“La maestra
no enseña; da órdenes, manda”. “El lenguaje no está hecho para que se crea en
él, sino para obedecer y hacer que se obedezca”. Cuando una maestra pone como
tarea una investigación sobre los falsos positivos y la acompaña de un
cuestionario acomodado para que los niños deban concluir que el expresidente
Uribe es responsable, no está enseñando, está obligando a creer en su ideología
marxista. Si quisiera enseñar, debería incluir las diversas opiniones o
análisis, sin el prejuicio de un cuestionario malicioso, para que los niños decidan
o discutan si Uribe es culpable o no.
La madre no
enseña; da órdenes, manda. Cuando la madre nos enseña las primeras palabras y
con ellas nos introduce en la religión cristiana, está haciendo exactamente lo
mismo que los maestros adoctrinadores marxistas de colegios y universidades:
nos está obligando a aceptar que Jesús es el redentor y que nos llevará al
cielo. Si la mamá quisiera enseñar religión, nos presentaría las diversas
opciones, incluido el ateísmo, para que en la madurez decidamos libremente. El
sacerdote y el pastor no enseñan, dan órdenes. Cuando hablamos, todos damos
órdenes.
Cuando W Radio
propone hashtag o etiqueta, después de un comentario malicioso desorientador
similar al cuestionario de la maestra, no está informando, está mandando.
Porque sabe que millones de colombianos creen que la emisora entiende sus
frustraciones y las proyecta contra el Gobierno o en favor de la izquierda y los
bloqueos asesinos. Eso da audiencia o “primera tendencia” y mucho dinero. Además,
ese medio es propiedad de la cadena Caracol, incondicional repetidora de las “enseñanzas”
u órdenes del expresidente Santos y la izquierda sobre el Acuerdo de paz, con
fanáticos marxistas como Aurelio Suárez.
Ahora, ¿de
dónde surge la facultad o el poder de la maestra, en una sociedad cualquiera (democrática,
nazi, comunista, cristiana, atea o musulmana) para “enseñar” o dar órdenes? Surge
de la estructura mental, de la cultura de cada sociedad, aunque la maestra la
traicione y, en lugar de preparar a los estudiantes en democracia, los instruya
para destruirla con la primera línea. Es “la microfísica del poder” de que
habla Michel Foucault.
Los pedagogos
de izquierda afirman que la maestra ejerce la “libertad de cátedra”. Falso. La maestra
no es libre para transmitir su ideología, sino que está determinada por ella,
como la madre, el periodista y el sacerdote. La persona humana no es una
entidad o ser; es una creación mental. La relación ya no es de clases o de
personas, porque la burguesía y los capitalistas también están sometidos al
orden simbólico o al lenguaje. Esta es la razón por la cual la izquierda busca
crear una nueva lengua a base de mentiras y noticias falsas.
Las citas del
comienzo de esta nota son del libro Mil mesetas, de Gilles Deleuze y Félix Guattari,
creadores de la revolución molecular. Es otra forma de pensar, posmoderna,
necesaria para entender el caos actual.
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