No es difícil descubrir el sesgo marxista del canal alemán DW y su inclinación a favorecer el terrorismo, algo que se ha hecho más evidente en los acontecimientos recientes de Colombia. A eso puede contribuir la ingenuidad o a la falta de profesionalismo de sus reporteros, para no pensar en un plan general del canal.
Invitaron a participar en el programa Cuadriga (“A fondo”,
hoy) a un profesor de una universidad suiza para quien el régimen de Nicolás
Maduro es una democracia; pero ninguno de los contertulios lo cuestionó. En
otro programa participó una militante del movimiento marxista Marcha Patriótica,
residente en Alemania y de nombre Etna Martínez, cuyas declaraciones grabé y discutí
en una columna. Eran tiempos del plebiscito del proceso de paz. Etna dijo,
entre otras falsedades y ninguna verdad, que el Uribismo estaba llamando por
teléfono a los colombianos para amenazarlos si votaban Sí al costoso Acuerdo.
Acababa de terminar el borrador de esta columna, cuando me
encontré otra vez a Etna en DW, ahora con el título de socióloga y acompañada
de otra chica, también de piel morena, que ratificaba todo lo que ella decía.
Un hombre mayor de barba blanca y Úrsula Moreno, la moderadora, callaban y no
le exigían pruebas de sus terribles afirmaciones. Esto dijo Edna: “El cartel de
los Ochoa era de Cali” (falso); “no hay posibilidad de que en Colombia haya
justicia porque Uribe controla las cortes y todas las instituciones” (falso); “los
blancos de Cali creen que pueden matar indígenas y negros con total impunidad” (falso);
“la salida es el proceso de paz, no una constituyente” (falso).
El abuso y la irresponsabilidad del canal alemán llegó al
colmo con la presentación que hizo desde Siloé un joven desinformado y encargado
de entrevistar encapuchados, terroristas y líderes de la revuelta. Un cínico
“líder indígena” aseguró el 13 de mayo que los amotinados tenían más de 900
heridos, centenares de desaparecidos y muchas mujeres abusadas por la fuerza
pública.
Esas falsas noticias se reflejan en los comunicados de la
Unión Europea, las Naciones Unidas y los gobiernos extranjeros. También
explican que una holandesa llegue a Pereira camuflada como profesora de inglés
con el único propósito de vincularse a las FARC y compartir su catre con
ingenuos campesinos e indígenas recién reclutados, según cuenta el
exguerrillero León Valencia en la biografía de Tanja. O que una alemana,
enceguecida por la visión romántica que Edna y sus camaradas difunden por
Europa, venga a Cali para unirse a la primera línea de adolescentes criminales,
tan ingenuos como ella.
Se entiende que una periodista chilena refugiada en Alemania por
sus posiciones revolucionarias se imagine hoy, muchos años después, que todos
los presidentes latinoamericanos no marxistas son clones de Pinochet. También
es probable que los periodistas jóvenes del canal se alimenten de teorías
conspiratorias y las informaciones mentirosas de las redes sociales, algo
evidente en una de sus corresponsales en Bogotá.
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