Hace unos treinta años, uno de esos
magos que leen el futuro en una bola de cristal pronosticó que por estos días
se acabaría la iglesia católica como consecuencia de las revelaciones de los
Rollos del mar Muerto. Aunque fue grande la discusión en torno a esos textos
descubiertos a mediados del siglo pasado, no tuvieron ninguna influencia
importante en los creyentes ni en la doctrina.
Cualquier persona podría pensar que
el error primordial cometido por el catolicismo fue el establecimiento del
celibato obligatorio del clero, determinante de la crisis actual y que pone en
peligro los cimientos mismos de la religión de Pablo. Otros, como el teólogo
Hans Küng, dirían que el error garrafal de Roma fue no haber aceptado la
Reforma luterana y no haber dialogado con los protestantes. Para otros eminentes
teólogos luteranos las cosas habrían marchado mejor si no se hubiesen fusionado
las sencillas y sublimes enseñanzas de Jesús con la filosofía griega o las
creencias paganas de los gnósticos.
¿Cuál fue el error fundamental del
cristianismo? Una respuesta particular la dio el filósofo y psicoanalista
nacido en Constantinopla Cornelius Castoriadis (1922–1997): el error básico de
los cristianos es creer que podemos amar a Dios. En íntima relación con este
planteamiento se encuentra en todos los monoteísmos (judaísmo, cristianismo e
islam) la crítica al antropomorfismo o a la consideración de Dios como persona. Desde el siglo VI antes de Cristo los
filósofos griegos se mofaban de esa forma de ver a los dioses: “si lo caballos
creyeran en los dioses, los pintarían como caballos”.
Tales discusiones llevaron a algunos
a optar por el panteísmo o por el escepticismo. Así sucedió entre los judíos
después de los siglos XII Y XIII cuando nació en el sur de Francia el
movimiento de la cábala. Con esta forma de interpretación se buscaba un sentido
oculto de las sagradas escrituras pues Yahvé no habla como los humanos. En el siglo XVII, también dentro del
judaísmo, el filósofo Baruch Spinoza se planteó el mismo asunto y concluyó que
Dios es todo, motivo por el cual fue expulsado de su religión por los rabinos.
Hasta el mismo Albert Einstein respaldaría esta visión panteísta de Dios en el
siglo XX como también lo harían otros científicos.
A finales del siglo XVIII, cuando en
Alemania se iniciaba una de las revoluciones culturales más trascendentales de
la humanidad, el romanticismo, también se discutió el problema de Dios como
persona, pero esta vez en un ambiente protestante. Mientras algunos poetas
veían a Dios en cada elemento de la creación, otros iniciaron el movimiento del
desencanto o del ateísmo que en algunos países europeos ya comparte el 80 por
ciento de la población.
Cada uno de nosotros puede proponer
el error fundamental del cristianismo. Lo mismo podemos hacer con otras
organizaciones. ¿Cuál fue el error fundamental del marxismo? En otra nota lo discutiré.
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