La forma más sencilla de entender las protestas es la
histórica. Eso intenté mostrar en una columna de diciembre de 2019 sobre
revolución molecular, RM. Hablé de sus orígenes en los años setenta del siglo
pasado y su debut en 1977 en Italia con epicentro en la ciudad de Bolonia. El
paro fue controlado con la declaratoria de estado de sitio y la prohibición de
manifestaciones públicas.
También se pueden describir esas protestas como un montaje
teatral que se expresa en otra semiología para confundir al Gobierno,
comunidad, medios, organismos defensores de los derechos humanos y a muchos de
los participantes en el paro. Esa perspectiva la titulé “no son infiltrados”,
para mostrar que ellos (vándalos, terroristas, milicias estudiantiles,
mercenarios, guerrilleros y bandas criminales) son la esencia o razón de ser
del movimiento, mientras que los manifestantes pacíficos son los actores extras
con los efectos especiales de la película para engañar al auditorio nacional e
internacional.
El aspecto más importante de la RM es el geopolítico. Sus
principales artífices son el marxismo internacional, algunos gobiernos y
organizaciones financiadoras: Rusia, China comunista, Venezuela, Cuba, Argentina
peronista, las FARC-EP y las mafias del narcotráfico. Más que identidad
ideológica, entre ellos priman los intereses económicos como los de Rusia en
Venezuela o los de las mafias enemigas de la aspersión aérea con glifosato. Es
una “guerra híbrida”, como la definió el senador Rodrigo Lara, igual a la que
se llevó a cabo en Ucrania en 2014, con difusión mundial de noticias falsas y
la toma de parte del territorio de ese país por los rebeldes apoyados por Rusia.
En Colombia empezaron por el suroeste.
La faceta filosófica del paro me parece genial porque, a
pesar de ser poco conocida y cuestionable, sirvió de base al marxismo y a la
delincuencia internacionales para dar un golpe certero en los países donde se
ha intentado, con tal habilidad que logra engañar todo el mundo como es
evidente en los análisis de los expertos y de los medios colombianos. En la
aplicación de la estrategia ya no importa mucho la muy discutible teoría de los
filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari. Importa el resultado o
“acontecimiento” (como lo llaman) que consiste en hacer una guerra contra la
economía, con el ánimo de tomar territorio y sin ningún respeto por la vida
humana (en pandemia) y el futuro de la Nación.
La RM es cultural,
secuela del romántico Mayo del 68 y de la Revolución cultural (1966) que Mao
Zedong inició también con niños. El peor error de la derecha fue entregar al
marxismo el manejo de la cultura. El paro es una toma guerrillera que se empezó
a preparar hace unos veinte años con el adoctrinamiento de los nuevos
guerrilleros estudiantiles, cuando llegó el mundo virtual de las noticias falsas.
El Acuerdo de paz fue el primer paso. El ELN entendió que la revolución es urbana
y por eso quiere negociar.
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