martes, 16 de noviembre de 2021

Los programas de Petro

 

No se sabe qué es más ridículo, si los proyectos de Gustavo Petro en materia económica o las críticas permanentes de los economistas y opositores a tales proyectos. Acabar con Ecopetrol y suprimir la explotación minera, reducir los arriendos, emisión de moneda, controlar de precios de los artículos, comprar tierras improductivas, etc., no tienen otro objetivo que engañar a los ingenuos colombianos que nunca has asistido a curso de economía y tampoco han leído un texto sobre esos asuntos. Esa es la forma efectiva para hacer votos en un país mal informado. Por eso Petro nunca responde a las críticas.

No se necesita ser economista, basta conocer un poco la historia o haberse informado sobre lo que pasa en el mundo, especialmente hoy cuando es tan fácil. Cuando programas similares a los que presenta la izquierda colombiana se implementaron en Cuba o en Venezuela, comenzó la tragedia de esas naciones que se puede resumir así: si un gobierno bloquea las fuerzas del mercado o el libre juego de la oferta y la demanda, surge una economía subterránea o clandestina con todos los desastres posibles. Aparece el contrabando, se dispara la inflación, las empresas cierran o se van para otro país, el desempleo es aterrador, la moneda se devalúa con relación al dólar y el hambre se generaliza.

Otro ejemplo. Hace unas semanas, una columnista cuestionaba la inutilidad del control de precios a los medicamentos establecido por el exministro de Salud, Alejandro Gaviria, y hoy candidato a la presidencia de la República. Pues el resultado de ese control fue muy dañino para los colombianos: desaparecieron del mercando drogas tan imprescindibles como las que se requieren para tratar el cáncer.

Aunque se han presentado muchos factores que condicionaron la caída o el fracaso de los regímenes comunistas, este es sin duda el más importante, el económico. Petro lo sabe, pero no le importa. También sabe que la estructura de la democracia, el sistema de contrapesos de los poderes públicos y la Constitución Nacional no le permitirían aplicar ninguna de sus locas ideas. Tal vez por eso dice que necesita varios períodos presidenciales.

Otro aspecto trascendental en este análisis es el hecho de que vivimos en un mundo globalizado y que antes de aplicar cualquier cambio en la economía se debe sopesar el impacto que va a tener. Si el pueblo no encuentra trabajo porque un mal gobierno acabó con la economía, simplemente migra; si ponen trabas a las empresas privadas, se van; si la inversión extranjera se anula, el país no se desarrolla.

A los populistas tampoco les importan esos hechos, tal como se ha insinuado en la Asamblea Constituyente chilena, en la que buscan, con la complicidad de los indígenas, suprimir todos los tratados de libre comercio y establecer una economía autosuficiente, aunque está demostrado que no funciona. Los programas absurdos de Petro solo buscan engañar; él y sus asesores saben que son inviables.

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