Desde
1907, cuando J. G. Frazer publicó su estudio El folklore en el Antiguo
Testamento, sabemos que los mitos de la Biblia se repiten en muchas otras
culturas o religiones. Así, el relato de
Moisés salvado en una cesta se encuentra más de mil años antes en la biografía
del rey Sargón, también en la niñez de Rómulo y Remo o en las historias del
Mahabharata de los hindúes. Por todos
los continentes se habla del diluvio universal, la torre de Babel, el hijo
expósito, el retiro retorno, etc.
Frazer
insiste en el origen independiente de
esos mitos universales. No se trata de
plagio o copia. ¿Cómo puede ser esto?
Freud se plantea el problema en Tótem y Tabú y supone que debe haber
algo así como un alma universal que explique el fenómeno. Su discípulo C. Jung postuló el inconsciente
colectivo con sus arquetipos. La
discusión siegue abierta.
Por
otro lado, podemos concluir que en la literatura, las series de televisión o en
las películas se juega se juega con todos esos mitos, lo que podría explicar el
impacto o el éxito que tienen en la comunidad. El señor de los anillos (el
anillo fue por muchos años símbolo de demonio y de allí viene el ritual
matrimonial), Juego de tronos, La guerra de las galaxias, Los juegos del hambre
y muchas más utilizan los mitos para emocionarnos y lograr buenas taquillas. En la memoria colectiva o nuestro
inconsciente se mantienen esos mitos y a través de ellos vemos las películas o
leemos una novela.
En
esta perspectiva, los poetas, los filósofos, los críticos literarios y los
profetas juegan con el lenguaje, manipulan las metáforas o construyen teorías
con la Biblia en las manos. Freud, Marx
o René Girard compusieron sus sistemas o
ideologías con mitos religiosos. Para
Freud, el pecado está al principio o en el origen, la culpa es la causa del mal
(neurosis) que solo será exorcizado por el nuevo sacerdote (el analista), y
todo el inconsciente es un misterio que solo los “iniciados” o analistas pueden
entender. Por su parte, Karl Marx inventó un nuevo pecado original (la
propiedad privada), un nuevo mesías (el proletariado) y un cielo terrenal que
es la sociedad sin clases. De Girard y
su chivo expiatorio ya hablé en la nota anterior que usted encuentra en la
versión digital de latarde.com.
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