Santiago
Ochoa, de 23 años y trabajador de una ferretería, fue decapitado por una de las
bandas criminales que hacen parte de la primera línea de los delincuentes y
milicianos universitarios que atacan nuestra economía, buscan el control
territorial del suroeste colombiano, han intentado asesinar al presidente Duque
y quieren tomar el gobierno para la izquierda.
Según
informaciones de prensa, “La Inmaculada” es la banda que ha desmembrado,
decapitado o asesinado a unas 59 personas en el Valle del Cauca en lo que va
del paro o guerra asimétrica este año. La participación de estas bandas
criminales en el paro explica también el incendio de oficinas de registro y del
Palacio de Justicia de Tuluá con el propósito de destruir los documentos que
puedan afectarlas.
Los
militantes de la izquierda inundaron las redes y los medios con información
falsa, como es usual, para señalar a la Fuerza Pública como responsable del
asesinato de Ochoa. La congresista de
la Alianza Verde, Katherine Miranda, se apresuró a responsabilizar al gobierno
del crimen en las redes sociales.
Desde cuando
se inauguró en Italia la revolución molecular en 1977 se estableció la
participación de todo tipo de delincuentes y terroristas en las distintas
líneas de los ataques o manifestaciones, como las Brigadas Rojas, creadas en
1970; también participaron los Núcleos Armados Proletarios que reunían a
militantes de extrema izquierda y a antiguos prisioneros de delitos de derecho
común. Estos datos los he tomado de la biografía cruzada de Gilles Deleuze y
Félix Guattari, escrita por F. Dosse, en un capítulo titulado “La revolución
molecular: Italia, Alemania, Francia”.
Creo que
ahora no queda duda alguna sobre el carácter bélico de lo que simula ser una
protesta pacífica del pueblo en búsqueda de reformas políticas, sociales y
económicas. Se revela también que el Consejo Nacional del Paro no era más que
una pantomima de las centrales obreras para burlarse de los ingenuos, la
mayoría de los colombianos, convencidos de que ese “paro” los representa. Es
evidente, además, que el presidente Duque está en mora de declarar la Conmoción
Interior, como hizo Italia en 1977, mecanismo necesario para enfrentar una
guerra.
En el
análisis del paro me impresiona la patología mental o emocional de quienes lo
apoyan. ¿Cómo puede un estudiante romántico, lleno de ideales en favor de los
derechos humanos y de los más pobres, participar en un ejército de
delincuentes, asesinos, guerrilleros, mercenarios, narcotraficantes y
psicópatas?
Este último
párrafo es mi interpretación de las palabras del filósofo Jacques Derrida a
propósito de la publicación del Anti-Edipo, marco teórico de la revolución
molecular escrito por Deleuze y Guattari. Dijo Derrida que es un “libro malo
(confuso, lleno de negaciones crispadas, etc.), pero un acontecimiento
sintomático importante, a juzgar por la demanda a la que evidentemente responde
y la recepción que se le hizo en un muy amplio y muy sospechoso sector
de la opinión.”
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