El gran desafío de los países desarrollados y
democráticos se ha centrado en las desigualdades sociales o en dar mejores
oportunidades a las comunidades de estratos bajos de competir con los
privilegiados en el acceso a la educación y los mejores empleos o negocios. En
nuestro país se han empleado estrategias fracasadas en los países del primer
mundo como “Ser pilo paga” o la discriminación positiva para los estratos pobres
o las comunidades negras e indígenas.
“Ser Pilo paga” se probó en el gobierno Santos con
becas y un auxilio económico a los bachilleres pobres con las notas más altas para
ingresar a la universidad escogida por el beneficiario. En los Estados Unidos
se implementó un proyecto similar en los años cincuenta del siglo XX con una
variación consistente en el concurso de todos los estratos sociales.
Una Prueba de Aptitud Académica (SAT por su sigla
en inglés) no funcionó y favoreció a los privilegiados, pues pagaban tutores y
su preparación previa era mejor; las tutorías por internet poco sirvieron para
igualar las competencias. Además, se descubrió que las notas de secundaria eran
mejor criterio para hacer la selección que el mismo SAT.
En Colombia también se ha usado la discriminación
positiva. Tal como intenta ahora el movimiento feminista de favorecer a las
mujeres para participar en política o en los cargos públicos con la única
condición de su vagina. La discriminación positiva en el acceso a la
Universidad solo exige el color de la piel o la pertenencia a una etnia o a un
estrato bajo, sin consideración de las capacidades de los aspirantes y con discriminación
de otros grupos sociales más o menos pobres. Obviamente este mecanismo es menos
afortunado que el SAT gringo por su alto grado de deserciones, enormes costos,
despilfarro de recursos y su nulo aporte al objetivo de la igualdad social.
El análisis de Michael J. Sandel, en su libro La
tiranía del mérito, es muy oportuno cuando uno de los aspirantes a la
presidencia de la República, Sergio Fajardo, ha propuesto una reforma educativa
como la panacea de nuestras desigualdades y problemas. Nadie conoce el paquete
de estrategias de Fajardo para enfrentar una reforma de esa dimensión.
Es obvio que Fajardo será el candidato de la Coalición
de la Esperanza porque lo es de Claudia López. Los Verdes han basado su campaña
electoral en líderes independientes o de otros partidos que aporten votos, pero
ella siempre impone su voluntad.
La época actual tiene características especiales
en materia educativa nunca enfrentadas por la humanidad: el magisterio es la
base del electorado de la izquierda y no aceptará una reforma que limite sus
privilegios; la desaparición de muchas carreras universitarias en los próximos
años; más del 60 por ciento de nuestros egresados universitarios no encuentran
trabajo en la profesión para la que se preparan; los jóvenes desprecian las carreras
largas para un trabajo esclavizante o basura; la educación virtual se impondrá.
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