Dediqué más
de tres años a estudiar la historia del cristianismo con el propósito de
entender el cambio súbito ocurrido después de 1959 en el control de la
ideología o la cultura de nuestro país. Trataba de saber por qué y cómo el
marxismo había arrebatado a la Iglesia el poder sobre la educación y sobre nuestra
forma de pensar después del triunfo de la revolución cubana. Desde 1881 el Estado había entregado al clero
la función de escribir los textos con que éramos adoctrinados. Cambiamos de
adoctrinadores cuando llegaron los marxistas.
El texto Confesión
de fe crítica (2008), del sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar, empezó a
darle coherencia a mis estudios. El sacerdote de 83 años confesaba estar dispuesto
a aceptar los cambios de los últimos 30 años en la teología católica. Esos
cambios incluían la modificación de doctrinas trascendentales como la
resurrección de Jesús y la virginidad de María. Jesús no resucitó; fue exaltado
por Dios. La virginidad de María no es un dogma, y puede ser negado, según
declaración del mismo papa Benedicto XVI. La expresión “hijo de Dios” es solo
una metáfora.
Yuval Noah
Harari me enseñó otro punto fundamental: los mitos hacen la historia. Para
crear una empresa comercial, un régimen político o una religión es necesario
convencer a un grupo grande de personas sobre un mito, un cuento, algo
imaginario. Eso vale para el cristianismo, una venta de queratina, el marxismo,
el nacionalsocialismo o la democracia.
Me encontré
con el filósofo alemán F. Hegel (1770 – 1831) a través de la lectura que de él hizo
Alexandre Kojève. Aprendí la conexión que existe entre religión y política, y
cómo la Iglesia católica se enclaustró cuando vio amenazado su poder por la
Reforma protestante y no aceptó el reto de Martín Lutero para modernizarse. Se
dedicó a incinerar libros y herejes, pero no pudo salir de su corrupción milenaria.
La Reforma nos trajo la democracia, la nueva versión del evangelio de la
igualdad de todos los seres humanos y de la compasión.
Los
pensadores del siglo XX complementaron los planteamientos de Harari y Hegel:
una sociedad (la estructura mental o la ideología que la fundamenta y le da
vida) es imposible si no se centra en un mito. Estamos condenados a vivir motivados
por mitos en un mundo que es solo virtual o simbólico. El sacerdote John Dominic Crossan me presentó
a Jesús histórico, resumido en el 32 por ciento de las palabras atribuidas a él
por los evangelios. El Cristo de la iglesia católica es el gnóstico o esotérico
inventado por Pablo y los evangelios que fundaron el antisemitismo.
El toque
final a la investigación sobre mi experiencia religiosa la encontré en la
teología de un pastor protestante, Rudolf Bultmann, discípulo de Martín
Heidegger. Bultmann buscaba desmitificar los evangelios como la mejor forma de encontrar
a Jesús histórico, el único aceptable para todo hombre y mujer de buena
voluntad. Feliz Navidad.
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