Aunque siempre ha presumido ser de
izquierda, pertenecía a la guerrilla derechista y romántica del M-19; luego se
unió a un sancocho llamado Polo Democrático Alternativo con la ANAPO
conservadora y populista, el sectario MOIR y algunos amigos de la guerrilla;
durante la campaña a la alcaldía de Bogotá dijo defender la Doctrina Social de
la Iglesia aunque nadie entendió a qué se refería y, cuando llegó al trono,
proclamó que construiría “la Bogotá Humana”.
Gustavo Petro es la mejor expresión de la confusión ideológica en que
vive la izquierda colombiana.
Cualquiera podría pensar que tales
ambigüedades no son exclusivas de la izquierda ya que en todos los partidos
caben todas las tendencias después de que las ideologías perdieron todo respeto
y prestigio en el siglo pasado; ya que los guerrilleros no tienen ningún
inconveniente en ponerse la camiseta de los paramilitares y viceversa; ya que
unos y otros se nutren con los mismos delitos y mantienen las manos untadas de
sangre y cocaína; ya que, en suma, la coherencia nunca ha sido un requisito
para hacer política y menos en un país donde cada ciudadano lee un libro en
promedio por año. Sin embargo, en el
caso de Petro y la izquierda, el enredo parece mucho mayor.
La mitología de la ideología burguesa
es humanista, es decir, se fundamenta en la persona humana y en los derechos de
cada individuo. Todo hombre y mujer
valen por sí mismos y quieren encontrar en la sociedad el reconocimiento de su
dignidad y valor. De allí podemos
concluir que la ideología de nuestro orden constitucional y jurídico es
humanista.
En cambio, el marxismo es la negación
a ultranza de ese humanismo, pues en su esquema el individuo o la persona no es
nada en sí mismo y solo es un elemento de la estructura económica o de clases
de la sociedad. La naturaleza o
identidad de cada hombre se determina por su vínculo o relación con los medios
de producción. Pedro, Juan y María son definidos
por su condición de obreros o dueños de los medios de producción, no por ser
humanos. En principio, el comunismo
buscaba acabar con las relaciones capitalistas de producción en la que ya no
habría capitalistas y obreros: todos serían iguales. Ahora nadie sabe qué es lo que buscan con
tantos partiditos: Partido Comunista, MOIR, UP, Marcha Patriota, Partido
Clandestino de las FARC, Alianza Verde, el Polo, Movimiento Bolivariano,
Progresistas... y el nuevo que las FARC quieren fundar. Entre todos no sumaron un
millón de votos en las últimas elecciones.
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