Fausto
Cabrera tenía trece años cuando en la Guerra Civil española (1936 – 1939) tuvo
que soportar los bombardeos sobre Barcelona del ejército dirigido por el General
Franco. Su familia hacía parte de la izquierda orientada por Stalin en una
guerra contra la derecha apoyada por Mussolini y Adolfo Hitler. La guerra civil
española fue un entrenamiento de naciones totalitarias para la Segunda Guerra
Mundial, no una pelea por la democracia como siempre la presentó la publicidad marxista.
El asesinato
de curas y monjas más la incineración de iglesias y monasterios por los “republicanos”
desencadenaron la reacción de la derecha. Por una de esas ironías tan comunes
de la historia, los españoles, que habían traído la iglesia católica a Colombia,
decidieron en el siglo XX traer el marxismo para destruirla. A ello
contribuyeron la familia de Fausto Cabrera en el EPL y los curas Domingo Laín y
Manuel Pérez, entre otros, que vinieron a organizar el ELN.
Los Cabrera
terminaron en Bogotá como refugiados de la Guerra Civil de su patria. Recuerdo
los poemas que Fausto recitaba en la televisión colombiana, generalmente
dedicados a poetas españoles de izquierda, incluidos algunos versos que Joan
Manuel Serrat convertiría en canciones años más tarde: “caminante no hay
camino, se hace camino al andar”. Por eso, “Volver la vista atrás” es el título
de la novela-biográfica publicada por Juan Gabriel Vásquez, en la que se
inspira esta nota.
Los
conflictos, que le provocaron en Bogotá a Fausto sus poemas y las obras de
teatro revolucionario, lo llevaron a Medellín donde conoció a Luz Elena
Cárdenas, la madre de Sergio, nacido en 1950, y de Marianella, en 1952. En 1963, aprovechando un contrato de trabajo
concedido como profesor de español, Fausto llevó a su familia a Pekín donde los
niños participaron marginalmente en la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung
iniciada en 1966.
Como Fausto y
Luz Elena decidieron regresar a Colombia sin sus hijos para vincularse a la
guerrilla, la tutora le dijo a Sergio con el fin de disuadirlo de su participación
en las protestas: “Eres un occidental que habla chino; eres una fuga de
información con cara y ojos”. Los rasgos físicos de Sergio y su hermana ponían
en peligro sus vidas en una revolución que satanizaba cualquier elemento de la
cultura burguesa u occidental. Además, para el régimen comunista, ambos eran un
riesgo porque podrían divulgar lo que habían visto y aprendido en China. La
paranoia y la clandestinidad siempre han hecha parte del proyecto de la lucha
de clases antes y después de la toma del poder.
Aunque se les
permitió trabajar en fábricas o asimilarse con los campesinos para aprender de
ellos, la mayor parte del tiempo los occidentales vivían aislados en hoteles,
hecho que produjo protestas y dudas en los niños Cabrera. Su adoctrinamiento en
China duró seis años, antes de ingresar a la guerrilla del EPL con los alias de
Raúl y Sol.
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