incendios de una clínica renal en Medellín o del Palacio de Justicia de Tuluá, Claudia acusa a la Colombia Humana y al Centro Democrático. Para ambos, las actividades de “los pelaos del corazón” o de “los pacíficos estudiantes” son perfectamente justificables y necesarias. Petro aseguró en la W Radio que en 15 días se solucionaría el paro si el presidente Duque negocia con los estudiantes ansiosos de lograr un cupo en la universidad. No obstante, todos sabemos que hay muchos otros delincuentes involucrados en esta guerra indefinida y que no les interesa un acuerdo.

Cuando el 30 de junio Félix de Bedout interrogó a Petro sobre el incendio de la clínica renal, con cinismo eludió la pregunta y atacó a los medios por parcializados pues no denuncian los 81 jóvenes asesinados (21 muertes tienen relación con las protestas y la mayoría no son estudiantes) por el Estado. Ese mismo día, Yamid Amat le pidió la opinión a Claudia sobre “tanta violencia”; también eludió la pregunta y se refirió a los subsidios de tres millones de pesos para los votantes, perdón, para los jóvenes pobres emprendedores.

Otros criterios psiquiátricos para definir el diagnóstico de psicópata: “Actitud evidente y persistente de irresponsabilidad y desinterés en las normas sociales, reglas y obligaciones; muy baja tolerancia a la frustración y una gran facilidad de reaccionar de manera agresiva o incluso violenta; insensible a las necesidades de los demás”. Tres de los signos anotados son suficientes para identificar un antisocial.

Otra característica de los antisociales es su capacidad histriónica o habilidad para representar diversos papeles. La facilidad de Claudia para llorar en público o aparecer con sus disfraces de kokoriko, con una capa de superheroína o de muy devota para recibir la minga, no la muestran mejor que Petro con esa voz ceremoniosa y pausada para pontificar sobre ridículas soluciones a los problemas económicos como la emisión de dinero. Los psicópatas son confabuladores, seductores y sus víctimas preferidas son los ingenuos.

martes, 29 de junio de 2021

El decapitado por la primera línea

 

Santiago Ochoa, de 23 años y trabajador de una ferretería, fue decapitado por una de las bandas criminales que hacen parte de la primera línea de los delincuentes y milicianos universitarios que atacan nuestra economía, buscan el control territorial del suroeste colombiano, han intentado asesinar al presidente Duque y quieren tomar el gobierno para la izquierda.

Según informaciones de prensa, “La Inmaculada” es la banda que ha desmembrado, decapitado o asesinado a unas 59 personas en el Valle del Cauca en lo que va del paro o guerra asimétrica este año. La participación de estas bandas criminales en el paro explica también el incendio de oficinas de registro y del Palacio de Justicia de Tuluá con el propósito de destruir los documentos que puedan afectarlas.

Los militantes de la izquierda inundaron las redes y los medios con información falsa, como es usual, para señalar a la Fuerza Pública como responsable del asesinato de Ochoa.   La congresista de la Alianza Verde, Katherine Miranda, se apresuró a responsabilizar al gobierno del crimen en las redes sociales.

Desde cuando se inauguró en Italia la revolución molecular en 1977 se estableció la participación de todo tipo de delincuentes y terroristas en las distintas líneas de los ataques o manifestaciones, como las Brigadas Rojas, creadas en 1970; también participaron los Núcleos Armados Proletarios que reunían a militantes de extrema izquierda y a antiguos prisioneros de delitos de derecho común. Estos datos los he tomado de la biografía cruzada de Gilles Deleuze y Félix Guattari, escrita por F. Dosse, en un capítulo titulado “La revolución molecular: Italia, Alemania, Francia”.

Creo que ahora no queda duda alguna sobre el carácter bélico de lo que simula ser una protesta pacífica del pueblo en búsqueda de reformas políticas, sociales y económicas. Se revela también que el Consejo Nacional del Paro no era más que una pantomima de las centrales obreras para burlarse de los ingenuos, la mayoría de los colombianos, convencidos de que ese “paro” los representa. Es evidente, además, que el presidente Duque está en mora de declarar la Conmoción Interior, como hizo Italia en 1977, mecanismo necesario para enfrentar una guerra.

En el análisis del paro me impresiona la patología mental o emocional de quienes lo apoyan. ¿Cómo puede un estudiante romántico, lleno de ideales en favor de los derechos humanos y de los más pobres, participar en un ejército de delincuentes, asesinos, guerrilleros, mercenarios, narcotraficantes y psicópatas?

Este último párrafo es mi interpretación de las palabras del filósofo Jacques Derrida a propósito de la publicación del Anti-Edipo, marco teórico de la revolución molecular escrito por Deleuze y Guattari. Dijo Derrida que es un “libro malo (confuso, lleno de negaciones crispadas, etc.), pero un acontecimiento sintomático importante, a juzgar por la demanda a la que evidentemente responde y la recepción que se le hizo en un muy amplio y muy sospechoso sector de la opinión.”

lunes, 21 de junio de 2021

Los falsos positivos

 

Hubo más falsos positivos en los gobiernos anteriores al de Uribe que en el suyo. Quien debe comparecer ante la Comisión de la Verdad como testigo es su presidente, el jesuita Francisco de Roux. En los años ochenta la ONG de su comunidad, el CINEP, denunció los falsos positivos de los militares con conocimiento de los oficiales; pero ningún gobierno se enteró o todos prefirieron desentenderse del asunto. Por otras fuentes confirmé que fue un crimen habitual durante muchos años.

Solo el presidente Uribe decidió denunciarlos y sancionó a los oficiales involucrados. Según la JEP, el 78 % de los falsos positivos ocurrieron durante el gobierno de Uribe, pero no dan los datos de los cuarenta años o más anteriores, imposibles de rastrear hoy. El expresidente tal vez no se imaginó que esa infamia fuese cierta y soltó declaraciones ofensivas para los familiares de las víctimas. Un camandulero como él no mata una mosca y mucho menos ciudadanos inocentes.

La JEP, la izquierda y medios como la W Radio, Caracol, El Espectador y Blu Radio, interesados en cuestionar y desacreditar a Uribe por motivos políticos y económicos, no especifican los falsos positivos ocurridos en cada gobierno y con malicia repiten el dato de la JEP, 6.402, casi ochocientos por año, dos o tres por día.

Es posible que, como pasó con la masacre de los militantes de la Unión Patriótica, brazo político de las FARC-EP, se haya exagerado el dato y se hubiese incluido como víctimas de los falsos positivos a los familiares y al perro. Inicialmente se habló de 1.500 militantes de la UP asesinados; en el último informe mentiroso de Semana, cuando era dirigida por el sobrino del expresidente Santos, se habló de más de 6.000 “víctimas”. ¿Si eran tantos los miembros de la UP? ¿Cuántos sobrevivieron?

Como tenemos una mentalidad binaria heredada de las estructuras o relatos que nos controlan –cristianismo, democracia, marxismo y redes sociales-, hemos perdido la capacidad de análisis. No indagamos por el silencio de los militares después de que el Acuerdo de paz lo convirtieran en un intercambio de impunidades, aunque expresamente el documento lo niega. Si hubo 6.402 falsos positivos y por lo menos hubo diez autores materiales por caso, tendríamos más de 64.000 militares involucrados, sin contar los respectivos y numerosos superiores que sirvieron de cómplices y no denunciaron. La JEP es juez y parte y por eso engaña.

Un análisis serio mostraría también el giro dado por la izquierda en los últimos años. Después de las denuncias sobre el fracaso del marxismo en los años ochenta, sus ideólogos, como el argentino Ernesto Laclau, entendieron que la mejor arma para sus propósitos era el control del lenguaje. En Colombia lo han logrado con la ayuda de los medios y las redes. “Uribe” significa paraco asesino; “decentes” son guerrilleros y violadores de niños; “políticos corruptos” quiere decir políticos no mamertos; “presidente Duque” es sinónimo de dictador.

martes, 15 de junio de 2021

Las caras de la revolución molecular

 

La forma más sencilla de entender las protestas es la histórica. Eso intenté mostrar en una columna de diciembre de 2019 sobre revolución molecular, RM. Hablé de sus orígenes en los años setenta del siglo pasado y su debut en 1977 en Italia con epicentro en la ciudad de Bolonia. El paro fue controlado con la declaratoria de estado de sitio y la prohibición de manifestaciones públicas.

También se pueden describir esas protestas como un montaje teatral que se expresa en otra semiología para confundir al Gobierno, comunidad, medios, organismos defensores de los derechos humanos y a muchos de los participantes en el paro. Esa perspectiva la titulé “no son infiltrados”, para mostrar que ellos (vándalos, terroristas, milicias estudiantiles, mercenarios, guerrilleros y bandas criminales) son la esencia o razón de ser del movimiento, mientras que los manifestantes pacíficos son los actores extras con los efectos especiales de la película para engañar al auditorio nacional e internacional.

El aspecto más importante de la RM es el geopolítico. Sus principales artífices son el marxismo internacional, algunos gobiernos y organizaciones financiadoras: Rusia, China comunista, Venezuela, Cuba, Argentina peronista, las FARC-EP y las mafias del narcotráfico. Más que identidad ideológica, entre ellos priman los intereses económicos como los de Rusia en Venezuela o los de las mafias enemigas de la aspersión aérea con glifosato. Es una “guerra híbrida”, como la definió el senador Rodrigo Lara, igual a la que se llevó a cabo en Ucrania en 2014, con difusión mundial de noticias falsas y la toma de parte del territorio de ese país por los rebeldes apoyados por Rusia. En Colombia empezaron por el suroeste.

La faceta filosófica del paro me parece genial porque, a pesar de ser poco conocida y cuestionable, sirvió de base al marxismo y a la delincuencia internacionales para dar un golpe certero en los países donde se ha intentado, con tal habilidad que logra engañar todo el mundo como es evidente en los análisis de los expertos y de los medios colombianos. En la aplicación de la estrategia ya no importa mucho la muy discutible teoría de los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari. Importa el resultado o “acontecimiento” (como lo llaman) que consiste en hacer una guerra contra la economía, con el ánimo de tomar territorio y sin ningún respeto por la vida humana (en pandemia) y el futuro de la Nación.

 La RM es cultural, secuela del romántico Mayo del 68 y de la Revolución cultural (1966) que Mao Zedong inició también con niños. El peor error de la derecha fue entregar al marxismo el manejo de la cultura. El paro es una toma guerrillera que se empezó a preparar hace unos veinte años con el adoctrinamiento de los nuevos guerrilleros estudiantiles, cuando llegó el mundo virtual de las noticias falsas. El Acuerdo de paz fue el primer paso. El ELN entendió que la revolución es urbana y por eso quiere negociar.

martes, 8 de junio de 2021

El filósofo Sergio Jaramillo


Porque me ha correspondido enfrentar el debate filosófico con quienes se presentan ante la comunidad como expertos en esa disciplina, quiero hacer una denuncia pública contra el comisionado de Paz del gobierno de Juan Manuel Santos por los errores imperdonables que cometió en los diálogos de La Habana y que sigue repitiendo en sus intervenciones públicas.

Es inaceptable que Jaramillo no haya tenido información alguna sobre la ideología o enfoque de género, o haya permanecido callado cuando esa perversa ideología marxista se introdujo en el Acuerdo y en nuestra Constitución Nacional, y que tampoco haya corregido al expresidente cuando aseguró y repitió que esa ideología no existe. Si no sabía nada del asunto, debió informarse o al menos haber consultado los textos más importantes de esa teoría, El género en disputa, 1990, de la marxista Judith Butler, y El segundo sexo, 1949, de la también marxista Simone de Beauvoir. El Acuerdo legaliza la pedofilia y el incesto, y amenaza nuestra organización familiar. ¿Cómo un filósofo no sabe eso? ¿Por qué asumió una responsabilidad para la que no estaba preparado?

También le debe una explicación a la Nación hoy por la forma como el Gobierno Santos sirvió de cómplice al marxismo internacional en la preparación de la protesta y el terrorismo actuales al dar en el Acuerdo con las FARC todas las garantías a las manifestaciones. Debe explicarles a los colombianos si hubo otro acuerdo bajo la mesa que se expresó en un proyecto de ley de 2017 (que por fortuna no se aprobó) para conceder impunidad a los delincuentes y terroristas que intervinieran en los bloqueos futuros y que deberían comparecer ante la JEP y no ante la Fiscalía. Era otro acuerdo después del Acuerdo y que en el Código Penal se puede tipificar como traición a la Patria, concierto para delinquir y rebelión. Todo por un Nobel y una buena paga.

No puede ser que un filósofo nunca haya leído sobre Gilles Deleuze y Félix Guattari, los dos grandes pensadores franceses del siglo pasado que cuestionaron el marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo y que, sobre esa base, Guattari haya elaborado la revolución molecular que ya triunfó en Venezuela, Brasil, Bolivia y Chile, y cuya estrategia haya sido utilizada en las protestas de Ecuador, Perú, Ucrania, Estados Unidos y Colombia.  ¿No le llama la atención a Jaramillo el hecho de que no haya protestas similares en Venezuela, Argentina, Nicaragua y Bolivia, cuyos gobiernos son de izquierda?

Más irresponsable fue la aprobación diez curules para guerrilleros y quince más elegidas en zonas controladas por las FARC bajo el eufemismo de “curules para las víctimas”. Esos votos, sumados a los de la izquierda, mantienen bloqueado el Congreso de tal forma que cualquier iniciativa buena para el país es negada sin mucha discusión.

Colombia está despertando y comprendiendo que el Acuerdo de La Habana fue el primer paso para esta guerra absurda de amenazas imprevisibles.

martes, 25 de mayo de 2021

Es una guerra generacional

 

De un lado están los jóvenes entre 18 y 28 años, perfectamente bien perfilados por las encuestas y las pruebas de conocimientos. Más del 80 por ciento de ellos prefieren una dictadura a una democracia y votaron por Petro en las últimas elecciones; no leen y cuando lo hacen no entienden lo que leen y confunden una opinión con un hecho; no tienen capacidad de análisis, empatía ni concentración. Por eso son los protagonistas de la misma tragedia que ya vivieron Italia, Venezuela, Brasil y Chile.

Crecieron en el mundo del internet en el que es permitido cambiar de identidad sin ninguna consecuencia; en los juegos virtuales se convierten en asesinos; la sexualidad por celular les permite cambiar de género o de aberración sin las implicaciones del mundo de carne y piel; aprendieron su jerga en las cloacas de las redes sociales; su “realidad” se construye con noticias falsas, calumnias y odio. Una vida sin moral e infeliz, que solo encuentra paz en las drogas o en la tumba.

Desprecian la Nación, el cristianismo, la cultura que les dimos y nuestras instituciones; ven a sus padres como culpables de las injusticias sociales, la destrucción del Planeta y la corrupción de los políticos. Todo ello porque el espejo negro o sus viajes les mostraron otras formas de ser o de vivir sin la cursilería de este país despreciable y uribista.

Están en la edad de “matar al padre simbólico”, el portador de las normas, para cambiarlo por la ilusión de una libertad que pierden al identificarse con una ideología que les dan sus maestros y que habla de destruir la familia, la sociedad capitalista y a esa manada de ricos y políticos que “nos tienen en la inmunda”. Les dimos lo que nunca tuvimos; pero cuando fueron a la universidad se sintieron importantes y aprendieron a repudiar todo lo que somos.

Nacieron después de la caída del Muro de Berlín; de historia solo conocen la tergiversada por sus maestros llenos de envidia y resentimiento. No saben de ternura o de los detalles que hacían felices a sus padres, porque para ocultar su mediocridad se creen Adán que llega a construir el mundo; ignoran el placer de compartir un café con un amigo sin el estorbo maligno de un celular.  

El otro bando somos los viejos. Con unas identidades aprendidas desde niños que daban sentido y felicidad a nuestras vidas antes de que internet las destruyera. Somos cristianos o agnósticos; amantes de una democracia que ya sabíamos injusta y corrupta, pero que nunca pensamos en destruir para remplazarla por la ilusión de hacer algo distinto que siempre termina en totalitarismo. Confiábamos en que la lógica del desarrollo económico resolviera la corrupción y las desigualdades hasta convertir en realidad el sueño imposible de los derechos humanos. “Nuestros” hijos no han entendido que todas las ideologías son falsas. Ahora son los hijos de las FARC.

lunes, 17 de mayo de 2021

No son infiltrados


El autor del nuevo proyecto de rebelión no creía en el psicoanálisis; tampoco, en la versión tradicional del marxismo. Mezcló ambas ideologías modificadas y lanzó la revolución del deseo. Como la revolución proletaria era un fracaso para aquel año 1976, se le ocurrió una idea terrible que ha permitido a la nueva izquierda resucitar de sus cenizas por medio de un experimento peligroso cuyas consecuencias ya se vieron en Venezuela, Brasil y Chile.

Se trataba de crear una protesta de los grupos sociales que tuviesen alguna frustración de su deseo: estudiantes, intelectuales, guerrilleros, feministas, desplazados, delincuentes, bandas criminales, terroristas, comunidad LGBTI, presidiarios, migrantes, drogadictos, enfermos mentales y similares, todos, víctimas del capitalismo, según Félix Guattari. Su plan lo llamó Revolución Molecular, RM.

La idea es genial para sus propósitos porque desorienta a todos y se interpreta con los modelos mentales tradicionales de los paros obreros, tal como sucede hoy en Colombia. De hecho, cuando se lanzó ese proyecto en Bolonia (1977), el Partido Comunista Italiano formaba parte de la coalición de gobierno y no tenía relación con el paro.

No es una rebelión obrera, de estudiantes o de los partidos de izquierda exclusivamente. No busca consensos o reformas y de allí que los diálogos son otro engaño. Las FARC sabían lo que venía y por eso exigieron en el Acuerdo de paz garantías para las manifestaciones. ¿Conocía Santos las implicaciones de lo que firmó? Un exguerrillero del partido Comunes escribió en redes hace una semana que ¡Viva la Revolución Molecular!; pero el trino se retiró pronto.

El expresidente Uribe habló de RM. Lo insultaron y calumniaron en El Espectador, La silla vacía y otros medios simpatizantes del terrorismo. Como Uribe no sabe de filosofía, guardó silencio ante los ataques rastreros. Los marxistas internacionales no podían aceptar que su farsa fuese descubierta y menos por su enemigo más odiado.  El engaño, las noticias falsas o las alteraciones del lenguaje son las nuevas armas más dañinas de la izquierda.

No son infiltrados los encapuchados, vándalos, terroristas y organizaciones criminales; conforman la esencia de la RM transversal o del deseo. Los infiltrados o “ajenos” a la revuelta son quienes van con tambores y cantan en las manifestaciones pacíficas con el propósito de engañan a medios, Gobierno, comunidad internacional y organismos defensores de los derechos humanos, para que los verdaderos protagonistas de la protesta salgan a dañar la economía, crear terror y a asesinar con sus bloqueos. Tal vez muchos “pacíficos” son idiotas útiles.

Definición de la RM: “Es una revolución política que no tiene estructura ni liderazgo identificable y los actores se parecen a moléculas sin coordinación ni verticalidad. Es disipada porque sus microinteracciones se desvanecen constantemente, dificultando la acción de la fuerza pública”. En palabras de Guattari: “En tales condiciones, la insurrección, medio tolerada e incentivada, en la medida en que es objeto de apropiación, podría considerarse como parte del mismo sistema que la absorbe”.