Así como para un martillo todas las cosas son
puntillas, nuestra mente se vuelve esclava de una serie de ideas, arquetipos,
paradigmas, esquemas mentales o modelos obsesivos en función de los cuales
miramos o interpretamos la realidad como una
monótona versión de lo mismo.
En mi caso, cada día veo con mayor certeza a los
líderes de todas las culturas como personajes de un mismo drama en el que se
creen redentores de la humanidad después de haber pasado por un período de
retiro o reflexión forzada en el que, por arte de magia, como si hubiesen sido
“tocados” por los dioses, creen haber encontrado la clave de la condición
humana. Cuando “bajan de la montaña” o
“se caen del caballo en el camino a Damasco” regresan “transfigurados” o “iluminados” y comienzan a decir
insensateces con tal convicción que los seres humanos, afectados por el virus
de la estupidez, les creemos ciegamente.
En mi deliciosa aventura por los libros encontré a uno
de estos líderes. Su nombre era Luis
Cristiano o Ludwig Christian Haeusser, nació en 1881 en Alemania y fue una
especie de precursor o “Juan Bautista” para Hitler. Su descubrimiento del cristianismo fue de
tal impacto en 1912 que con el tiempo afectó sus sesos. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial
pensó, con poca originalidad, que la humanidad estaba en el comienzo de un
renacimiento. En París le fueron
embargados sus bienes pero se recuperó y prosperó. Empezó a predicar a sus clientes hasta
aburrirlos y escribió el libro El futuro superhombre, como ni mandado a hacer
para los alemanes humillados de la posguerra.
En Ancona, meca italiana de los marginados y
redentores encontró su “desierto” en el que pasó sus “cuarenta días y cuarenta
noches”. Allí dejó su ropa elegante, se
hizo nudista, empezó a predicar la pureza, aunque era tan aficionado al
cunnilingus como al sadomasoquismo, y encontró seguidores antes de volver a
Alemania. A pesar de que nadie es
profeta en su tierra le picó el bicho de la política; su secta no se llamaba
MIRA sino Partido Cristiano Radical del Pueblo.
Se casó con una mujer rica, se comió todos los bienes de ella, pasó casi
dos años en la cárcel por pícaro y murió sin pena ni gloria en 1927.
El programa de Haeusser incluía la abolición de la
propiedad privada, clausura de manicomios y cárceles, como también la
guillotina para quien se opusiera a su evangelio.
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