sábado, 21 de noviembre de 2015

Jugando con los mitos



Desde 1907, cuando J. G. Frazer publicó su estudio El folklore en el Antiguo Testamento, sabemos que los mitos de la Biblia se repiten en muchas otras culturas o religiones.  Así, el relato de Moisés salvado en una cesta se encuentra más de mil años antes en la biografía del rey Sargón, también en la niñez de Rómulo y Remo o en las historias del Mahabharata de los hindúes.  Por todos los continentes se habla del diluvio universal, la torre de Babel, el hijo expósito, el retiro retorno, etc.

Frazer insiste  en el origen independiente de esos mitos universales.  No se trata de plagio o copia. ¿Cómo puede ser esto?  Freud se plantea el problema en Tótem y Tabú y supone que debe haber algo así como un alma universal que explique el fenómeno.  Su discípulo C. Jung postuló el inconsciente colectivo con sus arquetipos.  La discusión siegue abierta.

Por otro lado, podemos concluir que en la literatura, las series de televisión o en las películas se juega se juega con todos esos mitos, lo que podría explicar el impacto o el éxito que tienen en la comunidad. El señor de los anillos (el anillo fue por muchos años símbolo de demonio y de allí viene el ritual matrimonial), Juego de tronos, La guerra de las galaxias, Los juegos del hambre y muchas más utilizan los mitos para emocionarnos y lograr buenas taquillas.  En la memoria colectiva o nuestro inconsciente se mantienen esos mitos y a través de ellos vemos las películas o leemos una novela.

En esta perspectiva, los poetas, los filósofos, los críticos literarios y los profetas juegan con el lenguaje, manipulan las metáforas o construyen teorías con la Biblia en las manos.  Freud, Marx o René Girard compusieron sus sistemas  o ideologías con mitos religiosos.  Para Freud, el pecado está al principio o en el origen, la culpa es la causa del mal (neurosis) que solo será exorcizado por el nuevo sacerdote (el analista), y todo el inconsciente es un misterio que solo los “iniciados” o analistas pueden entender. Por su parte, Karl Marx inventó un nuevo pecado original (la propiedad privada), un nuevo mesías (el proletariado) y un cielo terrenal que es la sociedad sin clases.  De Girard y su chivo expiatorio ya hablé en la nota anterior que usted encuentra en la versión digital de latarde.com.

Con toda razón, Wittgenstein escribió que los filósofos no hacen más que jugar con el lenguaje. 

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