martes, 8 de junio de 2021

El filósofo Sergio Jaramillo


Porque me ha correspondido enfrentar el debate filosófico con quienes se presentan ante la comunidad como expertos en esa disciplina, quiero hacer una denuncia pública contra el comisionado de Paz del gobierno de Juan Manuel Santos por los errores imperdonables que cometió en los diálogos de La Habana y que sigue repitiendo en sus intervenciones públicas.

Es inaceptable que Jaramillo no haya tenido información alguna sobre la ideología o enfoque de género, o haya permanecido callado cuando esa perversa ideología marxista se introdujo en el Acuerdo y en nuestra Constitución Nacional, y que tampoco haya corregido al expresidente cuando aseguró y repitió que esa ideología no existe. Si no sabía nada del asunto, debió informarse o al menos haber consultado los textos más importantes de esa teoría, El género en disputa, 1990, de la marxista Judith Butler, y El segundo sexo, 1949, de la también marxista Simone de Beauvoir. El Acuerdo legaliza la pedofilia y el incesto, y amenaza nuestra organización familiar. ¿Cómo un filósofo no sabe eso? ¿Por qué asumió una responsabilidad para la que no estaba preparado?

También le debe una explicación a la Nación hoy por la forma como el Gobierno Santos sirvió de cómplice al marxismo internacional en la preparación de la protesta y el terrorismo actuales al dar en el Acuerdo con las FARC todas las garantías a las manifestaciones. Debe explicarles a los colombianos si hubo otro acuerdo bajo la mesa que se expresó en un proyecto de ley de 2017 (que por fortuna no se aprobó) para conceder impunidad a los delincuentes y terroristas que intervinieran en los bloqueos futuros y que deberían comparecer ante la JEP y no ante la Fiscalía. Era otro acuerdo después del Acuerdo y que en el Código Penal se puede tipificar como traición a la Patria, concierto para delinquir y rebelión. Todo por un Nobel y una buena paga.

No puede ser que un filósofo nunca haya leído sobre Gilles Deleuze y Félix Guattari, los dos grandes pensadores franceses del siglo pasado que cuestionaron el marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo y que, sobre esa base, Guattari haya elaborado la revolución molecular que ya triunfó en Venezuela, Brasil, Bolivia y Chile, y cuya estrategia haya sido utilizada en las protestas de Ecuador, Perú, Ucrania, Estados Unidos y Colombia.  ¿No le llama la atención a Jaramillo el hecho de que no haya protestas similares en Venezuela, Argentina, Nicaragua y Bolivia, cuyos gobiernos son de izquierda?

Más irresponsable fue la aprobación diez curules para guerrilleros y quince más elegidas en zonas controladas por las FARC bajo el eufemismo de “curules para las víctimas”. Esos votos, sumados a los de la izquierda, mantienen bloqueado el Congreso de tal forma que cualquier iniciativa buena para el país es negada sin mucha discusión.

Colombia está despertando y comprendiendo que el Acuerdo de La Habana fue el primer paso para esta guerra absurda de amenazas imprevisibles.

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