El
asesinato en Libia de 21 hermanos nuestros egipcios, realizado por Estado
Islámico, y la amenaza contra todos los “cruzados”, lanzada por uno de los
protagonistas de la masacre, son señales de que las guerras entre religiones o
las viejas guerras de Dios van a marcar los próximos años de nuestra historia,
especialmente si tenemos en cuenta que en Latinoamérica los terroristas de
Mahoma cuentan con el apoyo de la izquierda, en particular del Movimiento
Bolivariano, de Nicaragua y tal vez de Argentina.
Comencemos
por aclarar que los antepasados de los asesinados en Libia no tuvieron
responsabilidad alguna en las cruzadas organizadas por la Iglesia romana o
católica en la Edad Media, las mismas que ahora son utilizadas por los
radicales para legitimar su barbarie, así como los terroristas de la FARC creen
estar justificados porque sus crímenes son responsabilidad del capitalismo y
del resto de colombianos. Señalar
culpables de nuestros pecados es fácil para tranquilizar la conciencia y eso lo
hacemos todos.
Por
otro lado, los coptos son cristianos. Su
visión de los evangelios surgió en los primeros siglos de nuestra era en esa
discusión, todavía no definida, de si en Cristo coexistían dos naturalezas, divina
y humana. Los cristianos de Egipto
prefirieron creer que Jesús era espíritu y que su cuerpo era solo
apariencia. Otras sectas consideraron
que Jesús era solo hombre, mientras que los católicos se matricularon en la
doble naturaleza, divina y humana. ¡Qué
enredo!
Este
ataque a los cristianos contrasta con los repetidos atentados musulmanes contra
judíos en Europa y América Latina. Recordemos que la presidenta argentina acaba
de ser acusada formalmente de encubrir la participación de Irán (de origen
ario, como Hitler) en el atentado contra una organización judía de Buenos Aires
hace varios años. Sabemos también que los terroristas huyeron a través de
Colombia cuando las FARC no gobernaban todavía.
La guerra de Alá contra Yahvé tiene otros antecedentes distintos a la
ocupación israelí del territorio palestino con el respaldo de Naciones Unidas
en la mitad del siglo pasado, pues el odio teológico de los árabes (también
semitas como los judíos) y de otros pueblos islámicos, como el odio de los
cristianos, se expresó en todo Occidente durante más de veinte siglos. A los católicos siempre se les ha enseñado
que los judíos mataron a Jesús; pero ese cuento no es más que uno de los muchos
mitos de los evangelios. Las tres
religiones monoteístas siguen en guerra.
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