Algunos
investigadores de los evangelios han encontrado marcadas similitudes entre las
enseñanzas de Jesús de Nazaret y de los filósofos cínicos de la antigua Grecia
y el imperio romano. El significado de la palabra “cínico” en este contexto es
distinto al que tiene en nuestro lenguaje ordinario o convencional. Llamamos
habitualmente cínica a “la persona que actúa con falsedad o desvergüenza;
impúdica, procaz”. Hay otro significado mucho más descriptivo de lo que
entendemos por cínico. Con varios ejemplos me explicaré.
Cuando se le
pregunta a un varón por su esposa, él podrá responder: “está bien, pero hay
mejores”. Ese es la respuesta típica del cínico. Otra respuesta a la misma
pregunta podría ser: “está bien, pero el amor es cuestión de gustos”. La
segunda frase en ambas respuestas es objetiva, real, válida: “hay mejores”, “el
amor es cuestión de gustos”. Son respuestas sin sujeto, como si quien la
pronuncia no existiera; es una posición imposible o inaceptable en una persona
enamorada.
Otro ejemplo.
Claudia López dijo hace unas semanas: “En las manifestaciones de hoy fueron
destruidos ocho buses del Sistema Integrado de Transporte de Bogotá; pero eso
no es problema porque se pagan con los impuestos”. La segunda frase, objetiva o
real, es expresión cínica porque la dice como si a ella no le importara, como
si ella no existiera, como si los millones de pesos perdidos no tuvieran importancia
porque los ponen los ricos. El discurso izquierdoso de Claudia incluye además
un mensaje subliminal para los terroristas de la primera línea: “sigan
destruyendo que los ricos pagan”; como si los pobres no pagaran impuestos. Recordemos
que Claudia participó en las protestas de 2019.
Cuando
hablamos de Jesús como un cínico, no lo estamos comparando con el marido cínico
o la alcaldesa. Para que tengamos un referente, pensemos en los jipis del siglo
pasado: su indumentaria sucia y descuidada, el desprecio por los
convencionalismos sociales; la obsesión por la libertad, la felicidad o el
sentido de la vida que dan las cosas y labores sencillas; el estilo itinerante o
aventurero y el desprecio por la sociedad. Hay, pues, ciertas analogías entre
los jipis, los filósofos cínicos y los discípulos de Jesús.
La expresión
“cínico” aplicada a Claudia López tiene un sentido completamente opuesto al que
le damos cuando nos referimos a los sabios filósofos de la antigüedad. Si el
cínico hoy es quien habla como si él mismo no existiera o se despreciara, los
filósofos cínicos, igual que los cristianos, centraban sus enseñanzas en la
preocupación por sí mismo y el rechazo a la sociedad, el dinero, los honores,
la sabiduría. Recordemos las bienaventuranzas o “no os preocupéis por la comida
o el vestido… mirad los lirios del campo…” y veremos que el mensaje de Jesús
parece el de un filósofo que predica la pobreza para cuestionar la sociedad. El
marxismo destructor de Claudia y la primera línea es la antítesis del
cristianismo y la democracia.
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