sábado, 6 de noviembre de 2021

La séptima función del lenguaje

 

El 25 de marzo del 1980 muere el semiólogo Roland Barthes en París después de haber sido atropellado por un auto. De este hecho parte el profesor Laurent Binet para montar una deliciosa, irónica e inteligente parodia, con una carga de sátira política y filosófica, titulada La séptima función del lenguaje, publicada por Seix Barral en 2015.

La trama está montada sobre una leyenda: el dueño de la séptima función del lenguaje dominará el mundo; pero perderá su poder al ser conocida por todos. Esa es la función performativa sobre la que escribí una columna para discutir el enfoque de género y que consiste en el poder que tienen las palabras de crear realidad por el simple hecho de pronunciarlas. Como cuando el sacerdote o el juez nos dicen “os declaro marido y mujer” o cuando un juez profiere una condena de prisión. El primer acto performativo es relatado en la Biblia y realizado por Dios: “Hágase la luz. Y la luz se hizo”.

Antes de 1960 se había descubierto y explicado esa función que no estaba incluida entre las seis que había descrito el lingüista ruso Roman Jakobson: las funciones referencial, emotiva, conativa, fática, metalingüística y poética.

El investigador de la muerte de Barthes piensa que pudo ser un asesinato para arrebatarle la fórmula de la función performativa descubierta por el filósofo británico John L. Austin (1911 – 1960). Su discípulo John Searle conforma, con los grandes filósofos parisinos de entonces, incluida Judith Butler, más el presidente de Francia y el semiólogo italiano Umberto Eco, el reparto de la intriga. Esta novela es exigente en cuanto a los conocimientos que el lector debe tener sobre filosofía y lingüística para disfrutarla plenamente. Ahora paso a profundizar un poco más sobre la séptima función.

En una columna anterior mostré que la maestra, la madre, el sacerdote y el periodista no enseñan ni comunican, sino que mandan o dan órdenes gracias al poder que la estructura simbólica o las ideologías de la sociedad les dan. Por eso la palabra es poder. Cuando aprendemos a hablar, las palabras programan nuestra mente con todas las ideologías que definen nuestra sociedad, incluidas la religión, el idioma, la nacionalidad, el capitalismo, la democracia, etc.

Los profesores que adoctrinan en marxismo no lo hacen en función de la libertad de cátedra o con el propósito de generar espíritu crítico; están dando órdenes, mandando porque, si enseñaran realmente, nos presentarían las fallas y alternativas del marxismo. Cualquier frase o sentencia crea realidad. La función performativa no es exclusiva de unas cuantas locuciones como en los ejemplos anotados arriba.  

La izquierda conoce muy bien la función performativa del lenguaje y la usa para intentar dominar el mundo a través de las noticias falsas, las calumnias, la destrucción de estatuas o la corrección de libros, películas, obras de arte y lenguajes que conforman nuestras tradiciones; pero perderá su poder cuando todos entendamos esa función performativa.

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