Oxímoron es una figura retórica de pensamiento que
consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado
contradictorio u opuesto. Baudelaire
hablaba de “placeres espantosos y dulzuras horrendas”.
En medicina se habla de “migraña sin migraña”. Como todos sabemos, la jaqueca o migraña es
un síndrome caracterizado por una cadena de síntomas: alteraciones visuales,
dolor de cabeza unilateral de tipo pulsátil, mareos y vómito. En la migraña sin migraña pueden aparecer uno
o varios de los síntomas pero no hay dolor de cabeza. Por ejemplo, un niño que ha sufrido de
jaquecas puede presentar solo crisis de
vómito, sin dolor de cabeza; otro paciente puede referir mareos sin otro
síntoma.
Otro ejemplo de oxímoron puede ser la expresión “ateísmo
religioso”. La oposición o contradicción
de ambos términos resulta del significado de la palabra “religión” entendida
como la creencia en Dios; pero si a esa expresión se le aplica otro
significado, se pierde la contradicción con ateísmo y ya no se trata de un
oxímoron.
El papa Francisco se refirió a este asunto hace
algunas semanas dijo que a los ateos pueden ir al cielo y que Dios perdona a
los que no creen y no buscan la fe. La
expresión “ateísmo religioso” pierde su contradicción aparente. Claro que no deben ser muchos los ateos
interesados en el perdón de Dios y, mucho menos , en la salvación eterna.
De todos modos, ese oxímoron no da pie para discutir
el sentido de la palabra “religioso”.
Más allá de mi propuesta en el sentido de que el ateísmo es imposible,
podemos considerar que la creencia en Dios no está determinada por la
declaración de cada quien; más bien está definida por la forma como usted viva,
de tal manera que muchos ateos o agnósticos parecen creer más en Dios que
algunos hipócritas que van a misa todos los domingos. Mejor aún, la religiosidad se define por su
relación con los otros, por el respeto, por el amor. Un estudio publicado esta semana mostró que
los ateos son más caritativos que los creyentes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario