Lo rescatable del libro del General Jorge Enrique Mora Rangel, Los pecados
de la paz, es el Epílogo, escrito por David Spencer PHD, asesor y consultor del
Departamento de Defensa de los Estados Unidos, porque muestra el engaño que fue
nuestro Acuerdo de paz y su relación directa con las recientes protestas de la
primera línea o la revolución molecular.
Comienza por definir el estilo peculiar de Juan Manuel Santos para hacer
política: “realiza negociaciones secretas previas con los líderes de cada
sector, con los cuales llega a acuerdos para repartir de antemano los
beneficios (…) O sea que el debate público y formal no es más que una pantomima
o una especie de teatro para consumo público”.
El verdadero equipo negociador fue secreto, conformado por el expresidente
Santos, Sergio Jaramillo y sus asesores. Al segundo equipo se unió Humberto de
la Calle, y el tercero, que cumplía un papel más aparente que real, no estaba
informado del acuerdo secreto.
Un propósito central de las Farc era acabar la aspersión aérea y
remplazarla con una sustitución de cultivos para lo cual sirvió de coartada la
afirmación del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sobre el riesgo de cáncer
del Glifosato. Para Santos esos “detalles” no importaban porque “estaba
dispuesto a todo, siempre y cuando se firmara el acuerdo, se entregaran las
armas y se desmovilizaran como grupo armado durante su presidencia”. Su interés
estaba puesto en el Nobel.
De todos modos, la guerrilla estaba prácticamente derrotada, de tal forma
que sus acciones militares o terroristas las realizaban las milicias. Los
guerrilleros estaban desesperados. “Una campaña militar antes de las
negociaciones pudiera haber evitado la cantidad exagerada de demandas que las
Farc hicieron”. “El Gobierno decidió descartar su posición de ventaja militar y
adoptar una de inferioridad y debilidad”. “Al final, el acuerdo desarmó a las
Farc, pero fortaleció al narcotráfico”.
Gobierno y Farc sabían que los acuerdos no se iban a cumplir. “Colombia no
tenía ni las finanzas, ni el personal, ni la infraestructura para cumplir”. “El
incumplimiento de los acuerdos iba a proveer los insumos para nuevas
movilizaciones” y para mantener el conflicto, como lo había previsto el
marxismo internacional y como venía ocurriendo en Bolivia.
Un grafiti resumía en proyecto de la izquierda: “Lo que no logramos en La
Habana, lo logramos en la calle”. Antes de caer abatido, Alfonso Cano leía un
manual para derrocar un régimen a través de la protesta social, titulado De la
dictadura a la democracia, escrito por Gene Sharp. En Colombia no se había
montado ese proyecto revolucionario porque las Farc no aceptaron las
recomendaciones de Cuba y Venezuela para dejar las armas; pero “esta percepción
cambió cuando se enfrentaron a la Política de la Seguridad Democrática del
presidente Uribe”
El modelo boliviano lo definieron los cocaleros sobre cuatro ejes: La
protesta violenta que genera una situación insostenible para el gobierno; el
narcotráfico como financiación; una milicia armada para defender los cultivos,
y un partido político.
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