Julián de
Zubiría Samper hizo un homenaje en su columna de El Espectador a las teorías
“educativas” de Paulo Freire, mostrando la forma como logró engañar la UNESCO y
a muchos países, pero ocultando el aspecto negativo de su labor al servicio del
totalitarismo de derecha e izquierda. Como hoy tenemos mejores análisis de lo
que significa el poder y la forma como es utilizado por el marxismo, cuestiono
esa columna y los planteamientos repetidos de Zubiría.
Leí el texto
de Freire, Pedagogía del oprimido, cuando era muy joven y me pareció un
exabrupto inspirado en la mala fe. Recuerdo que cambia la forma infantil de
enseñar a leer con frases como “el enano bebe vino en la bota” por otras llenas
de contenidos políticos: “el patrón explota y roba al obrero”. Países de izquierda como Corea del Norte,
Cuba y Venezuela emplean esa pedagogía. En los países latinoamericanos se sigue
utilizando como forma de adoctrinamiento marxista en colegios, escuelas
normales y universidades.
Recuerda de
Zubiría los principios de la pedagogía de Freire y comienza con una crítica a
lo que llamó la educación “bancaria, que deposita informaciones para formar
individuos sumisos”; postula “una escuela pensada para que cada sujeto
escribiera sus palabras y construyera sus proyectos”.
Es evidente
que toda pedagogía es “bancaria” y busca crear niños sumisos al régimen de cada
sociedad. Además, no hay un sujeto, un fantasma en la máquina cerebral, con
palabras propias con que el niño construye “su” verdad o ideología. El cerebro
no secreta pensamientos autónomos; siempre hay alguien que ordena o manda al
educando para que se someta o acepte una ideología (madre, maestro, periodista,
sacerdote, etc.) y eso hace la pedagogía del oprimido, tal como la educación burguesa,
marxista, cristiana, musulmana o cualquiera otra.
El segundo
principio de Freire es otra falacia: “No existe una educación neutra”. Obvio. Y
agrega: “al educar tenemos que definir ¿qué tipo de individuo queremos
formar?”. Pregunto: ¿quién define ese tipo de individuo?, o mejor, ¿qué lo
define? ¿FECODE, la asociación de profesores maoístas de la universidad o el
Foro de Sao Paulo? Freire y de Zubiría personalizan el poder de educar; pero no
es una persona o una clase social, sino la estructura mental o la cultura de
cada sociedad la que da poder a los maestros para que eduquen en esa misma
estructura democrática, por ejemplo. Los maestros mamertos crean la ficción de
que su adoctrinamiento marxista es libertad de cátedra. Eso hicieron los nazis
con la Unión de Estudiantes Alemanes, Mao Zedong con la Revolución Cultural de
1966 y hace hoy la izquierda con la Revolución Molecular.
Tercero:
“Freire creía en la utopía y la esperanza de un mundo mejor”. Obvio, todos
creemos en eso. Y es lo que piensa cualquier maestro ideologizado en cualquier
fundamentalismo. “Cuarto: toda educación debe garantizar el diálogo”. Otra vez
la falacia del sujeto o el fantasma en el niño con ideas propias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario