De la
religión a la política hay un pequeño paso como el que existe entre
cristianismo y marxismo o entre catolicismo y nazismo. Hay muchos casos que lo
corroboran.
Alias “Iván
Márquez” dejó el seminario mayor de Bogotá para vincularse a la guerrilla; el Grupo
Golconda, conformado por sacerdotes, apoyó la revolución armada de la teología
de la liberación; Martín Heidegger era un teólogo católico y, después de
declararse ateo, se afilió al Partido de Hitler en 1931; el mito del “pueblo
elegido” de los cristianos se convirtió en el mito del “proletariado comunista”;
Stalin, “El Padrecito”, también fue seminarista.
Algunos
obispos y sacerdotes colombianos, incluido el jesuita Alberto Parra, han
apoyado la barbarie de la Primera Línea; Gustavo Petro se presentó como el
nuevo Moisés en la anterior campaña electoral y ahora, en el lanzamiento de su
candidatura en la España de Podemos y el enfoque de género, prometió el amor a
los hermanos predicado por Jesús como la base de su gobierno (suena cínico y
cruel).
La
introducción es necesaria para entender el retorno de Ingrid Betancourt y su
aspiración a la presidencia. Su caso es expresión del fenómeno sicológico
conocido como el síndrome del Retiro – Retorno, expuesto por el historiador
Arnold Toynbee y que ha afectado a muchos personajes reales e imaginarios:
Jesucristo, Mahoma, Ignacio de Loyola, san Pablo, Martín Lutero, Hitler, Carlos
Marx, etc.
Todos ellos
se aislaron por enfermedad, retiros espirituales, una herida de guerra,
secuestro, cárcel o estudio. En su paranoia se creyeron tocados por Dios y
portadores de un mensaje de salvación para la humanidad. Los casos citados
tuvieron éxito, pero la mayoría ha fracasado.
Después del secuestro
(retiro), Ingrid se fue a estudiar teología y ahora retorna a “redimirnos” (como
si fuera Juana de Arco) unida a la Alianza Verde, el único partido “verde” de
la región afiliada al Foro de Sao Paulo, el mismo que dirige y financia la Primera
Línea de criminales (“mis pelaos del corazón” de Claudia). La Coalición de la
Esperanza es una farsa para captar votos. Su candidato es Fajardo de Holguín, y
Claudia López es el poder.
Ingrid
siempre creyó, como los políticos novatos, que tenía la solución para la
corrupción. Hoy mantiene el mismo discurso y, como el clero, cree en la maldad
o bondad esencial de los humanos y por eso es tan sectaria, como lo reveló en
su rastrero ataque a Alejandro Gaviria.
Se nota que
desconoce la cueva de Rolando en que se metió con los peores especímenes de la
política tradicional, incluido el Santismo de Humberto de La Calle o Juan
Fernando Cristo, y el más radical maoísmo que tenía el Polo Democrático en Jorge
Enrique Robledo. Ingrid no leyó el Acuerdo de paz (o no lo entendió) que consagró
el perverso enfoque de género, bloqueó el Congreso con 26 curules nuevas para
la izquierda y que comprometió el futuro económico de Colombia con el embeleco
de la Reforma Rural.
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