martes, 7 de diciembre de 2021

El modelo boliviano


 

Lo rescatable del libro del General Jorge Enrique Mora Rangel, Los pecados de la paz, es el Epílogo, escrito por David Spencer PHD, asesor y consultor del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, porque muestra el engaño que fue nuestro Acuerdo de paz y su relación directa con las recientes protestas de la primera línea o la revolución molecular.

 

Comienza por definir el estilo peculiar de Juan Manuel Santos para hacer política: “realiza negociaciones secretas previas con los líderes de cada sector, con los cuales llega a acuerdos para repartir de antemano los beneficios (…) O sea que el debate público y formal no es más que una pantomima o una especie de teatro para consumo público”.

El verdadero equipo negociador fue secreto, conformado por el expresidente Santos, Sergio Jaramillo y sus asesores. Al segundo equipo se unió Humberto de la Calle, y el tercero, que cumplía un papel más aparente que real, no estaba informado del acuerdo secreto.

 

Un propósito central de las Farc era acabar la aspersión aérea y remplazarla con una sustitución de cultivos para lo cual sirvió de coartada la afirmación del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sobre el riesgo de cáncer del Glifosato. Para Santos esos “detalles” no importaban porque “estaba dispuesto a todo, siempre y cuando se firmara el acuerdo, se entregaran las armas y se desmovilizaran como grupo armado durante su presidencia”. Su interés estaba puesto en el Nobel.

 

De todos modos, la guerrilla estaba prácticamente derrotada, de tal forma que sus acciones militares o terroristas las realizaban las milicias. Los guerrilleros estaban desesperados. “Una campaña militar antes de las negociaciones pudiera haber evitado la cantidad exagerada de demandas que las Farc hicieron”. “El Gobierno decidió descartar su posición de ventaja militar y adoptar una de inferioridad y debilidad”. “Al final, el acuerdo desarmó a las Farc, pero fortaleció al narcotráfico”.

 

Gobierno y Farc sabían que los acuerdos no se iban a cumplir. “Colombia no tenía ni las finanzas, ni el personal, ni la infraestructura para cumplir”. “El incumplimiento de los acuerdos iba a proveer los insumos para nuevas movilizaciones” y para mantener el conflicto, como lo había previsto el marxismo internacional y como venía ocurriendo en Bolivia.

 

Un grafiti resumía en proyecto de la izquierda: “Lo que no logramos en La Habana, lo logramos en la calle”. Antes de caer abatido, Alfonso Cano leía un manual para derrocar un régimen a través de la protesta social, titulado De la dictadura a la democracia, escrito por Gene Sharp. En Colombia no se había montado ese proyecto revolucionario porque las Farc no aceptaron las recomendaciones de Cuba y Venezuela para dejar las armas; pero “esta percepción cambió cuando se enfrentaron a la Política de la Seguridad Democrática del presidente Uribe”

 

El modelo boliviano lo definieron los cocaleros sobre cuatro ejes: La protesta violenta que genera una situación insostenible para el gobierno; el narcotráfico como financiación; una milicia armada para defender los cultivos, y un partido político.

No hay comentarios:

Publicar un comentario