Porque me ha correspondido enfrentar el debate filosófico con
quienes se presentan ante la comunidad como expertos en esa disciplina, quiero
hacer una denuncia pública contra el comisionado de Paz del gobierno de Juan
Manuel Santos por los errores imperdonables que cometió en los diálogos de La
Habana y que sigue repitiendo en sus intervenciones públicas.
Es inaceptable que Jaramillo no haya tenido información
alguna sobre la ideología o enfoque de género, o haya permanecido callado
cuando esa perversa ideología marxista se introdujo en el Acuerdo y en nuestra
Constitución Nacional, y que tampoco haya corregido al expresidente cuando
aseguró y repitió que esa ideología no existe. Si no sabía nada del asunto,
debió informarse o al menos haber consultado los textos más importantes de esa
teoría, El género en disputa, 1990, de la marxista Judith Butler, y El segundo
sexo, 1949, de la también marxista Simone de Beauvoir. El Acuerdo legaliza la
pedofilia y el incesto, y amenaza nuestra organización familiar. ¿Cómo un
filósofo no sabe eso? ¿Por qué asumió una responsabilidad para la que no estaba
preparado?
También le debe una explicación a la Nación hoy por la forma
como el Gobierno Santos sirvió de cómplice al marxismo internacional en la
preparación de la protesta y el terrorismo actuales al dar en el Acuerdo con
las FARC todas las garantías a las manifestaciones. Debe explicarles a los
colombianos si hubo otro acuerdo bajo la mesa que se expresó en un proyecto de
ley de 2017 (que por fortuna no se aprobó) para conceder impunidad a los delincuentes
y terroristas que intervinieran en los bloqueos futuros y que deberían
comparecer ante la JEP y no ante la Fiscalía. Era otro acuerdo después del Acuerdo
y que en el Código Penal se puede tipificar como traición a la Patria, concierto
para delinquir y rebelión. Todo por un Nobel y una buena paga.
No puede ser que un filósofo nunca haya leído sobre Gilles
Deleuze y Félix Guattari, los dos grandes pensadores franceses del siglo pasado
que cuestionaron el marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo y que,
sobre esa base, Guattari haya elaborado la revolución molecular que ya triunfó
en Venezuela, Brasil, Bolivia y Chile, y cuya estrategia haya sido utilizada en
las protestas de Ecuador, Perú, Ucrania, Estados Unidos y Colombia. ¿No le llama la atención a Jaramillo el hecho
de que no haya protestas similares en Venezuela, Argentina, Nicaragua y
Bolivia, cuyos gobiernos son de izquierda?
Más irresponsable fue la aprobación diez curules para
guerrilleros y quince más elegidas en zonas controladas por las FARC bajo el
eufemismo de “curules para las víctimas”. Esos votos, sumados a los de la izquierda,
mantienen bloqueado el Congreso de tal forma que cualquier iniciativa buena
para el país es negada sin mucha discusión.
Colombia está despertando y comprendiendo que el Acuerdo de
La Habana fue el primer paso para esta guerra absurda de amenazas
imprevisibles.
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