miércoles, 24 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS IV




En 1930 apareció en París un profesor ruso, Alexander Kojéve, dispuesto a enseñarles a los franceses los planteamientos filosóficos de un alemán activo por allá en el 1800, Federico Hegel. Entre sus discípulos se encontraban algunos de los futuros genios del pensamiento europeo de gran influencia en todo el mundo.

Un norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, quien había estudiado en París las ideas de Hegel y Kojéve, publicó en 1991 el texto El fin de la historia y el último hombre. Con el fracaso del marxismo, no quedaba otra alternativa para la humanidad que la democracia y liberal y el capitalismo como mejor forma de reconocimiento a todo ser humano.  Pues si algo caracteriza al ser humano, o su deseo fundamental, es ser reconocido o aceptado por los otros, y ningún otro sistema podría satisfacerlo. Como es obvio, la izquierda se opuso a semejante conclusión porque, para ella, el fin de la historia era otro, como también para las religiones monoteístas.

Cuando Fukuyama estudiaba en París, el movimiento filosófico que predominaba era el estructuralismo; entre sus principales impulsores estaban el marxista Louis Althusser, Michel Foucault, el psicoanalista Jaques Lacan, el etnólogo Claude Levi-Strauss y Roland Barthes, entre otros.

El estructuralismo es una aplicación de la lingüística y la semiología a la reflexión sobre el hombre dado que toda relación humana puede ser reducida a una relación de sentido. El lenguaje es la prisión del hombre; la razón está estructurada como un lenguaje; vivimos en una dimensión simbólica de la que no podemos escapar; el juego de significados y significantes nos determina y define.

Así como cada palabra o fonema (unidad básica del lenguaje) se determina por su relación o diferencias con los otros elementos del discurso, el individuo o cada ser humano se define por el lugar que ocupa en la estructura social, familiar, política y económica, o por las relaciones o diferencias con los otros elementos de la estructura. El sujeto humano como entidad autónoma o como esencia o como ser único e irrepetible no existe. Cada uno es parte de un engranaje o una pieza de un rompecabezas o una palabra en un párrafo. Y es solo eso.

Como siempre pasa, a cada movimiento filosófico el sigue otro que llega para destruirlo. En un texto, que el francés Michel Onfray escribió el año pasado y se tradujo al español en junio de este año, intenta ridiculizar al estructuralismo. “Este es el sentido del antihumanismo estructuralista: el hombre ha sido expulsado del mundo, que ya no está constituido sino por estructuras. Ya no hay obrero explotado por su patrón, ya no hay mujer golpeada por su marido violento, ya no hay niños sometidos a la sexualidad de un pedófilo (…) solo hay relaciones invisibles, estructuras indefinibles (…) Lo real se ha disuelto. Al menos en los libros” (Decadencia, 2018, editorial Paidós)
“Nunca antes el nihilismo filosófico había llegado tan lejos” (ibidem)

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