No se sabe
qué es más ridículo, si los proyectos de Gustavo Petro en materia económica o
las críticas permanentes de los economistas y opositores a tales proyectos.
Acabar con Ecopetrol y suprimir la explotación minera, reducir los arriendos, emisión
de moneda, controlar de precios de los artículos, comprar tierras
improductivas, etc., no tienen otro objetivo que engañar a los ingenuos
colombianos que nunca has asistido a curso de economía y tampoco han leído un
texto sobre esos asuntos. Esa es la forma efectiva para hacer votos en un país
mal informado. Por eso Petro nunca responde a las críticas.
No se
necesita ser economista, basta conocer un poco la historia o haberse informado sobre
lo que pasa en el mundo, especialmente hoy cuando es tan fácil. Cuando
programas similares a los que presenta la izquierda colombiana se implementaron
en Cuba o en Venezuela, comenzó la tragedia de esas naciones que se puede
resumir así: si un gobierno bloquea las fuerzas del mercado o el libre juego de
la oferta y la demanda, surge una economía subterránea o clandestina con todos
los desastres posibles. Aparece el contrabando, se dispara la inflación, las
empresas cierran o se van para otro país, el desempleo es aterrador, la moneda
se devalúa con relación al dólar y el hambre se generaliza.
Otro ejemplo.
Hace unas semanas, una columnista cuestionaba la inutilidad del control de
precios a los medicamentos establecido por el exministro de Salud, Alejandro
Gaviria, y hoy candidato a la presidencia de la República. Pues el resultado de
ese control fue muy dañino para los colombianos: desaparecieron del mercando
drogas tan imprescindibles como las que se requieren para tratar el cáncer.
Aunque se han
presentado muchos factores que condicionaron la caída o el fracaso de los
regímenes comunistas, este es sin duda el más importante, el económico. Petro
lo sabe, pero no le importa. También sabe que la estructura de la democracia,
el sistema de contrapesos de los poderes públicos y la Constitución Nacional no
le permitirían aplicar ninguna de sus locas ideas. Tal vez por eso dice que
necesita varios períodos presidenciales.
Otro aspecto
trascendental en este análisis es el hecho de que vivimos en un mundo
globalizado y que antes de aplicar cualquier cambio en la economía se debe
sopesar el impacto que va a tener. Si el pueblo no encuentra trabajo porque un
mal gobierno acabó con la economía, simplemente migra; si ponen trabas a las
empresas privadas, se van; si la inversión extranjera se anula, el país no se
desarrolla.
A los populistas
tampoco les importan esos hechos, tal como se ha insinuado en la Asamblea Constituyente
chilena, en la que buscan, con la complicidad de los indígenas, suprimir todos
los tratados de libre comercio y establecer una economía autosuficiente, aunque
está demostrado que no funciona. Los programas absurdos de Petro solo buscan
engañar; él y sus asesores saben que son inviables.
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