lunes, 14 de febrero de 2022

Libertarios y marxistas

 

Cuando reseñé el exitoso libro de Agustín Laje y Nicolás Márquez, El libro negro de la nueva izquierda, critiqué el desconocimiento de la filosofía de los autores, lo que quita fuerza a sus argumentos. Encontré también falencias en el debate de Laje con Gloría Álvarez sobre la despenalización del aborto. La guatemalteca es libertaria y defiende el derecho de toda mujer abortar, en tanto que Agustín es Provida y rechaza la despenalización del aborto.

Agustín centró su alegato en el principio liberal de no agresión aplicado al feto; Gloria, en el derecho natural y la libertad que tiene toda mujer, pero aclaró que el 29 por ciento de los libertarios son provida. Como no se pusieron de acuerdo, quiero mostrar de forma sencilla que ambos fallan por su desconocimiento de otras disciplinas diferentes a la política y la economía. Laje ha estado estudiándo filosofía en una universidad española.

El sujeto libre y la fe en un Dios único son los mitos centrales de dos estructuras mentales o ideologías que dominaron la Modernidad y la Edad Media, respectivamente. La persona es un mito, no una entidad o presencia, porque así lo ha mostrado la neurología. Michel Foucault y el posmodernismo declararon “la muerte del hombre” o del concepto erróneo de “persona” en Occidente

Para los libertarios, el mito del sujeto es algo real, un dogma absoluto y fundamental. De allí deducen el derecho de las mujeres a abortar, el derecho a drogarse; el rechazo de la vacuna y todas las medidas de protección en pandemia; el derecho a todo tipo de relaciones sexuales consentidas. En fin, que nadie, ni el Estado, tome decisiones por ti.

El marxismo, por el contrario, es la negación absoluta del sujeto en aras de la tribu o la sociedad, concepto que también defienden las religiones, aunque los marxistas en función de su ideología, y las religiones con relación a su doctrina o a Dios. La esencia del pensamiento totalitario religioso o político es anular el sujeto ante sí mismo. En otras palabras, la función redentora del Partido Comunista, la Colombia Humana o la Alianza Verde convierte al individuo en algo insignificante, tal como sucede en las masas populares alienadas por su líder o “redentor”, como lo explicó Freud. Los marxistas asesinan a millones de seres humanos y les parece aceptable, “normal” o necesario.

De allí surgió lo que Hannah Arendt llamó “la banalidad del mal”. Los nazis, como los guerrilleros de las FARC o de la Primera línea, actuaban sin ningún remordimiento porque obedecían órdenes o eran movidos por la identidad y sentido de la vida que les da su Partido o su ideología (esto no aplica para sus mercenarios o para tantos que tienen la política como un negocio). Gustavo Petro ha sido para sus seguidores lo que Adolfo Hitler para los nazis, Dios para los religiosos y el sujeto para los libertarios.

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