lunes, 14 de febrero de 2022

Los candidatos y la corrupción

 


El debate de los candidatos a la presidencia realizado por El Tiempo y Revista Semana nos mostró la unanimidad de la izquierda Verde y petrista. Su visión es muy elemental y engañosa: “como los partidos tradicionales han gobernado, ellos son los artífices y responsables de la corrupción y las desigualdades; pero como nosotros, los socialistas, nunca hemos gobernado, somos la única salida ya que somos limpios y pacifistas”. “Se trata de la perversión fatídica del idealismo revolucionario por su propia soberbia, por aquella voluntad de partir de cero, de hacer tabla rasa de lo que realmente somos”, según el chileno Mauricio Rojas, un marxista arrepentido y profesor en Suecia.

A Petro hay que reconocerle su teatral forma de expresarse (solo le faltan las lágrimas de Claudia) que convierte en “verdades” sus tontas ideas económicas. Sus planes en materia minera y energética significan hambruna, y él lo sabe; pero su objetivo es el voto de los mal informados. Petro promete acabar con la producción de petróleo que representa más de la mitad de nuestras exportaciones; hará de Colombia un país turístico cuando los delincuentes asesinan antes de robar y tenemos zonas rojas vedadas a los extranjeros.

Para acabar la corrupción los candidatos propusieron reformas legales y castigos que de poco sirven en los países pobres. Los textos de administración pública enseñan que el desarrollo económico es el mejor instrumento para superar la corrupción. País que sale del subdesarrollo controla la corrupción. Sergio Fajardo trató de orientar el debate hacia el desarrollo rural como base de la seguridad alimentaria, “llegando al campo con toda la tecnología para generar riqueza”. ¡Tan fácil!  La reforma agraria fue durante el siglo pasado un elemento central del proyecto populistas y por eso las Farc la incluyeron en el Acuerdo de paz.

Francia Márquez y Gustavo Petro también se refirieron al cuento chino de “la seguridad alimentaria” para justificar la política de la izquierda latinoamericana de anular los tratados de libre comercio, cerrar nuestras economías a la inversión extranjera e imponer altísimos gravámenes a la importación de alimentos y otros productos. Eso sería inflación, devaluación y desempleo.

Con un sector privado pequeño y con un 50 por ciento de los trabajadores informales, el Estado colombiano es el principal proveedor de empleos formales y de allí nace el clientelismo, la compra de votos y la corrupción. La izquierda es el principal enemigo de los empresarios privados y, por eso, es el mejor generador de corrupción y de economía clandestina (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte). Quiere convertir el Estado en una agencia de empleos y por eso tiene todo el apoyo FECODE y otros sindicatos del sector público, muchos de cuyos afiliados no tendrían opción alguna de conseguir empleo en entidades privadas exigentes en la selección de personal. Lo mismo pasaría con sus congresistas, concejales y funcionarios públicos.

El discurso mamerto se caracteriza por su imprecisión ideológica. Ahí cabe cualquier mentira que emocione la tribuna.

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