Hubo cuatro
momentos claves en la evolución del marxismo: 1. Las modificaciones que le hizo
alias Lenin en 1917 al promover una revolución contra la burguesía en un país
sin burguesía y mayoritariamente campesino. Nunca hubo una revolución marxista
en un país verdaderamente capitalista.
2. La visión
hegemónica de la revolución propuesta por Antonio Gramsci (1891 -1937). El
proletariado sigue siendo el sujeto revolucionario principal y logrará cambiar
la cultura campesina con la colaboración de los intelectuales y educadores. El
paradigma economicista de Marx es remplazado por el cultural: la mente del
pueblo debe cambiar primero. Todas las grandes revoluciones han sido
culturales, de las mentes o del lenguaje: judaísmo, cristianismo, la reforma
protestante y la revolución burguesa.
3. El socialismo del siglo XXI o posmarxismo
del argentino Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe. Este nuevo marxismo rompe
definitivamente con la tradición economicista de la izquierda, suprime el
concepto de clase social, niega a la clase obrera su condición de sujeto
revolucionario; busca la construcción discursiva de los sujetos revolucionarios
articulando diversas fuerzas sociales mediante el cambio de su identidad con el
adoctrinamiento de estudiantes, indígenas, mujeres, comunidad LGBTI,
ecologistas, entre otros. Ese adoctrinamiento también se llama “la utilización
de la función performativa del lenguaje” o la capacidad que tienen las palabras
de cambiar la “realidad” o la identidad de esos nuevos actores que se suman a
los obreros como sujetos de la revolución.
Slavoj Zizek,
filósofo marxista, considera populista este socialismo del siglo XXI: “La
manera de combatir el populismo de derechas consiste en recurrir al populismo
de izquierda (de Chantal Mouffe) que, al tiempo que mantiene las coordenadas
populistas básicas (la lógica de Nosotros contra Ellos, el pueblo contra una
élite corrupta), las llenan de contenido izquierdista”. En esta crítica
coincide el historiador Loris Zanatta: el populismo marxista es una nueva
elaboración del mito del “pueblo elegido” del cristianismo. El populismo de
izquierda es fascista.
4. La
revolución molecular. Como hace el populismo bolivariano ante el fracaso
contundente de la revolución comunista, el marco teórico del socialismo
esquizoide de Félix Guattari busca incluir nuevos “sujetos” (máquinas deseantes)
al proceso revolucionario sin ninguna consideración moral. Como las identidades
(de cristiano, colombiano, demócrata, marxista, capitalista, etc.) las asumimos
después de aprender el lenguaje en la familia, Deleuze y Guattari fundan la
revolución molecular en una ficción soportada en el individuo antes de aprender
a hablar y cuyo modelo es el esquizofrénico. Algo absurdo porque los humanos no
podemos renunciar al lenguaje ni a la familia.
Todos los
frustrados en su deseo individual están invitados a la primera línea:
criminales, enfermos mentales, terroristas, guerrilleros, adolescentes,
comunidad LGBTI, inmigrantes, indígenas, mujeres maltratadas, obreros, etc. Es
anarquismo y populismo; el fracaso definitivo del socialismo. De la destrucción
y el caos surgirá una nueva sociedad, según León Trotski (ídolo de Guattari) y
quien abogó por la aplicación del terror de masas contra los “enemigos” del
pueblo.
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