jueves, 11 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS




En secundaria nos enseñaban que el problema que más inquietaba a los filósofos era el de la relación sujeto-objeto y de la forma como nuestra mente conocía la realidad. Por influencias religiosas y de la filosofía escolástica, se nos enseñaba que la verdad era la concordancia o proximidad que existía entre nuestra idea y la realidad o el objeto.  Esa perspectiva ingenua o elemental, precientífica todavía se mantiene en las discusiones que tenemos en las redes sociales.

Desde finales del siglo XVIII con pensadores como Emmanuel Kant y F. Hegel todo ese cuento cambió y se nos mostró con la mente no es como una cámara fotográfica que capta la realidad, sino que es activa o crea su propia realidad. En otras palabras, nuestra manera de conocer, las posibilidades de nuestros sentidos y nuestras categorías o estructuras cerebrales solo nos permitían llegar a la realidad de una manera muy limitada y acomodada.

Luego aparecieron los maestros de la sospecha, como Marx, Freud y Nietzsche, que mostraron que, además, nuestra visión del mundo y de nosotros mismos estaba supeditada a nuestras relaciones con la economía o materia, con los conflictos del inconsciente y las arbitrariedades del lenguaje. Estábamos tan equivocados, que el edificio creado por la humanidad hasta entonces empezó a derrumbarse, Dios fue declarado muerto y comenzamos el siglo XX sin saber qué camino tomar.

Los filósofos decidieron cuestionar el conocimiento científico y buscar una opción para que la filosofía siguiera existiendo al principio del siglo XX, en el momento en que la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica tomaban la delantera.  Un genio alemán, llamado Edmund Husserl, encontró la salida con lo que se llamó la fenomenología. Se trataba de volver a las cosas mismas, a todos los matices y aspectos que ellas tienen y que eran ignorados por los científicos, siempre dedicados a aspectos parciales de las mismas.

De manera simultánea, un enfoque lingüístico o semiológico empezó a predominar en las ciencias sociales y en la filosofía. Descubrimos que entre nuestras ideas y las cosas estaban las palabras; que el lenguaje es como una prisión en la que vivimos; que los filósofos jugaban con el lenguaje pero que la realidad misma nos era esquiva; que toda relación humana se reducía a una relación simbólica o de juegos del significante con el significado; que, en fin, no hay sujeto ni hay objeto: ambos eran creaciones de la mente.

Pero faltaba lo mejor y más loco. A finales del siglo XX algunos pensadores empezaron a cuestionar toda la filosofía o cultura de occidente. Llevábamos 25 siglos de equivocaciones. Tanto la filosofía desde los griegos como la religión desde los hebreos tenían un soporte falso y, lo que es peor, ese discurso o ese lenguaje ha generado guerras, abusos del poder, discriminaciones, el Holocausto, el nazismo, el marxismo… (Continuará)

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