lunes, 23 de noviembre de 2015

El mito de la Navidad




Los cuatro evangelios aceptados por la Iglesia Católica fueron escritos muchos años después de la muerte de Jesús, ocurrida en el año 30 de nuestra era según los cálculos aproximados de los expertos.  El evangelio de Marcos fue escrito después del año 70, los de Mateo y Lucas hacia el 85 y 90, en tanto que el de Juan apareció alrededor del año 100.  Aunque Pablo de Tarso había escrito sus cartas entre los años 50 y 60, nada reportó sobre la biografía o dichos de Jesús y se limitó a ratificar su interpretación de la muerte y resurrección del mismo como las creencias centrales de la nueva religión.  El libro de Los Hechos de los Apóstoles, redactado cerca al año 85, tampoco refiere comentario importante sobre Jesús, termina antes de contarnos sobre el fin de Pedro y Pablo y en ningún momento narra el acontecimiento más importante de la historia de los judíos, como fue la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70.

Los primeros seguidores de Jesús en la segunda mitad del siglo I no conocían la biografía del Nazareno o no tenían interés en contarla; más bien decidieron buscar en los libros del Antiguo Testamento o la Torá judía referencias al Mesías y las aplicaron a Jesús.  Como según la tradición el Mesías debía pertenecer a la tribu de David, y este había vivido en Belén, los evangelios de Mateo y Lucas, los únicos que narran la infancia del Salvador, se inventaron el cuento de un censo para llevar a María en embarazo a ese pueblo.  Hoy sabemos que tal censo no existió en Judea por esos días, que no hubo pastores, pesebre, estrella ni reyes magos y, mucho menos, la masacre de niños recién nacidos decretada por el rey Herodes el Grande.  Como en los textos sagrados se habla de Jesús de Nazaret y no de Belén, algunos investigadores piensan que Jesús nació allí, aunque existen dudas al respecto, pues en el siglo I Nazaret era lo que hoy llamaríamos una vereda o corregimiento de unos 200  a 300 habitantes y, además, pudo existir una confusión con la expresión nazireo, apelativo aplicado a los judíos que practicaban una especie de ascetismo de ayuno, retiro y dedicación a Yahvé.

En cuanto al nacimiento virginal, muchos textos coinciden en que se debió a un error de traducción, pues la palabra “partenos” en griego significa “virgen” en tanto que en el hebreo original la palabra se refería a joven: una joven tendrá un hijo que se llamará Emmanuel.  Aunque la frase no se refería al Mesías, el autor del evangelio la sacó de su contexto y la utilizó como profecía de que el Salvador nacería de la unión de una virgen con Dios, tal como se acostumbraba en muchas mitologías paganas de la época.  Así nació el mito de la Anunciación por el ángel y la sorpresa de José al ver a su esposa embarazada antes del aquello.  En fin, si Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, no era hijo de José y, por tanto, tampoco descendía de la estirpe de David.

Según las profundas y muy serias investigaciones del sacerdote John Dominic Crossan, una de las autoridades mundiales en los estudios sobre Jesús histórico, Jesús era un campesino judío analfabeta, dedicado a predicar el Reino de Dios en una nueva interpretación de las tradiciones judías, como respuesta solidaria y contestataria de los indigentes a la situación de injusticia a que estaban sometidos por los romanos.  Fue crucificado por delitos políticos y su cuerpo llevado a una fosa común o fue devorado por animales, tal como sucedía a muchos ajusticiados en ese entonces.  El mito de la resurrección no aparece en las fuentes anteriores a los evangelios canónicos, como el Evangelio de Tomás o en el documento virtual conocido como la Fuente Q, una recopilación de los dichos de Jesús incluidos en los evangelios de Lucas y Mateo pero que no aparecen en Marcos. En el primero de los evangelios, el de Marcos, tampoco se hablaba de resurrección. Muchos años después el capítulo final que incluye la resurrección fue añadido.


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