Cuando en los
últimos meses del 2019 se presentaron las manifestaciones de protesta en Chile
y Colombia, escribí un artículo relacionándolas con la revolución molecular porque,
por coincidencia, acababa de leer la Biografía cruzada de Gilles Deleuze y Félix
Guattari, escrita por el historiador François Dosse con un capítulo dedicado a esa
revolución y a la manera cómo se difundió en América latina, particularmente en
Brasil y Chile, países visitados por Guattari.
Aunque otros
colombianos, como la senadora María Fernanda Cabal, el expresidente Uribe Vélez
y el columnista de El Espectador Carlos Enrique Moreno, se refirieron a la
revolución molecular, no volvieron a hacerlo después de que algunos intelectuales
atacaron al expresidente Uribe en El Espectador y La silla vacía con el
argumento de que esa revolución fue ideada por un fascista para desprestigiar
las protestas populares.
Ese argumento
es completamente falso, ya que el autor de la teoría de la revolución molecular
fue Guattari, comunista del movimiento trotskista francés. El soporte teórico
de esa revolución lo elaboró con Deleuze, también filósofo de izquierda hasta
1995 cuando decidió lanzarse por una ventana de su edificio en Paris.
La acusación
de fascistas contra Deleuze y Guattari procedió de otros pensadores de la izquierda
maoísta, especialmente de Alain Badiou, quien organizaba bloqueos de las clases
de Deleuze con una banda de sus seguidores estudiantes. Badiou y Deleuze
dictaban clases de filosofía en la misma escuela de Vincennes en París. Es
posible que un profesor de filosofía, de apellido Tamayo, citado en las
diatribas contra Uribe, pertenezca al MOIR, el partido maoísta orientado por el
senador Jorge E. Robledo. Eso explicaría los insultos contra el expresidente. Todo
marxista es un fascista para otro camarada.
Toda esa
introducción es mi forma de expresar el desconcierto que me causan los análisis
que he visto en los mediocres debates del canal alemán DW y en el programa La Noche,
de Claudia Gurisatti, sobre los acontecimientos políticos que vienen ocurriendo
en Chile, no solamente porque ninguno de los expertos se refiere a la
revolución molecular, sino también porque olvidan temas centrales, obvios y
comunes en casi todos los países de latinoamericanos. Citaré algunos.
El control de
la izquierda sobre la cultura y la educación a través del magisterio. La colaboración
del marxismo internacional con todos los partidos de izquierda en dineros, asesorías,
control de las redes sociales y medios de comunicación. El carácter
generacional de la confrontación política: adolescentes contra mayores.
La tradición
católica del “pueblo elegido”, determinante fundamental para que el discurso
comunista haya sido de buen recibo en nuestras comunidades menos informadas,
según el historiador italiano Loris Zanatta: el proletariado es el nuevo pueblo
elegido en el socialismo sin Dios. El adoctrinamiento marxista de comunidades
indígenas; la apropiación marxista del movimiento feminista con su perverso
Enfoque de Género para destruir la organización familiar; la colaboración de
mafias y grupos criminales a la primera línea; la creación de un nuevo lenguaje
engañoso.
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