Cuando
Mahoma nació hacia el año 570 de nuestra era, el cristianismo ya se había
establecido en toda Europa, en el norte de África y en el próximo oriente; los
judíos trataban de sobrevivir en pequeñas comunidades repartidas por todo el
mundo y la noche oscura de la Edad Media se apoderaba del Occidente conocido.
En
cuestión de pocos años, a partir del 632, año de la muerte de Mahoma, el Islam
se difundió por el territorio que hasta entonces conformaba el imperio persa de
los sasánidas, fue bien recibido en el norte de África y el sur de España; llegó hasta la India. Aunque intentó penetrar a la tierra de los
francos fue rechazado por los primeros reyes carolingios; en el territorio que
hoy conocemos como Turquía no pudo derrotar la férrea resistencia de los
cristianos ortodoxos de Constantinopla hasta el año 1453.
El
Islam fue para las tribus árabes lo que
el Judaísmo para las tribus semitas de Israel: se trataba de pueblos atrasados cultural y
económicamente que necesitaban un aliciente para luchar y sentir el orgullo de
su raza. Eso se los dio su
religión. La convicción de que Yahvé les
había garantizado una tierra en Palestina inspiró la lucha fabulosa de los
hebreos por la subsistencia a pesar de las persecuciones, masacres y
desplazamientos que sufrieron. Gracias a
Mahoma, los árabes entendieron que no podían ser inferiores a los judíos y
cristianos que circulaban por sus territorios.
Y si extendemos un poco el sentido de la metáfora, veremos que el cristianismo
dio la misma esperanza a los pobres y oprimidos del Imperio Romano. Las religiones, incluidas las profanas como
el marxismo, prometen un cambio de estrato aquí o después de la muerte.
A
diferencia de los judíos, que tenían una visión racista como el pueblo elegido
por Dios, cristianos y musulmanes creyeron tener una misión universal de
extender sus cultos, en lo que como es obvio influían motivos más o menos
inconscientes de tipo económico y político.
Así, aunque en principio los musulmanes fueron más tolerantes que los
cristianos, los impuestos que establecieron para los no musulmanes
determinaron la buena aceptación de su
doctrina. Cualquier dios es bien
recibido a cambio de no pagar impuestos.
No todo fue limpio en la campaña de estos dos monoteísmos por lograr
prosélitos. Recordemos que en el imperio romano cristianizado se prohibió el
acceso a los cargos públicos y al ejército a quienes no fueran bautizados.
Con
esos antecedentes es difícil entender la actitud de los radicales musulmanes
que atacaron las Torres Gemelas en el 2001 o que ahora crean una crisis internacional. Todavía se refieren a nosotros como “los
cruzados” o “los francos”, como si ignoraran que la mayoría de las cruzadas
organizadas por el papado fueron fracasos y no todas se dirigieron contra
ellos. La primera fue la única que
golpeó de manera importante al Islam cuando logró arrebatarle Jerusalén que
Saladino recuperó un siglo después (1187).
La cruzada que atacó Constantinopla en 1210 debilitó al Bizancio y dio
la oportunidad para la invasión de los turcos otomanos en 1453 (debieran estar
agradecidos con los católicos).
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