viernes, 30 de noviembre de 2018

EL GRAN OTRO




En la secundaria, un sacerdote nos enseñó que toda relación amorosa se daba entre tres personas, lo que en un contexto religioso significaba que el tercero era el mismo Dios.  Sin embargo, en una visión contemporánea ese tercero tiene ciertas características que no solo se refieren a Dios. El propósito de esta nota es profundizar de una manera sencilla lo que aparentemente es muy complicado. ¿Quién o qué es ese gran Otro?

Para quien ha sido padre, madre o abuelo es fácil entender este asunto si alguna vez ha observado con cuidado la forma como el bebé aprende a hablar o, lo que es igual, cómo ingresa al orden o al campo del lenguaje.  Imaginemos que el lenguaje, más que un medio de comunicación es una casa o una dimensión a la que ingresamos con dificultad, un mundo virtual como el internet.

Hablar es aceptar y regirnos por una serie de normas gramaticales y semánticas (relacionadas con el significado de las palabras). Corregimos al niño en la construcción de las frases y le imponemos el significado de las palabras establecido por nuestra cultura. En general, las palabras como “democracia”, “Dios”, “libertad” y cualquiera otra tiene un significado distinto en Colombia, Venezuela, Irak o la India; pero el niño debe aceptarlas sin derecho a protestar para ser aceptado en la comunidad a la que acaba de llegar. Más que una casa el lenguaje es una cárcel, como lo llamó un filósofo.

Como las palabras son representación o símbolos de las cosas, aprender a hablar es ingresar al mundo simbólico o de los signos. Esa casa o cárcel es un mundo nuevo que el niño no tenía y que los animales tampoco tienen al menos en la forma como se da entre los humanos. El hombre es un animal simbólico capaz de remplazar las cosas por símbolos o palabras; vivimos en el mundo virtual de las palabras, no en el mundo “real”.

Esa es la razón por la cual, si un bebé de menos de 9 meses es sacado del contacto humano, como puede ser en un accidente aéreo en la selva, y es criado por una manada de simios, nunca aprenderá a hablar, no ingresará al mundo simbólico, no será atraído sexualmente por un humano y será como un animalito. De estos casos, conocidos como “los niños de los lobos”, hay más de 70 casos reportados en todo el mundo.

Ahora, ese mundo simbólico, el lenguaje, esa estructura a la que ingresamos y nos domina o controla ha sido llamada el gran Otro. Y ese gran Otro puede tomar la forma de una persona imaginaria o de una cosa o de una ideología. Ese gran Otro me da identidad, da sentido a mi vida y me promete ser parte de un plan maravilloso muy superior a mí. Es Dios, para unos; la raza, la nación, el partido, el medio ambiente, el animalismo, el fútbol, etc. para otros.

lunes, 26 de noviembre de 2018

MISIONEROS Y CIENTÍFICOS



Una perspectiva para analizar la violenta pelea que se viene presentando en Colombia a través de los medios y las redes sociales podemos encontrarla en la vieja discusión en torno a la ciencia, esto es, entre razón y fe, ciencia e ideología, misioneros y científicos, ilustración y romanticismo.

El pensamiento mágico dominó el mundo occidental hasta muy entrada la edad media cuando un clérigo inglés, Robert Grosseteste, muerto en 1253, inventó o planteó claramente el método científico.  Como la iglesia tenía en Europa el monopolio de los libros o la cultura, las primeras reacciones contra la fe o el primitivismo cristiano aparecieron entre los mismos sacerdotes, motivo por la cual algunos de ellos terminaron en la hoguera.

Con la aparición de la imprenta en el siglo XV, la Reforma luterana en el XVI, los primeros grandes avances de la ciencia, la ilustración y la revolución industrial, la confrontación entre civilización y barbarie se tornó más fuerte, especialmente cuando en Inglaterra y Prusia (la Alemania actual) apareció el romanticismo como una respuesta a la revolución burguesa de la razón y de la democracia. En el mundo contemporáneo se mantiene ese pugna como un enfrentamiento entre la ciencia y las ideologías, sobre todo en países mal educados como el nuestro, pero que también se da en el primer mundo desarrollado. 

Google y las redes están llenas de basura que sin fundamento atacan los cultivos transgénicos; en las consultas sobre minería en Colombia predomina la visión romántica de la izquierda que genera desempleo y miseria pero que no toca la minería ilegal; cuando se publican cartas abiertas de intelectuales, por lo general las firman poetas, artistas o literatos sin formación científica para impulsar consignas ideológicas; en las discusiones sobre los acuerdos de paz y la corrupción son más los planteamientos fáciles sin mayor soporte en las verdades económicas y políticas de la nación; muchas de las leyes aprobadas por el Congreso misionero terminan siendo inútiles o generando más daños que beneficios porque la ciencia no es convocada en las discusiones.


viernes, 16 de noviembre de 2018

Iván Tabares Marín: LOS ESTUDIANTES CONTRA LA PAZ

Iván Tabares Marín: LOS ESTUDIANTES CONTRA LA PAZ: En un comentario sobre la reforma rural integral (RRI) de los acuerdos de paz utilicé el concepto de la suma igual a cero para ref...

LOS ESTUDIANTES CONTRA LA PAZ





En un comentario sobre la reforma rural integral (RRI) de los acuerdos de paz utilicé el concepto de la suma igual a cero para referirme a la propiedad de la tierra. Como la cantidad de tierra disponible para repartir entre los campesinos es limitada, da lo mismo que las parcelas las posea uno u otro porque llegará un momento en que ya no habrá más para repartir y, por otro lado, la escritura de la propiedad por sí misma no resolverá el problema del campesino y, mucho menos, del resto del país.

Mucha razón tenía Gustavo Petro cuando afirmaba que a las FARC no les interesaban las elecciones ni las curules en el Congreso, pero sí el poder que había logrado en el campo colombiano. Los acuerdos de paz garantizan ese poder en los próximos años, aunque el Estado no cumpla con lo prometido. Pero si intenta cumplir, de todas maneras, el problema para la seguridad económica y política de la Nación va a ser inmanejable.

Para los muy pocos colombianos que leímos los acuerdos, fueron desconcertantes el carácter constitucional de los mismos y la obligación que tienen los próximos gobiernos de incluir los acuerdos en los planes de desarrollo, léase bien, con carácter prioritario (1.2.3). Eso significa que los nueve planes nacionales para el desarrollo rural deben ser financiados antes de establecer las inversiones para educación, salud, subsidios, empleo de las mayorías colombianas urbanas. El movimiento estudiantil es un atentado contra los acuerdos de paz (el presupuesto nacional también es una suma igual a cero: una partida se le da a la U o se da a la RRI o a la justicia, etc.)

Pero lo peor no es eso. Con los acuerdos estamos dando marcha atrás en la historia y el proceso lógico del desarrollo. Para explicarlo debemos recordar el cambio social, poblacional y económico que vivieron los países del primer mundo o desarrollados en la postguerra, después de 1950 y que hizo que los campesinos o la población rural desapareciera casi en su totalidad.  La agricultura se tecnificó, se crearon numerosas universidades y la educación se convirtió en un derecho universal. Los campesinos migraron a las ciudades ingresaron a la Sorbona, aprendieron a formar barricadas y a tirar piedras en nombre de la revolución proletaria cuando se habían aburguesado.

En otras palabras, la agricultura moderna, para que sea eficiente y competitiva, implica enormes inversiones, grandes extensiones de tierra, mucha tecnología de punta y muy pocos trabajadores. Lo menos indicado que puede hacer un país para aumentar la riqueza y lograr bienestar para todos es “amarrar” al campesino a una hectárea, una vaca y una choza en lo más profundo de los llanos o las selvas amazónicas.
Pare entender de economía debo consultar a un economista; los asesores de Santos en los acuerdos fueron un abogado, un filósofo y varios politólogos

jueves, 15 de noviembre de 2018

SOCIALISMO CON ROSTRO HUMANO




Volvamos a los años sesenta del siglo pasado y tratemos de encontrar en ese tiempo los antecedentes de la situación actual de nuestra patria. Hagamos, para ello, una composición de tiempo y lugar y recordemos que en 1945 había terminado la Segunda Guerra Mundial, que Alemania nazi había sido derrotada gracias a la intervención de los Estados Unidos de Norteamérica y al ataque, por el flanco oriental, de Rusia, gobernada desde 1924 por el tenebroso Stalin.

Cuando después de la muerte de Stalin en 1954 se denunciaron sus errores y los millones de seres humanos muertos durante su dictadura, los ideólogos consideraron los escritos de Marx, los de su madurez, como supuesta causa de las fallas del sistema comunista y decidieron revisar sus escritos de juventud, más idealistas. De esa visión nació el concepto de una tercera vía o del socialismo con rostro humano, respetuoso con las libertades individuales y las metas colectivas.

El control imperial de Rusia no permitió que esas expresiones revisionistas del dogma marxista se intentaran en Europa del este y, por ello, el 21 de agosto de 1968 Checoslovaquia fue invadida por una fuerza descomunal de tanques, aviones y soldados, tal como lo hicieron en otros países comunistas que intentaban liberarse en aquellos años.

Ante el fracaso total del régimen comunistas en casi todo el mundo, con las excepciones de Cuba y Corea del Norte, la izquierda aceptó su derrota, descartó la guerra de guerrillas como mecanismo para la toma del poder y decidió modificar su ideología, participar en elecciones y tratar de adaptarse al régimen democrático y capitalista: un socialismo con rostro humano. De todos modos, en las mentes de los intelectuales revolucionarios quedaron rezagos de la vieja ideología y la intención, más o menos tácita, de volver a las mañas de Stalin o del Gran Timonel chino.

América Latina ha sido el laboratorio de ensayo del nuevo socialismo que en Venezuela se disfrazó de Bolivariano y aquí se llama “Colombia humana”. Las demandas enormes de países como China elevaron los precios de materias primas como el petróleo y el carbón, circunstancia que, unida a la falta de credibilidad de los partidos tradicionales, permitió los 15 minutos de “éxito” de Chávez, Lula da Silva y Correa, entre otros. La bonanza de las materias primas permite a los neomarxistas crear subsidios para todo, de una manera más radical a como lo hicieron Uribe Vélez y Juan Manuel Santos.

Eso significa que, en circunstancias como las actuales, un gobierno de la izquierda no tendría nada para repartir. Es decir, la posibilidad de que la izquierda tenga “éxito”, en una eventual presidencia de Petro en el 2022, depende de que a Duque le vaya bien. También tendría una buena opción la izquierda si se aplica el fracking sostenible, al que se oponen los mamertos porque Claudia López sabe más que todos los geólogos del país.

domingo, 4 de noviembre de 2018

EL OTRO



Desde muy joven me inicié en el mundo de los libros y pronto asumí como estrategia intelectual la investigación de las opiniones contrarias al texto que estaba leyendo. No puedo entender a los materialistas si no conozco las tesis de los idealistas, a Marx sin estudiar a Smith, al cristiano sin oír al hereje; no se puede entender a Dios sin tener al menos algunas opiniones del demonio. Tratar de entender al Otro fue la base de mis estudios.  Para ratificar ese método he tenido la satisfacción de encontrar grandes pensadores actuales que me han enseñado el engaño de las “diferencias”.

Para comprender esto en las actuales condiciones de Colombia los invito a pensar en la ideología de quien ha sido llamado “el anticristo” por algunos creyentes: Adolfo Hitler.  En su análisis, los partidos convencionales, distintos al comunista, les faltaba el fanatismo religioso o la fe ciega que también se encontraba en el cristianismo y en el fascismo italiano. Por eso se propuso darle este toque religioso al partido Nazi.

En nuestro caso colombiano o latinoamericano la situación es similar. Esa forma de nueva religión laica o sin Dios constituye el aspecto encantador de la izquierda para los jóvenes, la comunidad LGBTI, el movimientos feminista, campesino, ecológico y alternativo. El discurso elemental, fácil de entender, cargado de resentimiento, que siempre está señalando a los “culpables”, de aplicación inmediata y que promete un nuevo paraíso, identifica a la izquierda y a la derecha fascista o nazi con las religiones dogmáticas de la verdad única.

Los partidos tradicionales colombianos no ofrecen soluciones definitivas, carecen de fanatismo y no motivan las locas reacciones absolutistas y dogmáticas de los Verdes, Progresistas, Unión Patriótica y demás, fácilmente identificables con el heroísmo de la lucha de clases y la destrucción definitiva del Otro para lograr la paz y la libertad. Por eso, la izquierda encuentra en tales partidos tradicionales el chivo expiatorio que debe ser sacrificado en el altar del totalitarismo; “son ellos los malos, los corruptos, porque nosotros, el partido de Maduro, Evo, Stalin, Lula, Ortega y Mao, somos los limpios redentores dispuestos a dar la vida por los pobres”.

Ahora bien, lo que planteaba Hitler hace un siglo es la más moderna teoría del siglo XXI para explicar la evolución de la sociedad o los cambios políticos o religiosos. Si usted quiere ser un líder político o religioso debe inventarse un cuento convincente que copie el fanatismo de las religiones monoteístas o los partidos totalitarios. “Es la religión la que crea las civilizaciones” y no al contrario, nos dice el materialista Michel Onfray. Millares de estudiantes adolescentes lo seguirán si lo logra; harán huelga de hambre y estarán dispuestos a dar la vida por su partido o secta.

Los mismos que llevaron a Lula Da Silva al poder, acaban de dar su voto a quien más se parece a Hitler en Latinoamérica.


lunes, 29 de octubre de 2018

UNA GUÍA PARA EUROPA




Viajar por en Europa en uno de esos planes baratos es una oportunidad para cuestionarnos a nosotros mismos y, también, para escudriñar la opinión que las guías españolas o tal vez todos los europeos tienen de los latinoamericanos en materia cultural.

En Madrid, por ejemplo, nos señalaron el edificio de donde se arrojó la bomba que por poco le quita la vida al rey Alfonso XIII y, una cuadra más adelante, el edificio donde probablemente estuvo encarcelado el rey de Francia, Francisco II. Entonces me pregunté por qué no se ampliaba la información: si era por la velocidad de esos paseos, porque la guía suponía que todos sabíamos de las circunstancias de esos hechos o simplemente se pensaba que a esos “pobres indiecitos” no les importa la historia.

Ya en Alemania sucedió algo más desconcertante. Mientras tomaba un café con la guía le pregunté por qué no había dedicado una parte de sus comentarios al evento tan importante de la Reforma protestante con motivo de sus 500 años. “Ya lo hice”, me contestó sin disimular cierto fastidio. “Cierto -le contesté- pero solo hablaste un minuto”. “Es suficiente”, me dijo.

Luego, dedicó la guía más de media hora a contarnos los chismes y desamores de Isabel de Baviera, mejor conocida como Sissi, esposa del emperador de Austria Hungría, Francisco José, de la dinastía de los Habsburgo. Recordemos que la historia de la neurótica y enferma Sissi se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX, después de revolución de 1848 que marcó el principio del fin de las monarquías europeas. Sin embargo, de aquello nada se dijo. Entonces empecé a dudar de la preparación de estas señoras.

Estuve a punto de parar el bus para bajarme cuando la guía, una italiana, nos informaba que estábamos pasando por el campo de Fiori en Roma. Quería rendir un homenaje a Giordano Bruno, llevado a la hoguera allí mismo por la Inquisición en el año 1600; también quería recordar la tragedia del pueblo judío cuando en esa misma plaza fueron quemados en el siglo XIII sus libros sagrados, como el Talmud y los textos de la cábala, porque contenían doctrinas que no se acomodaban a los dogmas católicos. Los libros eran “los herejes mudos” entonces

En Venecia sucedió un episodio muy desagradable. La guía italiana explicaba los orígenes de la devoción al evangelista san Marcos que da nombre a la plaza. “Debe ser una leyenda porque no se sabe quién o quiénes escribieron los evangelios”, comenté. “Es la fe, señor”, dijo la señora elevando su voz sin ocultar su fastidio.
Fuera de algunas referencias a los estilos arquitectónicos y a las obras de arte en los museos, la información histórica es escasa. Las guías europeas prefieren hablarnos del caníbal de Rotemburgo que de nuestras raíces culturales. Algo está fallando en las agencias de viaje. Tendré que viajar con Diana Uribe

viernes, 26 de octubre de 2018

UN DIVÁN PARA PETRO





Hace unos años intenté en mi columna de prensa una introducción a la lingüística.  Para regresar a ese cuento, debemos recordar que lo real no es lo que está frente a nuestros sentidos, según nos han enseñado la física moderna desde principios del siglo pasado; que nuestra mente tiene una manera de conocer que modifica, construye u organiza las sensaciones que nos llegan del mundo exterior. Para comprenderlo debemos imaginar nuestro paisaje externo antes de que existiera una mente humana capaz de conocerlo y traducirlo en palabras. Ese mundo prehumano sería como el que nos describe la física cuántica: un mundo de energías y corpúsculos sin colores, sin formas, sin olores y sin sonidos, porque estos últimos aparecieron cuando surgió un cerebro humano capaz de definirlos.

Para ordenar ese mundo caótico de lo real nuestra mente tiene un registro que se conoce como simbólico o, lo que es igual, el registro de las palabras o del lenguaje articulado.  Si bien, los animales tienen un lenguaje, el nuestro es articulado, distinto al de ellos, que nos permite interpretar o leer la realidad de una manera lógica o con sentido. De allí que cuando un paciente llega a una clínica diciendo que es Napoleón Bonaparte y que va a acabar con los corruptos, el médico dirá: “tiene una falla en el registro simbólico”.  Es la misma experiencia que alguna vez hemos tenido cuando despertamos en una finca después de una fiesta o en el hotel de otro país. En el momento no sabemos dónde estamos (falla del registro simbólico), pero pronto recordamos y ordenamos la película, nuestro tiempo y nuestro espacio.

Hay otro registro necesario para conformar nuestra mente y nuestra realidad. Es el imaginario. Este completa nuestro mundo y es el responsable de nuestras ilusiones, sentimientos, sueños y utopías; si no fuera para este registro, en el “otro” humano solo veríamos un conjunto de músculos, tendones, órganos y desechos. Gracias al imaginario, el otro es el objeto de mi deseo o el motivo de mi odio.

Nuestra realidad humana se constituye, pues, por medio de tres registros: lo real, lo imaginario y lo simbólico. El proceso a través del cual ingresamos a ese mundo de lo simbólico se da en los primeros años de vida en el drama de encuentros y desencuentros con los otros, con mi madre y mi padre o con quienes cumplan tales funciones.

Decía el psicoanalista Jacques Lacan: “Lo que es demasiado traumático para quedar integrado en los simbólico regresa a lo real como construcción paranoica”. Pensemos en el trauma de Petro al no poder llegar a la presidencia después de obtener ocho millones de votos que jamás imaginó.  Después de las elecciones no ha expresado una sola idea sensata o positiva; ataca, insulta, calumnia, ve enemigos por todas partes. “Tiene una falla en lo simbólico”, diría el psicoanalista. Está paranoico.

jueves, 25 de octubre de 2018

EL ERROR FUNDAMENTAL DE LA IGLESIA




Hace unos treinta años, uno de esos magos que leen el futuro en una bola de cristal pronosticó que por estos días se acabaría la iglesia católica como consecuencia de las revelaciones de los Rollos del mar Muerto. Aunque fue grande la discusión en torno a esos textos descubiertos a mediados del siglo pasado, no tuvieron ninguna influencia importante en los creyentes ni en la doctrina.

Cualquier persona podría pensar que el error primordial cometido por el catolicismo fue el establecimiento del celibato obligatorio del clero, determinante de la crisis actual y que pone en peligro los cimientos mismos de la religión de Pablo. Otros, como el teólogo Hans Küng, dirían que el error garrafal de Roma fue no haber aceptado la Reforma luterana y no haber dialogado con los protestantes. Para otros eminentes teólogos luteranos las cosas habrían marchado mejor si no se hubiesen fusionado las sencillas y sublimes enseñanzas de Jesús con la filosofía griega o las creencias paganas de los gnósticos.

¿Cuál fue el error fundamental del cristianismo? Una respuesta particular la dio el filósofo y psicoanalista nacido en Constantinopla Cornelius Castoriadis (1922–1997): el error básico de los cristianos es creer que podemos amar a Dios. En íntima relación con este planteamiento se encuentra en todos los monoteísmos (judaísmo, cristianismo e islam) la crítica al antropomorfismo o a la consideración de Dios como persona.  Desde el siglo VI antes de Cristo los filósofos griegos se mofaban de esa forma de ver a los dioses: “si lo caballos creyeran en los dioses, los pintarían como caballos”. 

Tales discusiones llevaron a algunos a optar por el panteísmo o por el escepticismo. Así sucedió entre los judíos después de los siglos XII Y XIII cuando nació en el sur de Francia el movimiento de la cábala. Con esta forma de interpretación se buscaba un sentido oculto de las sagradas escrituras pues Yahvé no habla como los humanos.  En el siglo XVII, también dentro del judaísmo, el filósofo Baruch Spinoza se planteó el mismo asunto y concluyó que Dios es todo, motivo por el cual fue expulsado de su religión por los rabinos. Hasta el mismo Albert Einstein respaldaría esta visión panteísta de Dios en el siglo XX como también lo harían otros científicos.

A finales del siglo XVIII, cuando en Alemania se iniciaba una de las revoluciones culturales más trascendentales de la humanidad, el romanticismo, también se discutió el problema de Dios como persona, pero esta vez en un ambiente protestante. Mientras algunos poetas veían a Dios en cada elemento de la creación, otros iniciaron el movimiento del desencanto o del ateísmo que en algunos países europeos ya comparte el 80 por ciento de la población.

Cada uno de nosotros puede proponer el error fundamental del cristianismo. Lo mismo podemos hacer con otras organizaciones. ¿Cuál fue el error fundamental del marxismo?  En otra nota lo discutiré.

miércoles, 24 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS IV




En 1930 apareció en París un profesor ruso, Alexander Kojéve, dispuesto a enseñarles a los franceses los planteamientos filosóficos de un alemán activo por allá en el 1800, Federico Hegel. Entre sus discípulos se encontraban algunos de los futuros genios del pensamiento europeo de gran influencia en todo el mundo.

Un norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, quien había estudiado en París las ideas de Hegel y Kojéve, publicó en 1991 el texto El fin de la historia y el último hombre. Con el fracaso del marxismo, no quedaba otra alternativa para la humanidad que la democracia y liberal y el capitalismo como mejor forma de reconocimiento a todo ser humano.  Pues si algo caracteriza al ser humano, o su deseo fundamental, es ser reconocido o aceptado por los otros, y ningún otro sistema podría satisfacerlo. Como es obvio, la izquierda se opuso a semejante conclusión porque, para ella, el fin de la historia era otro, como también para las religiones monoteístas.

Cuando Fukuyama estudiaba en París, el movimiento filosófico que predominaba era el estructuralismo; entre sus principales impulsores estaban el marxista Louis Althusser, Michel Foucault, el psicoanalista Jaques Lacan, el etnólogo Claude Levi-Strauss y Roland Barthes, entre otros.

El estructuralismo es una aplicación de la lingüística y la semiología a la reflexión sobre el hombre dado que toda relación humana puede ser reducida a una relación de sentido. El lenguaje es la prisión del hombre; la razón está estructurada como un lenguaje; vivimos en una dimensión simbólica de la que no podemos escapar; el juego de significados y significantes nos determina y define.

Así como cada palabra o fonema (unidad básica del lenguaje) se determina por su relación o diferencias con los otros elementos del discurso, el individuo o cada ser humano se define por el lugar que ocupa en la estructura social, familiar, política y económica, o por las relaciones o diferencias con los otros elementos de la estructura. El sujeto humano como entidad autónoma o como esencia o como ser único e irrepetible no existe. Cada uno es parte de un engranaje o una pieza de un rompecabezas o una palabra en un párrafo. Y es solo eso.

Como siempre pasa, a cada movimiento filosófico el sigue otro que llega para destruirlo. En un texto, que el francés Michel Onfray escribió el año pasado y se tradujo al español en junio de este año, intenta ridiculizar al estructuralismo. “Este es el sentido del antihumanismo estructuralista: el hombre ha sido expulsado del mundo, que ya no está constituido sino por estructuras. Ya no hay obrero explotado por su patrón, ya no hay mujer golpeada por su marido violento, ya no hay niños sometidos a la sexualidad de un pedófilo (…) solo hay relaciones invisibles, estructuras indefinibles (…) Lo real se ha disuelto. Al menos en los libros” (Decadencia, 2018, editorial Paidós)
“Nunca antes el nihilismo filosófico había llegado tan lejos” (ibidem)

martes, 16 de octubre de 2018

FRACKING




De la forma como la nación colombiana enfrente este asunto dependerá nuestra seguridad económica futura y la posibilidad de que nuestros municipios reciban mil millones de dólares al año por regalías; un incremento de nuestras exportaciones de hidrocarburos calculado en aproximadamente 15.000 millones de dólares; el abastecimiento suficiente en gas que evite los incrementos de las tarifas de energía en el anunciado fenómeno del niño; una reservas de gas para los próximos 20 o 30 años, y muchos otros beneficios.

 El primer obstáculo que tenemos para que todo eso sea una realidad es político o ideológico. Tanto la extrema derecha como la izquierda intentan manipular el terror del cambio climático y de la inevitable futura desaparición de nuestro planeta para ganar seguidores, obtener votos y ratificar sus mediocres ideologías. En este caso particular, buena parte de la falsa información procede de los Verdes desde 1970 aproximadamente.

Contra esa orientación cuasirreligiosa de la ecología ha surgido otro movimiento soportado por la ciencia y que ha tomado diversos nombres: ecomodernismo, ecopragmatismo, ecologismo humanista y movimiento azul turquesa.  Steven Pinker presenta una de las premisas de esta nueva ecología: “la disyuntiva que enfrenta el bienestar humano contra el daño ambiental puede renegociarse mediante la tecnología”.

Ahora entremos en materia. El domingo pasado, se publicó en El Tiempo una separata con amplia información sobre el fracking, respaldada por las más importantes empresas vinculadas a la explotación de hidrocarburos y las asociaciones de profesionales del ramo con el propósito de ilustrarnos y denunciar la mitología que circula en diversos medios. Este artículo solo intenta resumir ese informe.

Hay dos tipos de yacimientos de hidrocarburos. En el convencional, la roca en la cual se encuentra el hidrocarburo es altamente porosa, lo que facilita el flujo de hidrocarburos; en el yacimiento no convencional (YNC), los hidrocarburos se encuentran atrapados en lo que se llama la roca generadora que es de baja permeabilidad, ya que sus poros no están conectados entre sí y no les permiten fluir”. El fracking o técnica del fracturamiento hidráulico de la roca que genera el hidrocarburo se utiliza en el YNC.

Enumero a continuación algunos de los mitos inventados por el fanatismo ecologista:

- El fracking genera sismos. En realidad, solo puede generar microsismos imperceptibles para el ser humano.

- Contaminación de los acuíferos. No es cierto. Los pozos quedan hasta con seis barreras (tubería y cemento) que aíslan los acuíferos aprovechables para prevenir su contacto con los fluidos inyectados o producidos por el yacimiento.

- Uso de químico tóxicos y secretos.  Falso. Los aditivos usados no entran en contacto con el ambiente ni con las comunidades porque el manejo se hace en sistemas cerrados.

- Sale a la superficie material radiactivo. En Colombia no se han encontrado materiales radioactivos en los YNC.

En fin, hay otras falacias, pero los colombianos tenemos normas estrictas que nos protegen de abusos o daños ecológicos.

sábado, 13 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS III


El significado y el significante


Esta es la tercera parte de un escrito que titulé inicialmente “Filosofía para todos” y que luego llamé “la presencia”. Comentaba que entre el pueblo de Israel en diáspora surgió la cábala o una nueva forma de interpretar la Torá o lo que en nuestra Biblia llamamos el Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Los judíos vivían en guetos en las distintas ciudades cristianas de Europa, en el siglo XIII, cuando fueron denunciados los comentarios que sus eruditos habían hecho en el libro del Talmud y en las interpretaciones de la cábala aparecida en esos años. La Iglesia ordenó la incautación y quema de tales libros por considerarlos heréticos. No se podía buscar un nuevo significado para las palabras de la Biblia distinto al que la Iglesia de Roma había establecido.  El libro no autorizado por Roma se llamó “el hereje mudo”.

Pero pronto aparecieron sacerdotes y líderes cristianos que cuestionaban las doctrinas de la Iglesia, convencidos de que cada palabra o significante de los textos sagrados permitía otros significados u otras interpretaciones, de tal forma que era imposible determinar un significado o un sentido último de cada palabra. El significante no se dejaba agarrar o reducir a un solo sentido. Esta situación interna del cristianismo llegó a su pleno desarrollo con la Reforma protestante en el siglo XVI. Lutero y sus seguidores establecieron que la palabra de Dios tiene un significado personal para cada creyente y que no era necesaria la autoridad de la Iglesia para entender el mensaje.  

De la primacía del significado establecido por el poder del rey y del papa pasó occidente a la primacía del significante. Comenzaba la era moderna. Si la palabra de Dios era diferente para cada ser humano, el fin de la Iglesia y del poder del rey era cuestión de tiempo. Ya se anunciaba la democracia, la libertad de pensamiento, la igualdad de todos los seres humanos, el surgimiento de la ciencia. Ya todo estaba dado para una revolución del significante.

Fueron necesarios los avances científicos del siglo XX y los logros de la lingüística o de la semiología para que se completara la denuncia de la vieja filosofía u ontología y de la mitología de “la presencia”. El logocentrismo o metafísica del ser nos había engañado; ningún pueblo tiene el secreto de la verdad o de Dios y por eso se reveló la ilusión del etnocentrismo; el falocentrismo, el lenguaje de los machos para esclavizar a las mujeres, mostraba su aberración. La verdad no está en el principio; no hay un centro o referente del discurso; el significante no está amarrado a un significado; no hay sentido.

Es muy curioso que dos judíos, Jaques Derrida y Emmanuel Levinas, hayan sido dos de lo principales artífices de la crítica a todo el pensamiento occidental. El segundo cambiará la filosofía del logos por la ética del Otro; pero es otro cuento.




viernes, 12 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS II

LA PRESENCIA


Señalaba en la nota anterior que algunos pensadores contemporáneos han tomado una posición crítica frente a toda la cultura occidental, en particular contra la filosofía y la tradición judeocristiana.  Para entendernos mejor, partiré de los orígenes de la religión judía, tal como aparece en sus libros sagrados, antes de referirme a la filosofía.  La validez del judaísmo se basa en una presencia, la de Yahvé, que hablaba a los patriarcas y le entregó los diez mandamientos a Moisés en medio de gran aparato.

Por los mismos años, en los siglos VI y V antes de Cristo, los griegos iniciaban la filosofía o la versión de la razón sobre el mundo y la condición humana. Allí también el soporte del discurso o de la verdad es una “presencia” llamada “el Ser”. Como correspondía a esa edad precientífica, los pensadores creían estar conociendo la realidad, explicando el mundo y lo humano, por medio de su razón, y se imaginaban que la presencia, el ser, estaba ahí, al frente, como el Dios de los hebreos, el logos, la verdad.

Con el cristianismo, Dios y el Ser se convierten en uno.  Dios mismo toma un cuerpo en Cristo, y el evangelista Juan lo llamaría el “logos”, la verdad o la razón. La síntesis del pensamiento griego, politeísta y pagano, con el judaísmo, monoteísta y trascendente, es lograda por san Pablo. Recordemos que Pablo era judío, hablaba griego, y pensaba que con el cristianismo se acababan todas las diferencias, somos una hermandad con un solo Dios, con una palabra que solo tiene un significado y que no admite nuevas interpretaciones. Un solo padre, una humanidad, un Dios, una autoridad, una verdad, una presencia, un dogma.

Solo faltaba una espada como garantía o condición del pensamiento único. Cuando el evangelista puso en labios de Jesús aquello de “dad a Dios lo que es del Dios y a Cesar…” comenzó ese coqueteo con el imperio que terminaría con un dañado y punible ayuntamiento en las postrimerías del siglo IV. Un emperador cristiano y español, Teodosio el Grande, y un papa también español, Dámaso I, fundaron la única verdad. Occidente comenzó la oscura y larga noche de la Edad Media.

En el siglo XIII, se consolidó la unión del cristianismo con la filosofía griega a través de la Escolástica y de la Suma Teológica de Tomás de Aquino. Sin embargo, poco tiempo después empezaron a surgir pensadores inconformes como el monje franciscano Guillermo de Ockham que cuestionaba el sentido del lenguaje. También apareció por ese entonces en el sur de Francia un movimiento místico y de nueva interpretación de los libros sagrados del judaísmo conocido como la cábala.

La cábala buscaba un nuevo sentido en los libros sagrados dando, por ejemplo, un número a cada letra, relacionando distintos párrafos o textos e intentando explicar la situación adversa del pueblo elegido.  (Continuará)

jueves, 11 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS




En secundaria nos enseñaban que el problema que más inquietaba a los filósofos era el de la relación sujeto-objeto y de la forma como nuestra mente conocía la realidad. Por influencias religiosas y de la filosofía escolástica, se nos enseñaba que la verdad era la concordancia o proximidad que existía entre nuestra idea y la realidad o el objeto.  Esa perspectiva ingenua o elemental, precientífica todavía se mantiene en las discusiones que tenemos en las redes sociales.

Desde finales del siglo XVIII con pensadores como Emmanuel Kant y F. Hegel todo ese cuento cambió y se nos mostró con la mente no es como una cámara fotográfica que capta la realidad, sino que es activa o crea su propia realidad. En otras palabras, nuestra manera de conocer, las posibilidades de nuestros sentidos y nuestras categorías o estructuras cerebrales solo nos permitían llegar a la realidad de una manera muy limitada y acomodada.

Luego aparecieron los maestros de la sospecha, como Marx, Freud y Nietzsche, que mostraron que, además, nuestra visión del mundo y de nosotros mismos estaba supeditada a nuestras relaciones con la economía o materia, con los conflictos del inconsciente y las arbitrariedades del lenguaje. Estábamos tan equivocados, que el edificio creado por la humanidad hasta entonces empezó a derrumbarse, Dios fue declarado muerto y comenzamos el siglo XX sin saber qué camino tomar.

Los filósofos decidieron cuestionar el conocimiento científico y buscar una opción para que la filosofía siguiera existiendo al principio del siglo XX, en el momento en que la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica tomaban la delantera.  Un genio alemán, llamado Edmund Husserl, encontró la salida con lo que se llamó la fenomenología. Se trataba de volver a las cosas mismas, a todos los matices y aspectos que ellas tienen y que eran ignorados por los científicos, siempre dedicados a aspectos parciales de las mismas.

De manera simultánea, un enfoque lingüístico o semiológico empezó a predominar en las ciencias sociales y en la filosofía. Descubrimos que entre nuestras ideas y las cosas estaban las palabras; que el lenguaje es como una prisión en la que vivimos; que los filósofos jugaban con el lenguaje pero que la realidad misma nos era esquiva; que toda relación humana se reducía a una relación simbólica o de juegos del significante con el significado; que, en fin, no hay sujeto ni hay objeto: ambos eran creaciones de la mente.

Pero faltaba lo mejor y más loco. A finales del siglo XX algunos pensadores empezaron a cuestionar toda la filosofía o cultura de occidente. Llevábamos 25 siglos de equivocaciones. Tanto la filosofía desde los griegos como la religión desde los hebreos tenían un soporte falso y, lo que es peor, ese discurso o ese lenguaje ha generado guerras, abusos del poder, discriminaciones, el Holocausto, el nazismo, el marxismo… (Continuará)

sábado, 6 de octubre de 2018

EL LENGUAJE DE SEÑAS




Nicolás Maduro se declaró en la ONU como un continuador de Mandela. Sin embargo, el gobierno de Nelson Mandela fue frustrante para la izquierda porque, en su perspectiva, no pasó nada importante; “Sudáfrica siguió siendo una democracia multipartidista con prensa libre y una economía integrada en el mercado global e inmune a los precipitados experimentos sociales”; además, se mantuvo la miseria de los tiempos del apartheid y una nueva élite negra se unió a la blanca.  De esa forma resume Slavoj Zizek la reciente situación de Sudáfrica. Él es filósofo, psicoanalista, sociólogo y divulgador del pensamiento marxista con gran éxito en todo el mundo con más de cuarenta libros publicados.

En el funeral de Mandela, ocurrido el 10 de diciembre del 2013 con la participación de grandes personalidades de todo el mundo en Johannesburgo, el encargado de repetir los discursos en lenguaje de señas resultó ser un farsante. El hombre alegó, en el momento de ser interrogado por sus extravagantes movimientos, que había sufrido un ataque esquizofrénico incontrolable. Nadie el creyó porque, además, tenía antecedentes delictivos.

En el análisis de Zizek, todo el funeral fue una pantomima porque el mandato de Mandela no llevó a una verdadera revolución socialista, los negros seguían sufriendo, y eso era lo que interesaba a los representantes del capitalismo. De allí que los movimientos sin sentido del falso señante estaban reflejando la realidad de lo ocurrido.

Esa explicación es perfectamente coherente con la ideología del autor, para quien “el comunismo sigue siendo el único horizonte desde el cual no solo se puede juzgar, sino incluso analizar adecuadamente lo que ocurre en la actualidad”. Sin embargo, en una entrevista reciente concedida a un medio argentino, Zizek señaló que la situación actual del mundo es tan confusa que “la izquierda no tiene nada para ofrecer”.

Es un nuevo sofista del intelectual experto en diversos lenguajes que combina de forma caprichosa para criticar el mundo de hoy, capitalista, burgués y próximo a fracasar. No tiene ningún respeto por los códigos pues en una misma página cita a Lacan, Marx, una película de Batman, F. Hegel y hasta una epístola de San Pablo para ratificar sus planteamientos ambiguos. Solamente juega con diversos lenguajes para hacer su lucrativo negocio; es el malabarista de las metáforas y las metonimias como el farsante del lenguaje de señas en el sepelio de Mandela.

Transcribo algunas frases de Zizek para que nos formemos una idea de su pensamiento de izquierda: “Necesitamos una Thatcher de la izquierda”. “Deberíamos seguir la lección del psicoanálisis: el único camino hacia la liberación se da a través de la transferencia, y por eso la figura del amo es inevitable”. “Los auténticos líderes no hacen lo que la gente quiere o planea; le dicen a la gente lo que ellos quieren, y solo a través de estos la gente comprende lo que desea”. “Los sueños ideológicos estructuran la realidad”.


martes, 11 de septiembre de 2018

OTRO ACUERDO BAJO LA MESA




En las conferencias dictadas por los guerrilleros a los campesinos colombianos, se intentaba imponer como nuevo mito fundador de la Nación la masacre de las bananeras, ocurrida en 1928 e inmortalizada por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. Así se buscaba modificar nuestros textos de historia para que tal mito no fuera la simpática pelea de compadres por un florero y el “grito de independencia” de 1810.

Sin embargo, podemos revisar nuestra historia y buscar la fundación de nuestra democracia maltrecha en otra pelea mucha más significativa y que terminó con un acuerdo bajo la mesa, como el que se acaba de firmar.  Me refiero a la rebelión de los comuneros de 1781. “Las autoridades españolas y el arzobispo hicieron un acta secreta en la que declaraban que eran inválidas las actas (firmadas por los comuneros) por haber sido obtenidas mediante la fuerza”, nos cuenta Melo en su La historia mínima de Colombia.  También entonces el pueblo fue engañado, José Antonio Galán volvió a sublevarse, y él con cuatro compañeros fueron decapitados.

Ahora miremos el ambiente en que se dio esa sublevación de los bravos santandereanos. El rey de España era un mediocre borbón llamado Carlos III (1759 – 1788), conocido como “el mejor alcalde que ha tenido Madrid”, pero que se asesoró bien. Un visitador nombrado por el rey en 1765 para que solucionara el caos administrativo existente en México, José de Gálvez, logró el milagro y ese virreinato logró un desarrollo espectacular en los años siguiente.  El mismo plan basado en una reforma tributaria fue traído a la Nueva Granada por el visitador Francisco Gutiérrez de Piñeres. Los nuevos impuestos generaron rebeliones en todo el imperio, siendo las más violentas la de los peruanos con Túpac Amaru y la de los comuneros granadinos.    



Las analogías con nuestro tiempo son muchas otras. Si el movimiento comunero fue provocado por nuevos impuestos, la pelea ridícula entre las dos colombias que nos dejó Santos se centra hoy en la reforma tributaria de Duque; si en aquellos años fueron expulsados los jesuitas de los dominios españoles, el actual descrédito de la religión Católica parece el preámbulo de su fracaso definitivo; si en el siglo XVIII la disyuntiva era la industria o el campo, los acuerdos de paz priorizan hoy el segundo, y la “izquierda” propone sembrar aguacates, mientras el nuevo presidente basa su programa en la economía naranja; si muchos granadinos querían que el rey de España viniera a reinar aquí después de haber sigo derrocado por Napoleón, ocho millones de colombianos casi eligen como presidente a un clon de Hugo Chávez.

Tan desorientados estaban los españoles por nobles y curas que ignoraron la Ilustración y Revolución Francesa; asimismo, nuestros antepasados de los primeros años del siglo siguiente no sabían si defender al rey depuesto, los ideales monárquicos de Bolívar o el mensaje liberador de Bonaparte.


viernes, 7 de septiembre de 2018

EL MITO DE LA "MERMELADA"



Los efectos ya están a la vista. El país avanza hacia la ausencia de gobernabilidad y a una crisis enorme como efectos colaterales de la campaña anticorrupción. Nos hemos vuelto más papistas que el papa gracias a las rabietas y a los ingenuos sofismas de la histérica de los Verdes. Lo políticamente correcto parece ser el mejor argumento de la oposición para bloquear el gobierno de Iván Duque con la colaboración de los señores de la Unidad Nacional heredada del gobierno Santos.

Es la misma experiencia que tuvimos que soportar en el primer gobierno de Álvaro Uribe cuando trató de imponer los concursos de méritos para la selección de los cargos públicos de alto rango; pero fracasó por las presiones de la casta política de manera tan abierta que vimos cómo entidades responsables de la economía se llenaron de burócratas irresponsables. No es el Presidente quien gobierna; es esa banda de delincuentes que elegimos en el Congreso.

Con su ingenuo eslogan de que en su gobierno no habrá mermelada, Duque designó para los principales cargos de su mandato a técnicos no contaminados por las componendas clientelistas. Eso alborotó al Congreso y creó el caos, no hay mayorías claras para aprobar los proyectos del gobierno y algunos partidos quieren imponer los propios, mientras Petro y Claudia se frotan las manos de satisfacción porque se empieza a cocinar su próxima elección en el 2022. El uribismo cayó en la trampa otra vez y pronto tendrá que empezar a repartir notarías, agencias estatales u puestos entre sus enemigos para que lo dejen gobernar. Sin mermelada no hay paraíso.

El principio de que debemos reducir la corrupción a sus justas proporciones explica muy bien mi posición.  Colombia es un país pobre en el que  desde antes de que lográramos la independencia los cargos públicos se vendían porque entonces como hoy el Estado era el principal proveedor de empleos. La señora que solo sabe barrer y el señor que solo sabe conducir un ascensor tienen, como última esperanza de subsistencia para su familia miserable, un cargo oficial y por eso tiene que vender su alma al traficante de las dignidades que es el líder político del barrio. Ese drama, repetido millones de veces, también es producto de la despreciable mermelada.

Si el congresista no tiene una nómina para pagar su clientela, perderá su curul y nadie votará por él. De allí que está dispuesto a jugar con el futuro de los colombianos si sus objetivos no se logran en un gobierno que quiere jugar a ser limpio. Ante este desafío, Duque tendrá que ceder en los próximos días y entregar las entidades oficiales al manejo rastrero del Partido de al U, los liberales y demás. Claudia y Petro seguirán frotando sus manos de felicidad porque el pueblo ignorante los considerará sus redentores. ¡¿Cómo es posible tanta...?!



lunes, 27 de agosto de 2018

EL TURCO Y EL NEGRO



Con una coalición de liberales moderados y conservadores, conocida como el Partido Nacional, Rafael Núñez llegó a la presidencia de la República para un mandato que en ese tiempo era de seis años (1886 -1892). Convocó una asamblea para acordar una nueva Constitución Nacional, muy conservadora y favorable a los intereses de la iglesia católica, vigente hasta el año de 1991 con algunas reformas.

Núñez fue reelegido en 1892, pero murió dos años después, y asumió la vicepresidencia Miguel Antonio Caro. Como los liberales radicales no tenían participación en el gobierno, es decir, no habían recibido “mermelada”, se rebelaron, llevaron al país a la “Guerra de los mil días” (1899 -1902) y fueron derrotados. Para evitar este tipo de guerras civiles, en 1910 una modificación de la Carta estableció que el partido derrotado recibiría su tajada del pastel con un tercio de las curules. Sí, la mermelada trajo la paz.

Esa reforma facilitó que el Partido Conservador siguiera en el poder hasta 1930. Cabe señalar que en 1926 apareció un nuevo protagonista en la pelea por el poder, el partido comunista, que entonces se llamó Partido Socialista Revolucionario, PSR. Como tal agrupación había sido creada por un grupo de intelectuales sin arraigo sindical, la Internacional Socialista no lo recibió de buena gana.

El PSR promovió una huelga en la zona bananera del norte del país, como primer paso para tomar el poder en tres departamentos de la costa y luego en Bogotá. La huelga fue reprimida, el ejército enfrentó a huelguistas armados y unos cien de ellos murieron, aunque un mamerto llamado Gabriel García Márquez diría en Cien años de soledad que fueron como tres mil.  Los guerrilleros de las FARC crearían el mito de la masacre de las bananeras como el principio de la Colombia socialista que ellos iban a fundar.

Los comunistas se aliaron con el Partido Liberal hasta el año 1946.  Ese año las elecciones del nuevo presidente prometían ser muy interesantes porque se lanzó el “caudillo de pueblo”, un excelente orador no muy inteligente, llamado Jorge Eliécer Gaitán y apodado “el negro”, en franca confrontación con la oligarquía de los dos partidos tradicionales, a la que calificaba de corrupta con la misma emoción patriótica como lo haría en el año 2018 una señora llamada Claudia López. El otro candidato de los liberales se llamaba Gabriel Turbay, mejor conocido entre el pueblo como “el turco” y que había sido uno de los fundadores del comunista PSR.  Los conservadores se marginaron de la contienda y en una jugada genial lanzaron a última hora a Mariano Ospina Pérez y derrotaron a los liberales divididos.

Un acuerdo de paz con las FARC también sería pagado con mermelada. El negro Gaitán había rencarnado en Gustavo Petro.

Nota. Este artículo se inspiró en la lectura del libro Historia mínima de Colombia, de Jorge Orlando Melo.


viernes, 24 de agosto de 2018

NUESTRA HISTORIA



Si en las elecciones presidenciales de este año, más de ocho millones de colombianos se mostraron partidarios de una eventual dictadura soportada en el Foro de Sao Paulo y amiga de los regímenes de Maduro, Ortega y Lula, entre otros, es completamente comprensible que la mayor parte de nuestros antepasados, con un 48 por ciento indígenas y un 25 por ciento de mestizos, apoyara el restablecimiento de la monarquía española ante la incertidumbre de un nuevo régimen controlado por una minoría de criollos o hijos ricos de españoles, en los tiempos de lo que se llamó, sin justificación, “la patria boba”.

De la misma forma, podemos establecer analogías con la actual situación fiscal del país y la reacción de la población humilde al anuncio de nuevos impuestos con los eventos que desencadenaron la rebelión de los comuneros de Charalá y Socorro por allá en 1781. Para ello, debemos recordar que los asesores del rey de España, Carlos III (1759 – 1788), habían iniciado una serie de reformas tomadas de los pensadores de la Ilustración que en materia tributaria habían producido muy buenos resultados en la economía de la colonia mexicana.

La reforma tributaria, como decimos hoy, creaba varios impuestos y el monopolio de la metrópoli sobre el negocio del aguardiente y el tabaco, lo que obviamente disgustó a quienes hoy llamamos santandereanos, grandes productores de tabaco. Era una rebelión de los ricos contra España. Como sucede hoy, los acuerdos de paz se acompañaron de decisiones bajo la mesa, aunque entre los negociadores no había ningún tahúr aspirante al premio Nobel que no existía. Como los paramilitares de hoy, las autoridades españolas descuartizaron a los líderes de la revuelta.

Si usted quiere más reflexiones sobre nuestra historia, preguntemos por el momento en que se oficializó la “mermelada” y los efectos que produjo. La asamblea constituyente de 1910 buscó mecanismos para detener la eterna guerra entre liberales y conservadores y estableció la representación proporcional de los partidos, que luego se reglamentó y ordenó dar un tercio de las curules al partido minoritario.  La “mermelada” logró carta de ciudadanía y trajo como consecuencia lógica la paz entre los partidos hasta 1948. Cuando la “mermelada” alcanzó rango constitucional, se acabaron las guerras civiles.  Tal vez en eso estaba pensando el expresidente Santos cuando llamó a las FARC para que se quedaran con una buena porción de mermelada (impunidad, curules en el Congreso, la JEP y una reforma rural que les garantiza el control de los campesinos) a cambio de que entregaran sus armas.

En las postrimerías del siglo XIX apareció Rafael Núñez, como una encarnación anterior de Álvaro Uribe, un liberal que se volvió godo y logró un acuerdo entre los liberales moderados y los conservadores para tomarse el poder no solo con un articulito sino con la nueva Constitución Nacional de 1886.

Todo colombiano debe leer la Historia Mínima de Colombia, de Jorge Orlando Melo.

martes, 21 de agosto de 2018

LOS "INTELECTUALES"




Toda mi vida he guardado cierta bronca a los personajes que se autodenominan “intelectuales”, que también se aplican el remoquete de “progresistas” y presumen ser los paladines de la humanidad, los mejores, los especiales, a quienes el resto debemos escuchar y seguir con devoción. Con frecuencia leemos sus comunicados en los medios; pero si examinamos la lista, constatamos que son literatos, artistas, actores, profesores universitarios y estudiosos de las ciencias sociales, entre otros. Casi nunca aparecen auténticos científicos en el grupo.

Son defensores de lo políticamente correcto o de los postulados de la izquierda, como también admiradores de líderes políticos ignorantes como el chofer de bus venezolano, Evo-que-no-lee o el genocida dictador de Nicaragua.  Aunque se llaman “progresistas” todos ellos odian el progreso.  Desprecian la sociedad burguesa y el dinero, pero casi todos disfrutan de enormes ingresos.

Aunque se llaman intelectuales, desprecian los logros de la ciencia y viven convencidos de que su ideología resolverá los problemas de la humanidad a pesar de que en ningún país ha dado resultados positivos importantes y, por el contrario, solo ha generado hambrunas, injusticia y fracasos.  Tienen una inclinación especial a cuanta teoría de la conspiración se les ocurre y son los maestros del resentimiento y de la mala fe. No tienen ninguna moral a la hora de imponer sus convicciones.

Otro calificativo que los identifica es el de “alternativos” como si llevar la contraria a todos los logros humanos fuera su bandera. Son los obsesivos de la contracultura. Prefieren la acupuntura y la fitoterapia a la medicina convencional; les repugna el tratamiento penitenciario que la sociedad da a los criminales y, más bien, proponen un derecho penal alternativo, con penas irrisorias como los aplicadas por Santos a los crímenes de lesa humanidad de las FARC.  Claro que todo eso es de dientes para afuera porque cundo sienten el dolor opresivo precordial corren a pagar la mejor clínica de la ciudad y, cuando se ven involucrados en procesos penales, exageran el debido proceso que no reconocen a sus adversarios.  

Todos ellos han sabido aprovechar las oportunidades que ofrece nuestra maltrecha democracia y han convertido su actividad en un lucrativo negocio. Revistas, periódicos, canales de televisión, noticieros, fundaciones humanitarias, organizaciones no gubernamentales han sido una excelente oportunidad para enriquecer a estos negociantes de la fatalidad y el resentimiento. En un país con tantas falencias e injusticias, con la tradición religiosa que todo lo espera de la Divina Providencia o de los subsidios del Estado, hacer contracultura vende.

Como es muy fácil identificar los especímenes locales del resentimiento, señalaré los pensadores extranjeros que han inspirado a nuestros intelectuales de la revolución: Carlos Marx, Mao Zedong, Marcuse, Foucault, Nietzsche, Sartre, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Piketty, Stiglitz y todos los profetas de los desastres ecológicos, entre otros.  Algunos de ellos son conocidos como los maestros de la sospecha, calificativo perfectamente aplicable a nuestro “intelectuales” colombianos.

miércoles, 15 de agosto de 2018

RAZONES PARA NO VOTAR LA CONSULTA




Resumo los motivos para no votar la Consulta Anticorrupción según prestantes personajes de la vida nacional.

1.     Es electorera. Como en las pasadas elecciones para presidente, la Alianza Verde intenta ganar el voto del resentimiento en la campaña de Claudia López a la alcaldía de Bogotá y apela a la rabia de personas mal informadas sobre el problema.

2.     La Consulta obedece al “fetichismo” de la norma. Así como un fetiche es un objeto al que se le atribuyen poderes espirituales, la Consulta propone resolver la corrupción con normas que ya existen y han fracasado aquí y en muchos otros países.

3.     Hay propuestas mejores. Tal es el caso de la propuesta de la Fiscalía y el proyecto del Gobierno que ya se presentó en el Congreso y que toma lo rescatable de la Consulta con criterios más técnicos, sensatos y académicos.

4.     Contiene al menos dos “micos”. Se llaman “micos” aquellas cláusulas incluidas en una norma sin ninguna relación con el objeto del proyecto. Este es el caso de las preguntas que buscan disminuir los salarios altos del Estado y la que restringe a tres los períodos de un congresista.

5.     Crea falsas expectativas. Y eso convierte la Consulta en un fraude. Quien ignora los verdaderos determinantes de la corrupción, discutidos por la academia, cree que los Verdes tienen la solución que faltaba y votarán por ellos en próximas elecciones.

6.     No es seria. “En su irreflexiva obsesión por imponer su sueño, Claudia López y su compañera desoyeron los reparos de varios expertos”, escribió Germán Manga en revista Semana.

7.     Es costosa. La Consulta vale más de $310.000 millones que se perderán por la testarudez y megalomanía de sus impulsoras.

8.     Las preguntas 3 y 4 están mal redactadas, son ambiguas y se prestan para variadas interpretaciones que ponen en peligro nuestra economía y nuestras instituciones.

9.     No superará el umbral. Si usted vota la Consulta facilitará que ese “engañabobos” –como la llamó Mauricio Vargas— alcance el umbral de más de doce millones de votos establecido en nuestro ordenamiento jurídico. El uribismo le quitó el apoyo a la consulta.

10. Una verdadera campaña anticorrupción debe partir de la base de que el problema es estructural y de que los principales determinantes no dependen de plebiscitos o leyes engañosas.  “Estructural” significa que todos los colombianos estamos involucrados.

La corrupción política se da, ente otros motivos, porque el Estado es el principal empleador en estos países subdesarrollados, razón por la cual muchos ciudadanos pobres no tienen otra oportunidad de conseguir el sustento si no se entregan como clientela a los líderes políticos de su barrio.  Por tanto, la mejor y efectiva forma de enfrentar la corrupción es disminuir el tamaño del Estado y estimular la empresa privada. Pero los mamertos Verdes o del Polo, en el poder, hacen lo contrario.

domingo, 12 de agosto de 2018

Iván Tabares Marín: LA EDUCACIÓN SEXUAL ES IMPOSIBLE

El narcisismo de las minoríasIván Tabares Marín: LA EDUCACIÓN SEXUAL ES IMPOSIBLE: Se conoce como el “narcisismo de las minorías” esa tendencia derrochada por estos grupos a creerse mejores que el resto de los ciudadanos...

sábado, 11 de agosto de 2018

UN GODO VERGONZANTE



En una conversación informal con tres chicas jóvenes quedé sorprendido porque dos de ellas desconocían que la expresión “godo” era usada de manera despectiva por los liberales para referirse a los miembros del Partido Conservador, y que estos llamaban a aquellos “cachiporros”.  Por otro lado, se llamaban “ricos vergonzantes” a quienes perdían su fortuna o quebraban, pero se sentían humillados si recurrían a la caridad pública.

En este contexto, “godo vergonzante” es aquel que se siente deshonrado si es catalogado como tal y asume una posición liberal o marxista. Desde mediados del siglo pasado, cuando la izquierda tomó posesión de las universidades públicas y ser comunista era lo caché, lo in o lo culto, cualquier pendejo que leía el librito rojo de Mao o el Qué hacer de Lenin se apuntaba en la nueva onda.  Hasta los liberales sintieron vergüenza de llamarse así, a secas, y se agregaron el remoquete “de izquierda”.

El profesor Mauricio García Villegas se revela en su libro El orden de la libertad como un caso típico de godo vergonzante. Creció en una familia católica, antioqueña, tradicionalista, pero con motivo de la muerte trágica de su padre escribe el libro para demostrarse a sí mismo que es de izquierda, aunque su texto es redactado en “modo mamerto” con el mismo esquema mental o las categorías de cualquier conservador. Tal vez, nadie es tan reaccionario y conservador como un comunista. Su ideología es una versión laica o inmanente del cristianismo.

El libro empieza muy bien rindiendo un homenaje al padre muerto, al portador y símbolo de la ley, para tratar de buscar, como abogado que es García Villegas, los motivos que llevan a los colombianos a desconocer las normas sociales y jurídicas.  Además, hace una interesante recopilación de datos históricos sobre nuestros orígenes españoles e indígenas para escudriñar por allí la genealogía de nuestro incumplimiento.

Sin duda, lo más significativo del libro es la clave que nos da no solo para analizar el texto mismo, sino también la mayor parte de la ideología de izquierda, tan frecuente en nuestros columnistas de todo el país como en las tribunas políticas. Me refiero al “sesgo de confirmación”, definido como “la tendencia que tenemos a defender la información que apoya nuestras creencias”. Todo el libro utiliza ese sesgo.

Sus fuentes son filósofos, poetas, literatos y las enseñanzas de papá o los abuelos; pero no hay referencias al foro de Sao Paulo o a Antonio Gramsci. Es el juego de las palabras, la acomodación simplista y apresurada de las causas; es la teoría basada en las anécdotas, donde gozan de igual jerarquía una frase de Platón y lo que me dijo una amiga francesa. Es un libro para ratificar la ideología del autor, a veces conservadora y otras, contestataria. Es la voz de un godo vergonzante que piensa como el exprocurador Ordoñez y se cree el Che Guevara.

viernes, 27 de julio de 2018

El 48




Cuando en nuestra patria se empezaban a definir los partidos liberal y conservador, y España sufría los efectos de una guerra civil entre los Carlistas o seguidores de Carlos y la mediocre niña-reina Isabel II, el resto de Europa debía escoger entre una salida violenta o revolucionaria y un cambio gradual de las instituciones.

Con la derrota de Napoleón, en 1815 los regímenes monárquicos se restablecieron, se organizaron bajo la dirección del conde Klemens von Metternich, líder del imperio Austria Hungría, regentado por los Habsburgo. Príncipes, reyes y emperadores no estaban dispuestos a permitir otro alzamiento como la Revolución Francesa de 1789 para lo cual organizaron diversas formas de represión y alianzas.

Buena parte del sur de la Alemania actual era dominada por la misma casa de Austria, en tanto que otras familias nobles controlaban Prusia; en Rusia, los Romanov maltrataban al pueblo; el imperio Otomano, musulmán, con sede en Estambul, controlaba Grecia, los Balcanes y parte de Europa Oriental.  Italia estaba también repartida entre Austria, los borbones y la Iglesia Católica con algunas regiones independientes, entre ellas Piamonte Cerdeña, la más rica, al noroeste.

Con los primeros intentos revolucionarios de 1848 contra Austria, Metternich renunció mientras en Francia llegaba al trono Napoleón III. Las injusticias, los abusos de las monarquías, la crisis económica, el nacionalismo, el intento de unificar a Italia y otros pueblos, la influencia de los principios de la Revolución Francesa, el romanticismo, el socialismo naciente y hasta el anarquismo motivaron la aparición de muchos movimientos liberales, nacionalistas y libertarios.

Inglaterra, que había empezado la democracia en 1688 con la monarquía constitucional de Guillermo de Orange, más los logros de los Estados Unidos de Norteamérica con su democracia joven, inspiraron a los europeos en la búsqueda de cambios sociales graduales, precisamente ese año de 1848 cuando Marx Y Engels lanzaban su Manifiesto Comunista en el que se consagraba la lucha de clases y la violencia como la mejor forma de lograr la justicia social.

Las monarquías se hicieron constitucionales, lo que obligaban al rey a respetar la Ley; el absolutismo real fue remplazado por el gobierno del primer ministro; se amplió progresivamente el derecho al voto, se suprimieron las viejas instituciones, y la democracia se afianzó lentamente en toda Europa; el poder se distribuyó entre el gobierno, los parlamentos o asambleas y los jueces.  Los jóvenes luchaban por la libertad, no para imponer una dictadura como hoy.

Los líderes del cambio surgieron de todas las clases sociales, algo que el mismo Marx no captó cuando en 1849 participó en las manifestaciones populares de París y otras ciudades. Garibaldi, Mazzini, Cavour, Bismarck, Disraeli, Napoleón III y muchos otros iniciaron el cambio democrático que se consolidó en el siglo XX.

En 1881 Colombia se adelantó a la mayoría de los estados europeos y consagró su Constitución democrática.  Sin embargo, algo no funcionó bien aquí.

miércoles, 25 de julio de 2018

EL SENTIDO



Cuando tratamos de explicarnos el sentido de la vida o el significado de los acontecimientos que nos afectan, para bien o para mal, recurrimos a la religión o a un texto escrito, la Biblia, y quedamos satisfechos de haber llegado a la verdad, de haber entendido lo que somos y de comprender el futuro que nos espera.  En otras palabras, he aceptado que en el principio está el sentido y que tras esas escrituras hay un Otro, Dios, una Presencia, que garantiza la autenticidad del escrito. En el centro está el logos o el sentido o la clave de lo que soy y de lo que me pasa. La teología es logocentrista.

Para una mentalidad científica el análisis es distinto.  La verdad --siempre relativa o incompleta--, la explicación y el significado de los hechos están en el futuro.  Y no existe una consciencia o un sujeto que pueda garantizar el sentido, ya que la ciencia borra el sujeto o es objetiva. Al contrario de la teología, el discurso  de la ciencia no se fundamenta en el principio de la historia y no postula una presencia o una consciencia o una autoridad personal como garante de la verdad o validez de sus teorías; tampoco es logocentrista porque no tiene una sola fuente de verdad o no pretende dar una explicación absoluta del todo.

Vuelvo a la cuestión religiosa. Los textos sagrados no fueron escritos por una persona que ya conocía la explicación de todo para darle sentido a la vida de los seres humanos; tampoco son los dictados de un Otro Divino. Fueron escritos por personas, como usted o como yo, con la intención de logra un efecto particular, oculto y no dicho por los sacerdotes o rabinos. Se trataba, en el caso de los judíos, de darle o inventarle un sentido o una razón a  los sufrimientos, derrotas y esclavitudes de un pueblo.  Para ello introdujeron  un dios que había hablado en el principio.

En el caso del cristianismo, surgido en la crisis de los súbditos del imperio romano, se buscaba una respuesta para ellos; para que sus sufrimientos y desgracias lograran un sentido, también imaginado, pero efectivo en ese momento. El sentido, el Logos, la razón de todo era una presencia   real, Jesucristo, como garante nuevo y sustituto del Dios ausente del Antiguo Testamento.  Al convertir el mensaje en un escrito de cuatro versiones se daba a las generaciones futuras la “certeza”  de la Presencia de Cristo y se restablecía el principio como verdad.


El mundo postmoderno o de hoy no cree que el sentido de la vida y de la historia está en el principio; más aun, no hay sentido. No existe un referente o realidad última que nos sirva de consuelo o nos dé seguridad. No tenemos un GPS último. No hay una presencia o un sujeto real  a cuyo mensaje nos podamos acoger...

viernes, 20 de julio de 2018

LOS ASESINATOS DE LÍDERES SOCIALES




Las explicaciones fáciles e irresponsables de los fenómenos sociales siguen a la orden del día, tal como lo denuncié en la columna sobre la falta de criterios científicos entre los colombianos y no solo en las redes sociales. Cada cual, de acuerdo con su ideología o su ignorancia, se apresura a dar la sentencia última sobre la masacre infame que afecta a centenares de ciudadanos que de una u otra forma intentan abrirles caminos a la paz y a la democracia en zonas controladas por la barbarie.

Eso nos lleva a pensar que uno de los determinantes de los asesinatos de líderes sociales es la ingenuidad de quienes creen que la paz ya está aquí, y que no traerá ninguna consecuencia para los líderes la lucha por los derechos de los desplazados y el medio ambiente o contra la minería ilegal y los cultivos de coca.  Hay en esta masacre muchas otras hipótesis que cada cual aprovecha, como pesca en río revuelto, para obtener sucios beneficios políticos o electoreros.

Otro aspecto interesante del problema, ya discutido por otros columnistas, son los efectos colaterales de las políticas del Gobierno que merecen la atención de la academia y de los historiadores para que todos entendamos mejor lo que sucede. Desde cuando el presidente Santos y su equipo, en el marco de las discusiones de La Habana, se apresuraron a aceptar la petición de organizaciones campesinas, en paro y controladas por criminales, de suspender la aspersión aérea de la coca, nos invadieron los cultivos con el consiguiente daño ecológico que apenas ahora se denuncia.

También, en nombre del “bien supremo de la Paz”, se prometieron muchos millones de pesos por cada cultivo de coca.  Se intensificó el daño ambiental, se incrementaron los ilícitos y desaparecieron las posibilidades de la paz en las zonas de influencia guerrillera. Con la mano izquierda Santos borraba lo bueno que había escrito con la derecha. El Estado premiaba el narcotráfico para darles gusto a las FARC.

La pregunta que surge es obvia: ¿hasta dónde los errores del Gobierno en su política de paz son determinantes del asesinato de lideres sociales?  Aunque la respuesta es difícil, la relación mayor o menor no tiene discusión. Quienes otorgaron el Nobel de Paz nunca pensaron que un mal acuerdo con las FARC establecería los fundamentos de una nueva cadena de muertes y violencia que esta vez no afecta a los “ricos” sino a los sectores deprimidos convencidos de que las buenas intenciones son escudo suficiente contra las balas.

No todos los miembros de las juntas de acción comunal o de las organizaciones defensoras de los derechos humanos son santos; en el pasado reciente se denunciaron milicianos y secuestradores que pertenecían a aquellas instituciones respetables. Además, a nuestros líderes comunales no los matan por motivos políticos, como era frecuente en el pasado; ahora, por atentar contra los intereses económicos de los delincuentes.